LUCILA ARBOLEYA

Licencia maternal y violencia

Valentina, 9 años, Rivera. Felipe, 10 años, Maldonado. Brissa, 12 años, Montevideo. Tres niños. Tres casos de violencia, abuso y muerte.

La mayoría (52%) de las víctimas de abuso sexual, atendidas por las ONG, tenía entre 6 y 12 años de edad.
Foto: Shutterstock

Y estos son sólo algunos. Ciento cuatro denuncias por violencia doméstica por día (en los primeros 10 meses del año). Casi tres cuartos hechas por mujeres, el resto hombres.

Hay más de 20 mujeres muertas por violencia doméstica en lo que va del año. En la mayoría de estos casos, además, el agresor era su pareja, o familiar cercano, siguiendo la tendencia mundial. Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja masculina.

Según un informe de Unicef, el 55% de los niños de entre 2 y 14 años en Uruguay han sido sujetos a un método violento de disciplina. Además, 2,8% de los niños de dicha franja etaria recibieron un castigo físico severo (3,3% en el caso de los varones, 2,3% en el caso de las niñas). Dicho informe también muestra que los varones son quienes, en términos relativos, sufren mayor maltrato emocional, maltrato físico, y negligencia. Las niñas son quienes, en términos relativos, son mayores víctimas de abuso sexual.

Evidentemente estamos haciendo algo mal. Muy mal. Somos violentos con los niños, y formamos personas violentas.

Mientras tanto, la evidencia académica reciente es clara en lo siguiente: los primeros años de vida de los niños son clave para definir su futuro. No sólo en lo cognitivo, sino también en los aspectos socio-emocionales, y cómo se relacionan en sociedad, donde evidentemente estamos haciendo las cosas mal.

Los estudios son consistentes en que hay que invertir en el desarrollo de la primera infancia. Por ejemplo, un estudio de James Heckman (ganador del premio Nobel de Economía) y otros, en Jamaica, mostró que invertir en desarrollo infantil temprano en niños aumentaba los ingresos futuros de dichos niños en un 25%. Otros estudios también muestran que invertir en los primeros años también aumenta las probabilidades de permanecer en el sistema educativo, y tener un trabajo calificado.

En palabras de Heckman: "La mayor tasa de retorno en el desarrollo de la primera infancia proviene de invertir lo más temprano posible, desde el nacimiento hasta los cinco años, en familias desfavorecidas. Comenzar a la edad de tres o cuatro años es muy poco y demasiado tarde, ya que ello no reconoce que las habilidades generan habilidades de una manera complementaria y dinámica". Clarito: invertir en los primeros años de vida, y cuanto antes mejor.

Puesto así, ¿no parece una locura entonces, que cuando una pareja tiene un hijo su mamá tenga sólo 14 semanas para dedicarle a tiempo completo, y su papá 10 días? La academia dice que el desarrollo infantil temprano es uno —sino el más importante— de los factores para determinar las habilidades cognitivas, la motivación, la disciplina y el relacionamiento social, pero aún así, no nos parece una locura que el Estado —y la sociedad— no apoye que los padres estén más tiempo con sus hijos en estos años fundamentales. Además, mantenemos un sistema de licencia donde (1) en cualquiera de los casos es corto (para ambos, pero en particular para el padre), (2) por un lado discrimina a la mujer y contribuye a incrementar la brecha salarial respecto al hombre, y (3) por otro lado discrimina al hombre, quien tiene un séptimo de los días que tiene su pareja para cuidar de su hijo/a.

Recapitulando: (i) somos violentos con y frente a los niños, contribuyendo además a crear adultos violentos, (ii) invertir en el desarrollo infantil es clave para el futuro (a nivel individual y social), pero (iii) no tenemos ningún problema con que las mujeres tienen poco más de 3 meses para cuidad a su bebé (en dicha etapa clave), y los hombres apenas 10 días.

Otorgar más licencia paternal (y maternal) tiene un costo. Pero, como también ha estudiado Heckman, el costo social para la sociedad, de niños (y eventualmente adultos) con déficit cognitivos y baja productividad, genera un mayor costo para la sociedad que la inversión que se requiere.

¿No vale la pena entonces revisar estas políticas? Políticas donde el tiempo para los padres con sus hijos sea más largo, donde tanto la madre como el padre puedan y deban tomar licencia —en partes iguales o similares— y donde no se penalice sino que se promueva tomar licencia para cuidar a un hijo en sus primeros años.

Suecia, Noruega y Finlandia —renombrados países por sus indicadores educativos, de desarrollo, y baja brecha salarial entre hombres y mujeres— están entre los que otorgan mayor licencia por maternidad. En el caso de Suecia, la madre y el padre pueden compartir hasta 480 días, donde el padre debe tomarse al menos 90. Además, la madre puede tomarse como máximo 390 días.

El tema de la violencia en Uruguay debe ser atendido desde varios ángulos. Las soluciones vendrán de varios terrenos. Atacar el problema desde el lado de la licencia maternal y paternal puede ser una solución que no sólo hace sentido económico, sino que además debería ser un derecho (así como una obligación) de los padres.

(1) Nota diario El Pais, "Una denuncia por violencia doméstica cada 14 minutos en los primeros 10 meses del año," 24 de noviembre de 2017.

(2) Retamoso A. y Vernazza, L., "Panorama de la violencia hacia la infancia en Uruguay 2017," Unicef, 2017.

(3) Heckman, the economics of human potential, "Invest in Early Childhood Development: Reduce Deficits, Strengthen the Economy."

(4) Primero fueron 30 días obligatorios, luego se extendieron a 60 días en 2002, y actualmente 90 días.

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