CARLOS STENERI

Laberintos de América Latina

Aunque cueste reconocerlo, gran parte de la atención mundial se concentra justificadamente en los eventos del Medio Oriente, Europa, Asia y Estados Unidos.

La razón es porque concentran la mayoría de la población y la riqueza mundial, explican avances científicos y tecnológicos relevantes, muestran tensiones geopolíticas con implicancias globales y episodios de barbarie humana supuestamente desterrados. En un costado y desde hace tiempo, América Latina viene haciendo también su historia, en un camino que muestra luces, sombras y también cierto desconcierto hacia el futuro.

En su faz iluminada, muestra décadas de feliz pacifismo expresado en la carencia de tensiones relevantes entre vecinos, hecho confirmado por la estabilidad de sus fronteras. A eso se agrega que se van apagando inexorablemente los gobiernos de los caudillos perennes para dar lugar a la voz de las mayorías ciudadanas que buscan administraciones que resuelvan sus problemas. Eso explica la rotación de gobiernos de signos ideológicos diferentes en lapsos relativamente breves. También muestra el empoderamiento del ciudadano al momento de emitir su voto y finalmente constata que cada vez es más difícil arriar masas. Se requiere convencer con argumentos que luego se traduzcan en resultados concretos, so pena de ser rechazados por el electorado en próximos comicios.

Basta mirar alrededor para observar que en menos de dos décadas, la región sustituyó todo un elenco de gobiernos "neoliberales" por otros de tinte izquierdista. Y luego, dados los magros resultados de sus gestiones, van siendo reemplazados por otros de signo político opuesto. Sin duda es un avance silencioso de enorme valía. Otro tanto puede decirse del rol del Poder Judicial juzgando casos de corrupción impactantes en Brasil y Argentina. Se entró en una fase donde la institucionalidad se perfeccionó y consolidó en su operativa.

En el cono de las sombras se encuentra saber cuál es la política económica más adecuada para lograr un sendero robusto y permanente de crecimiento, que elimine la pobreza de manera genuina. La historia muestra avances y retrocesos, delineando como una suerte de crecimiento dependiente de los ciclos externos y, por ende, frágil. Eso lo aleja de lo necesario para consolidar las clases medias nacientes y disminuir radicalmente la pobreza. América Latina experimentó de todo en un lapso breve. Al fuerte intervencionismo estatal iniciado en los 60, con cierre comercial, seguido en los 80 con crisis fiscales, inflación y culminado con alto endeudamiento externo se llegó a la década del 90. La respuesta fue la desregulación, la apertura comercial, intentos de modernización y búsqueda imperiosa de estabilidad económica. Con ese telón de fondo la región se encaminó hacia el fin de siglo pensando que estaban dadas las condiciones suficientes para lograr el objetivo esquivo del crecimiento. Hasta que llegaron los vientos de una crisis financiera iniciada en Rusia que cerró el crédito externo, desatando una crisis regional inédita en la que fuimos envueltos.

Esta realidad le dio argumentos a la nueva izquierda latinoamericana para decir presente a través de las urnas. Comenzó así un nuevo ciclo político que hoy declina porque así lo entiende la ciudadanía visto que sus expectativas no han sido colmadas. Ocurrió a pesar que la región recibió el shock externo positivo más potente del que haya registro reciente: altos precios de las materias primas y financiamiento externo ilimitado. Aquí figuran fracasos políticos y económicos en Venezuela, Brasil mostrando el fracaso del populismo ligado con corrupción, Argentina en una realidad similar, Ecuador n plena crisis, siguiendo por Perú con un cambio de signo en el próximo gobierno y en Bolivia el fin de la era Evo como caudillo.

Estas peripecias muestran que aun no se ha encontrado el set de políticas que consoliden crecimiento robusto permanente, único camino para disminuir la pobreza de manera genuina. Una vez más queda expuesta la importancia de lo externo como determinante del desempeño económico. Tanto en la subida como en la bajada del ciclo externo, no se han podido atemperar sus efectos sobre el ciclo económico doméstico. También queda demostrado que el populismo es un camino ciego que profundiza los avatares del ciclo externo. Aquí yace uno de los grandes desafíos pendientes donde naufragan expectativas, derrumban gestiones de gobierno y cambian el humor de un electorado desconcertado.

No todo lo ejecutado en estas décadas fue en vano. Se llegó al consenso generalizado de que la macroeconomía sana, la estabilidad de precios y un sector financiero fuerte, son condiciones necesarias para lograr crecimiento y erradicar pobreza. Lo que sigue pendiente es evitar la alta volatilidad del ciclo económico. Sin ello es imposible estabilizar los resultados de las políticas destinadas a disminuir la pobreza y consolidar las clases medias.

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