HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Leve suba de recaudación por ajuste fiscal

El resultado global del sector público arrojó un déficit equivalente al 3,5% del PIB en los doce meses finalizados a septiembre. Es un nivel similar al registrado al cierre del pasado año, que con leves oscilaciones se ha mantenido a lo largo de este ejercicio, lo que demuestra las dificultades que se enfrentan para abatirlo.

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Dirección General Impositiva. Foto: Archivo El País

El nivel absoluto del desequilibrio de las cuentas públicas es elevado, pero el país cuenta con una serie de fortalezas y atributos que le permiten manejarlo en el corto plazo. De hecho, hace pocos días se realizó con gran éxito una emisión de deuda, con una demanda que excedió las expectativas, lo que permitió constituir un nivel de liquidez (que justo es decir se venía deteriorando) que le permite afrontar sus obligaciones para los próximos 18 meses.

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Por consiguiente, el problema no es tanto el nivel actual del déficit, sino su tendencia. Aquí es donde surgen las preocupaciones, ya que mantenerlo a mediano plazo en estos niveles parece difícil. La confianza de la que goza hoy día el país en los mercados internacionales, que le valió la recuperación del grado inversor y hasta una mejora en su calificación, se pierde fácilmente si se recurre con asiduidad a la deuda y esta crece en relación al tamaño de la economía. Esta restricción se exacerba cuando el ciclo económico no es tan propicio y ante una suba de las tasas de interés.

En este contexto, el Presupuesto que se está discutiendo en el Parlamento es clave y todo hace pensar que en líneas generales terminará siendo aprobado el proyecto que remitió el Poder Ejecutivo sin mayores cambios. Esta es la parte buena de la historia. Sin embargo, cuando se entra a desmenuzar ese Presupuesto surgen varias interrogantes que generan dudas hacia el futuro.

Los supuestos para proyectar los ingresos futuros aparecen muy optimistas, al tiempo que el gasto sigue creciendo en términos reales, lo que hace que sea muy difícil cumplir con el objetivo de reducir el déficit al 2,5% al final del quinquenio.

El Presupuesto proyecta un crecimiento del PIB 2,5% para el presente y el próximo año. No sólo son metas que difícilmente se vayan a cumplir, sino que no son las adecuadas para proyectar la recaudación. El crecimiento que arroje el PIB en el presente año, que será sensiblemente inferior al proyectado, estará afectado estadísticamente por el arrastre de la puesta en marcha de la segunda planta de celulosa. Ese crecimiento de arrastre no genera impuestos, por lo que la recaudación no acompañará al dato del PIB y mucho menos a un gasto creciente.

Ajuste.

En los nueve primeros meses del presente año la recaudación de la DGI aumentó 2,1% en términos reales respecto a igual período de 2014. Esa mayor recaudación se puede explicar por un ajuste realizado a principios de año a nivel del IRPF y el Imesi a los combustibles.

El análisis por impuestos permite entender mejor esta evolución. El IVA, que es el principal impuesto, responsable de más del 50% de la recaudación total, registró una caída del 2% real en el acumulado del año, con un comportamiento similar a lo largo de los tres trimestres. Por ser un impuesto que recae sobre el consumidor final, está estrechamente relacionado con el consumo, variable que se contrajo en la última medición de Cuentas Nacionales.

Aquí incide el cambio en el humor de los consumidores, cuya confianza viene cayendo. En particular hay que señalar el descenso en las ventas de automóviles, e incluso a nivel de celulares, que fue la gran vedette del mercado en la última década, se constata un menor dinamismo a nivel de los equipos más sofisticados. Se trata de productos de alto valor y por consiguiente el IVA que tributan también lo es. Esta es una realidad que se observa siempre en los cambios del ciclo. Cuando la confianza es alta se consume más y la recaudación de IVA crece a un ritmo mayor que el PIB. Cuando la confianza cae se da el efecto contrario.

El crecimiento de la recaudación de la DGI se sostiene por los impuestos a la renta y el Imesi. Dentro de los primeros sobresale el IRPF, que es el impuesto que más creció en los últimos años.

Si se compara la recaudación actual con la del año 2008 (primer ejercicio en el que rigió plenamente la reforma tributaria), los ingresos brutos de la DGI aumentaron un 32% en términos reales en tanto que el IRPF lo hizo en un 88% real.

Se trata de un tributo estrechamente relacionado con el mercado laboral, que se mostró muy dinámico a lo largo del período. Favorecieron su recaudación tanto el aumento del empleo, del salario real como el descenso de la informalidad.

Pero el mercado laboral ya no es tan dinámico como en el pasado. En lo que va del año la tasa de empleo cayó 2% al tiempo que el salario real subió en ese mismo porcentaje, por lo que la masa salarial, que es la base imponible de este tributo, no varió. Pese a ello la recaudación subió 5,6% en términos reales. Buena parte de ese aumento se explica por el ajuste del mínimo no imponible y las sucesivas franjas en función del IPC del año 2014 (8,3%) que fue inferior al aumento promedio de los salarios (12%).

A futuro el salario real ya no crecerá tanto al tiempo que el mercado laboral se volverá cada vez menos dinámico, por lo que la capacidad de generar recursos a través de este impuesto se verá restringida.

El aumento en el IRAE responde a los pagos de las empresas públicas ya que, según informa la propia DGI, a junio la recaudación proveniente del sector privado estaba estancada.

Por su parte, la suba del Imesi se explica básicamente por el aumento de la tasa que grava los combustibles aplicado a principios de año, lo que junto a la actualización de las franjas del IRPF significó un ajuste fiscal encubierto, que en última instancia es el que explica el incremento de la recaudación de la DGI.

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