LAS MEDIDAS ADOPTADAS POR SU GOBIERNO TUVIERON UN EFECTO POSITIVO 

Mientras Japón corteja el crecimiento, Europa sigue amando la austeridad

El énfasis, según Alemania, está en la disciplina fiscal y en cambios estructurales para restablecer la competitividad.

Shinzo Abe. Foto: Archivo El País

The New York Times

Japón y Europa han sido durante varios años los hombres enfermos de Europa en la economía mundial. Este mes, sus caminos divergieron. Incluso a medida que Europa caía más profundamente en lo que acaba de convertirse en su recesión más larga desde la II Guerra Mundial, Japón presentó una tasa de crecimiento inesperadamente robusta de 3.5% bajo las audaces y nuevas medidas de estímulo promovidas por el primer ministro Shinzo Abe; precisamente, la medicina que muchos han exhortado a líderes europeos a que tomen.

"Las élites en Europa no aprenden", dijo Stephan Schulmeister, economista por el Instituto Austríaco de Investigación Económica. "En vez de decir, `Algo sale mal, tenemos que reconsiderar o encontrar un mapa de navegación diferente, cambiar el rumbo`, lo que sucede es más de lo mismo".

Desde que asumió el cargo en diciembre, Abe ha impulsado un programa que apunta a tres frentes - llamado enfoque de tres flechas en Japón- para ponerle fin a dos décadas de estancamiento en la economía japonesa. Involucra una política monetaria decididamente expansionista, mayor gasto fiscal y cambios estructurales para mejorar la competitividad; el crecimiento registrado en el primer trimestre sugiere que su enfoque ya está rindiendo frutos.

No solo han mejorado las exportaciones, resultado lógico de una divisa más débil, sino que el sentir del consumidor y el consumo de los hogares también han subido. "La economía real está respondiendo", dijo Adam S. Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional, en Washington. "En los últimos cinco, seis meses, se ha dado un mini auge del consumidor. Todas las cosas que la gente dijo que nunca podrían ocurrir en Japón han dado un giro de 180 grados".

La interrogante está en saber si dirigentes europeos aprenderán de los japoneses y la respuesta, hasta ahora, al parecer es no. Si bien acaba de empezar el periodo de Abe, Japón pudiera haber encontrado la receta para un exitoso estímulo económico, pero Alemania está impidiendo el paso a la cocina europea. "En Alemania, la hostilidad hacia esas medidas poco convencionales es mayor que en cualquier otra sociedad europea", dijo Heribert Dieter, del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, en Berlín. En su opinión, la cuestión está en si un distanciamiento de la austeridad suministraría algo más que unos pocos meses o, incluso, unos pocos años de espacio para respirar.

Aparte de mayor flexibilidad en la velocidad de recortes de presupuesto, hay pocas señales de una profunda revaloración en Alemania. En cualquier caso, se siente como si Berlín se estuviera resistiendo a ceder. "Eso pospondría el día del juicio", dijo Dieter. "Eso no resolvería un solo problema". El énfasis, en la opinión alemana, tiene que estar en mantener la disciplina fiscal al tiempo que se centran en cambios estructurales para restablecer la competitividad, la única de las tres flechas que los alemanes, al parecer, están preparados para sacar del estuche.

Muchos economistas alemanes argumentan que el período de reagrupamiento se acerca a su fin, y que los progresos prometidos por el dolor de la austeridad ahora están a la vuelta de la esquina. "No hace falta un programa especial de estímulo fiscal", dijo Michael Huether, el director del Instituto Cologne de Investigación Económica.

Huether apuntó a señales de mejor desempeño en exportaciones en países como España, Grecia y Portugal como evidencia de que un ascenso estaba cerca. "Me siento optimista de que el año entrante habrá un giro diametral", dijo. "No es una buena idea sumarse al programa japonés".

La envidia del mundo en los ochenta, Japón, sufrió un colapso de bienes raíces y el mercado accionario que lo dejó empantanado en una trampa deflacionaria, con la caída de precios y alternando crecimiento anémico y contracción. Japón sufrió recesiones en 2011 y 2012, encogiéndose a una tasa anualizada de 3,5% apenas en el tercer trimestre del año pasado.

Después de que los liberales demócratas de Abe ganaran de manera contundente en diciembre, Abe cumplió su promesa de incrementar el gasto público. El Banco Central incrementó liquidez y el yen ha caído aproximadamente 20% contra el dólar este año, lo cual es una bonanza para los exportadores del país. El mercado accionario de Japón se ha disparado, con el Índice Nikkei 225 subiendo más de 70% a lo largo del año pasado.

Economistas alemanes han sacado a colación la perspectiva de devaluaciones competitivas, una carrera al fondo que no beneficiaría a nadie. "Si todos los países en el planeta hicieran eso, estaríamos de vuelta en los treinta", dijo Dieter. "Devolvería al mundo a las políticas de `mendiga con tu vecino`, así como generaría hostilidad y exclusión".

Otros descartaron esa noción. "El banco de Japón y el gobierno japonés, a la par de los bancos centrales y gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido, se alegrarían sin problema alguno de ver al BCE uniéndoseles en un aflojamiento cuantitativo o alguna otra forma de estímulo monetario más activo", dijo Posen.

Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, dio el importante paso el verano pasado de decir que el banco sería la red del euro e impediría su caída, pero él también ha trazado una línea en el sentido que no ayudará más, queriendo mantener la presión sobre países en problemas para que efectúen dolorosas reformas estructurales.

La crisis del euro ha sido presentada en los medios noticiosos de Alemania como algo similar a una obra de moralidad, donde el sufrimiento es necesario para la redención. "Lo asombroso de lo cual nadie quiere hablar es que Europa podría hacer exactamente lo mismo que Japón", dijo Weisbrot.

Jens Weidmann, el presidente del Banco Central de Alemania, ha sido un franco detractor de incluso las medidas a medias emprendidas por Draghi. En un año electoral, Merkel ha prestado atención a la oposición popular al uso de recursos alemanes para ayudarles a los estados golpeados con mayor fuerza por la crisis.

"El tono de las declaraciones del Banco Central Europeo (BCE) y el grado hasta el cual el BCE vuelve condicional cualquier estímulo es marcado por el gobierno alemán", dijo Posen.

Alemania ha gozado de tasas menores al pedir préstamos a lo largo de la crisis, a medida que inversores han buscado refugios para su dinero. El empleo se ha mantenido firme y el país ha estado atrayendo a buscadores de empleos calificados de países como España, Italia y Grecia. Sin embargo, muchos de los clientes de exportaciones alemanas están en la periferia de Europa plagada por la crisis y Alemania solo evitó por muy poco una recesión en el primer trimestre.

En el ínterin, Francia efectivamente cayó en recesión nuevamente, a medida que la economía de la eurozona se encogió por sexto trimestre consecutivo. El Presidente de Francia se ha pronunciado por una acción coordinada de Europa para incrementar el crecimiento, pero sin resultados.

"La observación empírica es que mientras más países intenten adoptar políticas de austeridad, más está aumentando el radio de deuda", dijo Schulmeister, hablando a título personal y no por su instituto. "Esto es un resultado grotesco".

Él no abrigaba muchas esperanzas de que dirigentes europeos fueran a seguir el reciente ejemplo de Japón. "Ellos ya tienen su depresión tras de sí", destacó Schulmeister, "y Europa tiene su depresión ante sí".

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