HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Mayor peso del sector público en la economía

Ante ajuste de privados, endeudamiento neto en 2016 registró la menor suba de la década.

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MEF: prevé que el déficit fiscal suba y termina 2016 en 4,3% del PBI. Foto: Darwin Borrelli

Al publicarse los datos finales del año sobre el desempeño de la economía, el Banco Central también informa sobre el ingreso generado en ese ejercicio, su distribución entre consumo e inversión, tanto del sector público como del privado, el ahorro y el financiamiento del exceso del gasto.

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En el último año, el PIB se incrementó 1,5%, pero el gasto público total (consumo e inversión) lo hizo en un 3,4%, por lo que aumentó el peso del Estado en la economía. De hecho, es una tendencia que se viene dando desde hace una década y que impacta sobre el sector privado, que debe financiar un gasto creciente a través de mayores impuestos.

Pero no sólo importa la magnitud, sino también la calidad del gasto. En tal sentido, por tratarse de un gasto volcado fuertemente hacia bienes y servicios no transables, tiene una incidencia importante sobre el tipo de cambio real y la competitividad global de la economía.

El PIB puede mirarse como la producción de los bienes y servicios finales de una economía en un período dado. Otra forma de verlo es como el valor agregado generado en ese período, es decir la suma de las retribuciones de los distintos factores productivos que intervinieron en el proceso productivo. Son dos dimensiones distintas de un mismo concepto.

En la presente nota analizaremos la evolución del ingreso y cómo se fue distribuyendo a lo largo del tiempo. Lo analizaremos no en términos reales, sino en valores corrientes. Para facilitar la comprensión, expresaremos esos valores en términos del PIB nominal de cada año.

En una economía cerrada, el ingreso es igual al valor agregado, que a su vez es igual al PIB. Pero cuando la economía interrelaciona con el resto del mundo y permite la movilidad de capitales y otros factores productivos, el ingreso disponible comienza a distanciarse del producto.

El valor agregado mide las retribuciones generadas en el país, pero no discrimina por la nacionalidad de esos perceptores. Algunos de estos pueden ser extranjeros. Si así fuese, tarde o temprano querrán enviar a su país de origen parte o el total de esos ingresos. Un caso concreto es una sucursal de una empresa extranjera, que remite utilidades a la casa matriz.

Podría ser a la inversa, una empresa uruguaya que obtuvo utilidades en el exterior y las repatria.

Otro ejemplo bien concreto que nos afecta a los uruguayos es el pago de intereses por concepto de deuda externa, sea pública o privada.

También está el caso de ciudadanos que residen en el exterior y giran a sus familiares parte del ingreso generado, y también las donaciones.

Todos los flujos anteriores se dan permanente en la interrelación entre los residentes de una economía y el resto del mundo. En algunos casos, se trata de un ingreso neto que determina que el ingreso disponible de los ciudadanos de esa economía supere al valor agregado generado. En otros casos es una salida neta, y por consiguiente el ingreso disponible es inferior. Este es el caso de Uruguay. En 2016 el ingreso disponible equivalió al 97,8% del PIB, superior al registrado el año anterior, que coincidió a su vez con el promedio del período 2005-16, que se ubicó en el 97,4%.

Para dar una idea de magnitud, el PIB en 2016 ascendió a US$ 52.419 millones mientras que el ingreso disponible totalizó US$ 51.252 millones.

Ese ingreso disponible es el que financia el gasto. En el gráfico de la parte superior del cuadro que ilustra esta nota se muestra la evolución del gasto público en términos del PIB. Se ve claramente que su tendencia es creciente a lo largo del tiempo.

En el gráfico siguiente, que aparece en el medio del cuadro, se ilustra la evolución del gasto agregado privado. En este caso la evolución es distinta. El comportamiento es más volátil con una tendencia a la baja.

En particular, en los últimos años se observa una contracción relativa del gasto agregado del sector privado, mientras que suben los distintos componentes del gasto público. El ajuste privado se explica fundamentalmente por la adecuación de los agentes a un contexto menos dinámico y más incierto. El sector público no reaccionó ante el nuevo escenario de la economía internacional.

Dadas las distintas magnitudes relativas, la demanda privada es aproximadamente cuatro veces la pública, en términos absolutos el ajuste privado fue mayor al incremento del gasto público.

El gráfico que aparece abajo a la izquierda muestra el exceso de la demanda agregada interna sobre el ingreso disponible en términos del PIB. Se ve allí que desde 2005 a la fecha el gasto interno superó al ingreso. La economía debió financiar esa diferencia con endeudamiento.

Entre el exceso de gasto y el endeudamiento pueden aparecen algunas diferencias pequeñas en algunos años que responden a períodos en que la economía recibió desde el exterior alguna transferencia de capital que disminuyó el endeudamiento necesario para financiar el exceso de gasto.

Se ve allí que el incremento del endeudamiento global, tras alcanzar un pico del 6% del PIB en el año 2012, se redujo al 1% en el último año. Las menores necesidades de financiamiento se explican por el ajuste privado, ya que el déficit del sector público creció en ese período.

Es interesante analizar cómo se procesó el ajuste privado, descomponiendo su demanda agregada. El gasto en consumo final prácticamente no varió en términos del PIB, ubicándose en el entorno al 67% desde el 2009 al 2015. De todas formas, en el último año mostró una caída que lo llevó al 66%.

El gran peso del ajuste recayó sobre la inversión, que tras alcanzar un pico equivalente al 19% del PIB en el año 2012, cayó al 14% en 2016, tal cual se ilustra en el gráfico que aparece abajo a la derecha.

Es oportuno realizar algunas apreciaciones sobre la evolución de la inversión privada. En primer lugar, los picos que aparecen hacia el año 2008 y 2012 corresponden al punto máximo de la construcción de las dos plantas de celulosa. Posteriormente la inversión disminuyó.

En el caso más reciente, la caída fue más gradual, pero también más profunda. Incide en este caso el cambio que comenzó a procesarse en la economía mundial hacia 2013-2014, cuando el súper ciclo de las materias primas llegó a su fin y ante la espera de subas en la tasa de interés internacional, el dólar comenzó a apreciarse.

En ese contexto de incertidumbre, se contrajo la inversión en Uruguay, más allá de los proyectos de energía renovable, estimulados por beneficios tributarios.

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