HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Leve suba en IPC que no genera preocupación

La inflación subyacente, sin los componentes más volátiles, se estabiliza en el 6,5% anual.

De 374 bienes del IPC, 119 son del rubro alimentos y bebidas. Foto: D. Borrelli
Foto: Darwin Borrelli

La inflación se aceleró por segundo mes consecutivo en septiembre, ubicándose en el 5,8% al cabo de los últimos doce meses. En la medida que la variación del Indice de Precios al Consumo se mantenga acotada, la aceleración de los últimos meses no debe preocupar y hasta en cierto punto es bienvenida.

La razón no es otra que la evolución que muestran los salarios nominales, que medidos punta a punta se incrementaron 10,8% en los últimos doce meses, lo que determina un incremento muy importante del salario real y consecuentemente un mayor costo para las empresas.

En esas condiciones, se ve afectada la competitividad del sector transable y dificulta la recuperación del empleo. Incrementos reales más acordes a la evolución del nivel de actividad ayudarían a revertir la pérdida de competitividad. O al menos, a evitar que se siga deteriorando.

Cuando se analiza la evolución de la inflación muchas veces se centra la discusión en la suba de tales o cuales precios. Es bueno recordar que la inflación es un fenómeno monetario, y su aceleración o contracción va de la mano de la evolución de los agregados monetarios, que con cierto rezago impactan en el comportamiento de todos los precios de la economía y no de algunos.

En el gráfico que aparece arriba en el cuadro, se muestra la evolución del IPC acumulado en los últimos doce meses. Se presenta el dato observado y el subyacente o núcleo, que excluye del anterior los componentes volátiles que alteran el resultado en el corto plazo.

Se ve allí que ambas variables aumentaron hasta mediados del pasado año, cuando se alcanzó una inflación del 11%, disminuyendo consistentemente desde entonces hasta el pasado mes de julio.

La aceleración hasta mediados de 2016 se dio en un contexto de cambio de portafolio de los agentes económicos desde el peso al dólar. Esa caída de la demanda generó un exceso de oferta monetaria que se trasladó a los precios.

La política monetaria lentamente se fue contrayendo y a comienzos de 2016 prácticamente se frenó la expansión monetaria, lo que meses después se vio reflejado en la desaceleración del IPC a partir del segundo semestre del año.

De esa manera, la contracción monetaria se revirtió a partir del presente año, acompañando un nuevo cambio parcial de portafolio, dotando de mayor liquidez a la economía.

Volviendo al gráfico, se ve allí que la variación observada del IPC a lo largo de lo que va del presente año siempre se ubicó por debajo de la medición de núcleo o subyacente. Los componentes volátiles que se le restaron a esta última son las frutas y verduras frescas, los combustibles y la energía eléctrica, siendo los alimentos quienes más contribuyen a la diferencia.

En el dato observado se reflejó el aumento que registraron las frutas y verduras a comienzos del pasado año a raíz de las inclemencias del tiempo y su impacto negativo en los cultivos. Con condiciones más benignas, esos precios cayeron este año. Sin embargo, esa tendencia se revirtió en el último trimestre, tal como se muestra en el gráfico del medio a la izquierda, explicando en parte la aceleración que muestra el IPC desde entonces.

En los seis primeros meses del año los precios de las frutas frescas cayeron 23,3% y los de las verduras frescas 2,5%. En el último trimestre aumentaron 3,6% y 11,3% respectivamente.

Esta evolución no la refleja el dato subyacente. Sus componentes más estables reflejan de una forma más adecuada el nivel de inflación, y tal como se muestra en el gráfico de arriba, hace cinco meses que su variación acumulada en los últimos doce meses se ubica en el entorno al 6,5%, dentro del rango meta.

Otro factor que contribuyó en los últimos meses a la aceleración de la inflación es el comportamiento del tipo de cambio. Tras alcanzar un máximo relativo en marzo de 2016, la cotización del dólar se redujo 12,5% hasta el pasado mes de mayo, incrementándose 3% desde entonces.

Esa evolución impactó en el comportamiento de los precios transables, tal como se muestra en el gráfico de la derecha. Se ve allí que su variación acumulada en los últimos doce meses superó los dígitos en los primeros meses de 2016, acompañando la suba del dólar, en momentos en que se daba el cambio de portafolio de los agentes. Hacia el segundo trimestre comenzó su desaceleración, que se revirtió en mayo del presente año.

Es interesante observar como evolucionaron cada uno de los precios de los bienes y servicios transables que releva el IPC. Prácticamente todos aumentaron en el último trimestre. La explicación es sencilla. Buena parte de esos bienes son artículos importados que se comercializan en plaza en moneda extranjera, como el caso de los electrodomésticos, automóviles y hasta pasajes de avión y excursiones.

Si los precios en dólares de estos productos no varían, pero sí la cotización de la divisa estadounidense, medido en pesos su valor cambia. Esa variación es la que refleja el IPC.

En los últimos años los precios que más se resistían a desacelerarse fueron los correspondientes a los bienes y servicios no transables. En ellos incide la evolución de los salarios y el comportamiento de la demanda interna.

En el gráfico alargado que aparece en la parte baja del cuadro se muestra la evolución de los precios no transables excluidas las frutas y verduras frescas y la de los salarios líquidos como una aproximación a la demanda. Se puede ver que en líneas generales ambas variables presentaron un comportamiento similar hasta comienzos del presente año. Desde entonces, pese a la suba de los salarios, los precios no transables se fueron desacelerando.

Una posible explicación a ello puede venir por el tipo de bienes que están consumiendo los uruguayos. Ante el abaratamiento absoluto que experimentaron muchos bienes importados, la demanda se canalizó hacia ellos y es probable que el sector no transable esté reduciendo márgenes.

Cualquiera sea la explicación, el resultado es que la inflación se encuentra dentro del rango meta. Ello es una señal positiva. máxime de cara a la próxima ronda de los Consejos de Salarios del próximo año en la que se discutirán todos los salarios de la economía.

En primer lugar, porque permitirá anunciar pautas de ajuste nominales menores a las actuales que resulten creíbles. A su vez, si la inflación se mantiene controlada y dentro del rango, no accionarían las cláusulas gatillo.

Todo ello resultaría en ajustes salariales alineados con la evolución de los restantes precios y la marcha de la economía. Ello iría en la senda de una mayor desindexación que facilite el control de la inflación y frene la pérdida de competitividad de los sectores transables. Su recuperación es otro cantar.

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