Roberto Cachanosky

Sin mucho margen para la heterodoxia

Pasados casi dos meses desde que Macri asumió como presidente de la Nación, podría decirse que se observa mucha firmeza y celeridad en el campo de la política adoptando medidas categóricas y mensajes muy claros, en tanto que en el campo económico hay más lentitud.

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Griesa falló en 2012 contra Argentina y le ordenó pagar US$ 1.600: en efectivo. Foto: Reuters

En lo político podemos señalar como datos de firmeza el despido de ñoquis en el senado y en el Centro Cultural Kirchner, quitar a Martín Sabbatella de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) que se había convertido en un aguantadero del partido Nuevo Encuentro con financiamiento del contribuyente, terminar con el contrato de los periodistas del programa oficialista 678 y denunciar los abusos en los fondos que recibieron y los salarios que cobraban sus militantes.

Además, Macri tiene buen diálogo con la mayoría de los partidos políticos. Convocó a Massa para acompañarlo a Davos, incorpora gente del massismo a su gobierno. Mantiene una buena relación con Margarita Stolbizer, desclasificó la información del caso Nisman para poder avanzar en las investigaciones e intenta una relación con los países democráticos y civilizados alejándose de los países dominados por el populismo autoritario al que era adicta Cristina Fernández.

Dado que Macri no tiene mayoría en ninguna de las dos Cámaras, creo que se está conformando una especie de gobierno de coalición entre el PRO, el massismo, Carrió y el radicalismo. Si bien el costo político de las decisiones sigue recayendo sobre Macri, los otros partidos van incorporando gente en puestos gubernamentales.

Prat Gay y Lousteau son aliados de Carrió y vienen del progresismo. El primero fue nombrado ministro de Hacienda y el segundo embajador en EE.UU. Delgado y Adrián Pérez vienen del massismo, peronismo disidente, y ya trabajan en el ministerio del interior. El vicepresidente del BCRA fue compañero de fórmula de Ernesto Sanz y el listado sigue.

Lo cierto es que desde el punto de vista económico, es bastante complicado definir ideológicamente al gobierno.

En Hacienda tiene a un progresista como es Prat Gay y el segundo de él es Pedro Lacoste que viene del desarrollismo, al igual que Frigerio en el ministerio del Interior. Macri dijo que su gobierno es desarrollista, pero habría que ver si es el mismo desarrollismo de Frondizi y Frigerio de los años 1958-1962.

En aquellos años el desarrollismo buscó tener disciplina fiscal, baja tasa de inflación y crear confianza para atraer capitales que invirtieran en el sector industrial bajo un manto de proteccionismo. Eran los años en que se insistía con el deterioro de los términos del intercambio, teoría que sostenía que para comprar un tractor cada vez había que entregar más toneladas de trigo. El desarrollismo apuntaba a, bajo el proteccionismo, desarrollar el sector industrial en detrimento del sector agropecuario.

El siglo XXI es bastante diferente al de mediados del XX. En primer lugar porque los términos del intercambio en el mundo han estado jugando a favor de las materias primas. Una notebook cuesta siempre lo mismo pero cada vez tiene mejores procesadores, más memoria, etc. Yo diría que cada vez hay que entregar menos soja para comprar una notebook de mayor potencia.

En segundo lugar, hoy la industria manufacturera no crea tantos puestos de trabajo directos porque se automatizó. Al igual que el sector agropecuario, la industria es capital intensiva. En los países desarrollados es el sector servicios es el que crea la mayor cantidad de puestos de trabajo y el 66% del PIB. Apuntar en pleno siglo XXI al desarrollismo de mediados del siglo XX con desarrollo industrial basado en el proteccionismo no luce muy actualizado.

Tampoco el gobierno de Macri está interesado en privatizar.

Pero a diferencia del desarrollismo de Frondizi y Frigerio, en esta oportunidad el gobierno no parece estar muy preocupado por solucionar rápidamente el problema fiscal.

La fórmula económica a la que parece apuntar Macri es a generar confianza para atraer inversiones. Todo parece indicar que considera que atrayendo inversiones el resto de las variables económicas se acomodan solas. Por ejemplo, el mayor nivel de actividad derivado de las inversiones generaría más recaudación impositiva que ayudaría a cerrar las cuentas fiscales. Mientras tanto, el déficit fiscal se financiaría con deuda interna o externa. El gran interrogante es ver si con este desequilibrio fiscal y esta carga tributaria aparecen inversiones.

Queda por averiguar si esta necesidad que tiene Macri de armar un gobierno de coalición le permitirá llevar a cabo un plan económico consistente. Sabemos que no hará las barbaridades que hizo el kirchnerismo, pero no sabemos si la heterodoxia que parece estar aplicando no termina siendo tan heterodoxa que deje sin resolver los problemas de fondo. Además, uno puede entender las limitaciones políticas fruto del resultado electoral pero, guste o no, la economía tiene sus propias leyes. Se podrán dar mil explicaciones de carácter político para entender esta mezcla de progresismo y heterodoxia que viene aplicando el gobierno. Todas explicaciones perfectamente atendibles, pero no pasarán de ser explicaciones porque las leyes económicas poco atienden a las explicaciones y justificaciones de carácter político.

Las leyes económicas siguen su curso en forma inexorable, y en situaciones tan críticas como la heredada del kirchnerismo, la experiencia demuestra que no hay demasiado margen para experimentos heterodoxos.

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