EL ROJO FISCAL ES UN GRAN PROBLEMA, PERO HAY QUIENES PIENSAN QUE SE PUEDE VIVIR CON UN DÉFICIT DEL 8%

Macri financió la herencia K pero no pudo bajar el gasto

Mientras el gobierno de Mauricio Macri "hace lo que prometió en la campaña", según interpreta Ricardo López Murphy, la lista de pendientes en Argentina sigue siendo muy extensa.

Ricardo López Murphy. Foto: Marcelo Bonjour
Ricardo López Murphy. Foto: Marcelo Bonjour

El economista y ex candidato presidencial sostiene que el actual gobierno tiene un plan de reformas muy modesto, lejos de lo que a su juicio necesita el país. Sin embargo, debido a lo que califica como "decadencia patológica" heredada, la sociedad es indulgente con la actual administración. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿En qué condiciones llega Argentina a las elecciones legislativas del próximo domingo?

—Con la economía creciendo, relativamente fuerte en el segundo semestre —por encima de 4%— lo que llevará a que en el año crezca entre 2,8% y 3%. También el empleo está repuntando, sobre todo en la industria de la construcción, debido a un fuerte empuje de la demanda interna pero con un gran desequilibrio externo. Inversión y consumo crecen, pero caen las exportaciones, donde está el núcleo del problema hacia adelante.

La inflación ha bajado, pero permanece muy alta, con una tasa anual de un 22%. Me parece obvio a esta altura decir que no se va a poder cumplir con la meta del gobierno de entre 12% y 18%. Y me da la sensación de que tampoco se podrá cumplir la meta del año que viene. El crecimiento de la demanda interna también juega en contra de la baja de los precios.

—Esa es la foto actual...

—Exacto. En la película, el problema mayor es el desequilibrio fiscal muy grande. Mucho más significativo que el uruguayo —en el entorno del 8%—. Debido a ese déficit se aprecia el tipo de cambio, se debilita la inversión —que crece pero muy lento— y también debilita la creación de empleo. No entiendo cómo hay gente que parece no preocuparse por niveles de déficit tan altos.

—El gobierno no ha reducido el gasto público...

—Para nada. Lo que hizo el gobierno específicamente es financiar el déficit. Recibió una herencia desquiciada, un monto de gasto público como no hubo en ningún lugar del mundo. Pasó de una cifra aproximada de 28% a 47% del producto en los períodos anteriores de gobierno. Y aunque la tributación subió a niveles extraordinarios, no logró financiar ese enorme crecimiento del gasto, que genera una ventaja competitiva muy grande a Argentina. Es una inmensa mochila sobre el aparato productivo del país, que el gobierno actual no ha modificado. A eso se le suma que las exportaciones se redujeron de 85 mil millones de dólares a 55 mil millones debido al shock de la caída de precios de los commodities.

—¿Pero eso se refleja en el nivel de vida de los argentinos?

—No. Porque nos hemos endeudado de una manera extraordinaria. La deuda crece muy fuerte. El gobierno se ha comprometido a una reducción sistemática de déficit primario, de 4 puntos del producto y llevarlo gradualmente a superávit para un horizonte que se ubica en 2023. La idea es que eso le permita financiar la deuda que se acumuló en la transición, para lidiar con la herencia y hacerlo de un modo que no implicara medidas drásticas iniciales.

Por otro lado, si tuviéramos el spread de la deuda uruguaya, los costos de la economía argentina bajarían prácticamente 1,5 puntos del PIB. Ese sobrecosto que pagamos es quizá una expresión de lo que cuesta la estrategia actual, después de la locura populista.

El spread de la deuda es el indicador que miro todos los días. Es el que nos dice la verdad sobre la viabilidad del esfuerzo que se está haciendo. Eso tiene que bajar.

—Después de las elecciones, ¿llegarán correcciones fuertes, por ejemplo en las tarifas?

—La mitad del problema de las tarifas se ha corregido. Quizás debería haberse hecho más rápido. Pero insisto en que venimos de una época terrible que desbalanceó al país.

La estrategia de llenar de subsidios a aquellas zonas donde está la base electoral de la ex presidente Cristina Fernández, el oeste y el sur del gran Buenos Aires. Creó un monstruo que generó grandes problemas, aún no resueltos.

Por otro lado, yo creo en lo que dice el gobierno de Macri, van a seguir adelante con su programa gradual que implica ir eliminando los subsidios de la energía, entre otros.

—¿Seguirá aplicándose una estrategia de medidas gradualistas?

—La gente cree que esa es una decisión política, pero yo entiendo que es técnica.

Se pudo seguir esa estrategia gradualista porque hubo financiamiento, algo que no existía en años anteriores. Ahora, cuando ese endeudamiento está disponible, se debe decidir si tomar esos riesgos o no. Yo por lo general soy hostil a endeudarse.

—¿Esperaba otra cosa del gobierno de Macri?

—No, porque si uno presta atención, lo que dicen ahora es lo mismo que en la campaña electoral: iban a seguir una estrategia moderada, tratar de hacer unas reformas consensuadas, eliminar algunas patologías como el cepo o prohibición de exportaciones, pero en el resto el programa de reformas era muy modesto. Poco ambiciosa. Creo que partían de una evaluación de la opinión pública que mostraba una gran reticencia a reformas importantes.

Lo que Macri expresa es el reflejo de su coalición, que es muy amplia, con una base que también es proclive a los cambios moderados.

Si le va bien en las elecciones eso le dará más gobernabilidad, sin dudas. y eso consolidaría su gobierno y acentuaría su estrategia.

—¿Y cuál es su opinión de lo que debería hacerse?

—El país necesita una enorme reforma. Hay un fracaso ostensible del país comparado con sus vecinos.

La política del statu quo, de conservar lo que está, a mi no me gusta.

Tenemos muy malos resultados educativos, tenemos un 65% de empleo informal o estatal, hace nueve años que no crece el PIB per -cápita. No estamos en condiciones de insertarnos en la modernidad.

Yo no creo que una política de baja modificación de la realidad funcione. Necesitamos mucha apertura al mundo, flexibilidad y adaptabilidad a los cambios, un vigoroso énfasis en la inversión, las exportaciones y el empleo. Ese no es el clima que predomina.

—Las reformas pendientes implican un gran esfuerzo. ¿Hay condiciones para llevarlas adelante

—Tiene que haber un convencimiento de que ese es el camino. En el área laboral, dos de cada tres empleados , o son informales o son estatales. No hay sociedad que pueda tener 8 millones de personas trabajando para mantener 22 millones que no trabajan.

Eso se tiene que ir modificando, enfatizando el empleo productivo y desestimulando el empleo estatal y trabajando para reducir la informalidad. Eso va a requerir que se baje la carga tributaria para el empleo formal. Se cobra una carga enorme de impuestos en lo laboral.

La reforma no es para los que están trabajando, que tienen derechos adquiridos. La reforma debe ser para los nuevos, para las pymes, que son las que pueden crear empleo. Sería muy sano estimular la inversión para estas empresas de forma que puedan requerir más mano de obra. Allí está la clave.

—También se ha planteado la necesidad de cambios a nivel tributario...

—Eso es muy difícil de corregir en medio de un descalabro fiscal. Debe hacerse una reforma que no fomente la informalidad, que no fomente la contaminación ambiental —el mundo se mueve en ese sentido, así como en medidas que incentiven la alimentación saludable— yendo a impuestos que vayan a las familias y no a las empresas. Si el país quiere tener un Estado grande, que las familias lo paguen. Cuando le digo esto a los políticos me dicen que "ni locos" proponen una reforma así...

—Habló de crisis y decadencia, eso está lejos de las promesas de rápida prosperidad que se hacen en política...

—Las personas de mi edad lo saben. Es un dato objetivo. Cincuenta años atrás uno viajaba a los otros países de la región y había una gran diferencia entre el nivel de vida de Argentina y sus vecinos. Hoy ya no es así.

Y en los gobiernos kirchneristas esa realidad se incrementó patológicamente. Es tal la decadencia, que eso lleva a que haya una gran indulgencia hacia el actual gobierno. Nadie sabía bien cómo salir de una experiencia tan loca y disparatada.

Uruguay recibirá más cordialidad y turistas, pero no más inversión.

—¿Cómo avizora el futuro de las relaciones entre Uruguay y Argentina?

—Yo no creo que el gobierno argentino cambie en sus estrategias y es claro que tiene un propósito de mejorar la relación en un grado de cordialidad y trato amistoso con Uruguay. Es una visión estratégica de Macri, y no solo con Uruguay.

Allí ha habido un gran cambio en Argentina. Ver a los vecinos como socios, con la intención de consolidar esta zona del mundo como un área de expectativas favorables. Obviamente, eso implica que las playas uruguayas seguirán siendo un gran atractivo para los argentinos.

—Sobre todo con la relación de precios que existe hoy...

—Si, eso importa mucho y es verdad que hoy favorece y que los argentinos pueden tener una mejor posibilidad económica de gastar en recreación, pero piénselo más en términos estratégicos. Macri nunca avalaría una barbaridad como la de cortar los puentes. Se pueden plantear los problemas de una manera totalmente distinta. El clima es otro.

—Otro factor importante es la inversión de sus compatriotas en Uruguay...

—En ese aspecto sería más cuidadoso. En algún momento los argentinos van a apreciar que su tasa potencial de crecimiento es baja. Porque invierten poco. Y parte de esa capacidad de derramar a los países vecinos parte de una visión optimista sobre su futuro. Cuando se hagan las cuentas se van a ver los límites.

PERFIL.

Ricardo López Murphy.

Es licenciado en Economía de la Universidad Nacional de La Plata, con Máster en Economía de la Universidad de Chicago. Fue ministro de Defensa, de Economía y de Infraestructura y Vivienda. Dos veces candidato a presidente argentino.

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