HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

La inflación se ubicó en su nivel mínimo

Tipo de cambio impacta sobre los transables que solo crecen 3,6% en últimos doce meses.

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Feria de Luis de la Torre. Foto: Fernando Ponzetto

Hace tan solo doce meses los precios al consumidor registraban un incremento del 11% anual y desde ese entonces se inició un proceso de baja en la tasa de crecimiento que llegó en los doce meses a mayo pasado al 5,6%. Una parte de la explicación viene por la baja en el tipo de cambio y en el precio de las frutas y verduras pero, si las tasas de interés en pesos siguen altas y no se acomoda la cantidad de dinero a la demanda creciente, es posible que la política monetaria haga aterrizar la inflación muy por debajo del 7% anual.

La inflación es la variación generalizada de los precios de la economía. Por lo general se toma como medida el Índice de Precios al Consumidor que releva el INE. Es la mejor medida para ver los precios porque se corresponde a una canasta de consumo representativa de las cosas en las que gastan los hogares. Para tomar como referencia, surge de la medición del precio del pan flauta hasta el del seguro del automóvil en un total de 374 artículos.

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Dentro de estos artículos hay algunos que ponderan más porque los compran todos los hogares y algunos en porcentaje muy alto del gasto total y otros que ponderan poco porque solo son consumidos por menor cantidad de hogares. Es así que en los cortes de carne entran todos pero el cuadril y el osobuco ponderan menos que la carne picada porque los primeros se consumen en los hogares de mayor y menor ingreso respectivamente y la carne picada es más general.

Es una metodología que exige una actualización de los ponderadores de tanto en tanto porque los gustos y las decisiones de consumo varían con el tiempo. El actual índice tiene base diciembre del 2010 pero los ponderadores se construyeron en función del gasto de los hogares entre 2005 y 2006, una década en la que ocurrieron muchos cambios en conductas de consumo.

Al margen del perfeccionamiento en la medición, es la mejor alternativa que existe en la actualidad. La única excepción es en diciembre de cada año cuando UTE hace bonificaciones que se toman en cuenta para el índice cuando el sentido común indicaría que no se deberían incluir.

En el primer gráfico del cuadro adjunto se ilustra la variación en cada mes del IPC sin considerar las frutas y verduras ni el combustible. Estos precios tienen una ponderación relativamente alta y un comportamiento que predomina en el aumento de determinados meses y aplaca el comportamiento en otros.

El impacto de UTE es marcado en cada diciembre con variación negativa pero luego ayuda al salto que de por sí ya es grande en enero donde hay muchos ajustes de precios. Este año, a pesar de que enero registró un fuerte aumento, los cuatro meses restantes estuvieron muy por debajo de lo que se observara un año atrás.

En lugar de estar buscando artículo por artículo qué explica los aumentos se puede hacer un agrupamiento de los bienes y servicios que se pueden comprar en el exterior o que vendemos hacia el exterior, denominados bienes transables. Aquellos que no son transables internacionalmente se pueden dividir entre precios administrados por el gobierno y todo el resto que se denomina como no transables.

La categoría de transables tiene mucho que ver con la evolución del tipo de cambio y de los precios internacionales o de la región. En el gráfico de la izquierda de la zona media del cuadro se puede ver la evolución de las tasas en períodos de doce meses de estos precios. Es claro que a comienzos de 2016, cuando se acelera la devaluación hay un repunte, llegando a 12,4% en el año terminado en marzo de 2016. Desde ese momento se observa un enlentecimiento en el ritmo de variación de estos precios hasta llegar a tan solo 3,6% en los doce meses terminados en mayo del 2017.

Por lo tanto, una buena parte de la explicación de la menor tasa de inflación está por el lado de la evolución del tipo de cambio y su impacto en los precios de los bienes transables internacionalmente.

Pero la caída en la inflación no responde solo al tipo de cambio. Cuando se observa la evolución de los no transables (ver el gráfico en la zona media a la derecha) se ve que en el año terminado en mayo hay una marcada reducción en la tasa de crecimiento. Pasa de niveles por encima del 9% anual de marzo al 6,6% de mayo. Este es el caso ya mencionado de las verduras. El año pasado estaban muy caras y por lo tanto registran en los doce meses una fuerte reducción. Por lo tanto, el componente no transable baja pero puede terminar siendo circunstancial y darse vuelta en cuanto haya menor oferta de verduras.

En los no transables hay varias fuerzas de oferta y demanda que hacen a los precios pero básicamente hay una incidencia de los salarios. En la medida que están acordados en base a las pautas del gobierno y esto implica aumentos del orden del 4% al 5% semestral (más del 9% anual), parece difícil que en los componentes no transables haya una señal fuerte de ajuste a la baja.

Lamentablemente, cuando los salarios tienen pautas rígidas de ajuste y cambian las condiciones macroeconómicas hacia una menor inflación, lo que ocurre es que rebrota el desempleo. Si los salarios comprometidos por convenio ajustan en el 9% anual y los precios solo lo hacen en un 6% hay un problema, porque es una situación que solo se puede sostener con un crecimiento de la demanda agregada o del PIB superior al 3% (en realidad la relación histórica indicaría un aumento del PIB del 5%).

El tercer grupo de precios son las tarifas públicas. En este caso la variación en los doce meses terminados en mayo fue de 7,9% y un año atrás había sido de 8,7%. En ese momento, la variación fue alta pero en gran medida respondió a una actualización luego que el período pre-electoral llevara a manejar las tarifas en forma favorable a los consumidores votantes con el costo de un déficit financiero de las empresas.

Estas variaciones son la historia de los últimos doce meses y señalan claramente un freno en el ritmo de crecimiento de los precios de la economía con una persistencia al deterioro de los precios de bienes transables en contra de los no transables y las tarifas públicas. En este contexto vale la pena observar qué es lo que se espera para adelante. En el gráfico de la zona inferior del cuadro se ilustra la proyección media de los analistas encuestados por el BCU en promedios semestrales.

Es claro que el empuje que generó el dólar en el primer semestre del 2016 tiene luego dos semestres de ajustes a la baja también en las expectativas. De todas formas, el promedio esperado en los cinco primeros meses del año se ubica por encima del histórico actual. Los analistas consultados piensan en una variación media del 7,9% consistente con la meta implícita que tuvo el BCU en la última década y con lo que fueron las pautas para los Consejos de Salarios.

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