ISAAC ALFIE

Impuestos a las rentas: carrera hacia el piso

En la columna anterior, luego de analizar la situación de las finanzas públicas, terminaba estimando el gasto público global.

Alcancía con monedas. Foto: archivo El País.
Alcancía con monedas. Foto: archivo El País.

Como corresponde, incluí en ese rubro las erogaciones de los Gobiernos Departamentales, los pagos de pasividades de las cajas paraestatales Bancaria, Profesional y Notarial —que naturalmente se financian básicamente con impuestos y eso se puede ver en sus balances— y la parte conocida de déficit de las empresas satélites de Ancap, todo lo cual arrojaba un 37,5% del PIB, más de 10 puntos por encima de lo que algún informe internacional, con alto grado de ignorancia, indica. También dejaba constancia que la medición no era completa por defecto, lo cual no altera la conclusión de que el sector público tiene una dimensión desproporcionada para el grado de desarrollo de Uruguay.

Siendo ese el monto global de erogaciones, y el déficit fiscal 3,6% del PIB, es claro que los ingresos rondan el 34% de este indicador. Dentro de los ingresos los hay financieros —por venta de bienes y servicios— pero el grueso provienen de tributos (impuestos, tasas y contribuciones especiales a la seguridad social). Respecto de los tributos, en el mundo se han verificado cambios relevantes a lo largo de los últimos 35 años, en especial respecto a los impuestos a las rentas y todos en un mismo sentido.

Tendencia.

Desde que Reagan asume su primer mandato y comienza a reducir el IRPF, la tendencia ha sido seguida en todo el mundo y no sólo en dicho impuesto, sino también en el impuesto a la renta de las empresas (nuestro IRAE).

Un reciente artículo del Financial Times indica que "los países desarrollados están embarcados en un arranque de competencia fiscal respecto del impuesto a la renta de las empresas, la cual se ha intensificado" y atribuye su causa, como una respuesta a la debilidad de la inversión. Así 8 países de la OCDE —esa organización a la que tanto caso le hacemos—, redujeron su "IRAE" en este 2017, reforzando la caída sistemática. Desde el año 2000, la tasa media pasó de 32,2% a 24,7% en 2016 (1), una reducción de casi 25% en la alícuota. Entre los países con menores tasas están Gran Bretaña y Alemania (2).

Ahora bien, pese a la reducción en la tasa del impuesto, su recaudación ha aumentado. ¿Se estaría cumpliendo la "curva de Laffer"? No necesariamente, hay otros factores que deben estar jugando. La competencia fiscal también se ha intensificado en atraer wealthy individuals como residentes. Eso no es todo, ya que también caen las tasas del IRPF. Los impuestos sobre los ingresos del trabajo se redujeron a partir de 2013, con más intensidad los que recaen sobre los salarios más bajos.

Para finalizar, los países evalúan reducciones en los impuestos de previsión social y, para ello, reforman sus sistemas, básicamente con subas en las edades mínimas para acceder a una pasividad. Pese a esta tendencia, el ratio impuestos a PIB ha crecido casi 2 pp.. hasta 34,3% en los últimos 7 años. Otros impuestos (indirectos) más adecuados para que las economías compitan, han aumentado.

A contramano.

Si observamos la tendencia mundial y la comparamos con lo que ha estado y está sucediendo en Uruguay la conclusión no ofrece dudas, vamos a contramano.

Por la vía de los hechos se ha aumentado la tasa de impuesto a la renta de las empresas, cuya tasa efectiva sobre ganancias reales debe ser de las más altas del mundo, hemos "corrido" a personas con cierto capital imponiendo, parcialmente, (sobre ciertos ingresos financieros) un concepto de renta mundial en lugar del tradicional y conveniente criterio de la fuente. Se comenzó a gravar de manera general las rentas originadas en la venta de partes sociales y acciones que, en otros países, salvo actividad "profesional" se excluyen de la base del impuesto, incentivando el crecimiento económico. Redundante es hablar de la suba en el IRPF, cuyas tasas efectivas, sobre ingresos netos comparables, también están entre las más altas del mundo.

Pruebas al canto.

Si observamos los sectores que se han desarrollado en los últimos años, como logística, TIC, servicios corporativos para el resto del mundo, todos han recibido exoneraciones fiscales relevantes, sea por decretos del PE o por estar en zonas francas.

No más de dos semanas atrás se conoció la noticia de nuevos emprendimientos inmobiliarios en Punta del Este, al amparo de importantes exoneraciones fiscales, tanto del Gobierno Central como Departamental.

La evidencia empírica parece mostrar que con las tasas impositivas "normales" no es muy conveniente trabajar e invertir. Esto se corrobora en las estadísticas que muestran una notable reducción de la Inversión Extranjera Directa la cual, a marzo de 2017, estaba en niveles mínimos desde 2002 —y probablemente por la cobertura actual y de aquella época, esté en mínimos de más de 25 años—. También se tiene noticia de inversiones de uruguayos en el exterior, es especial en Paraguay.

La cuestión es clara: pese a los enormes problemas fiscales, el país tiene que encarar dos reformas que, en principio, incrementarían el déficit fiscal, i) aumentar sustancialmente la inversión en infraestructura y ii) reducir sus impuestos sobre las rentas. De no hacerlo, el futuro no será lo que todos queremos.

El "race to the bottom", como se conoce a la competencia fiscal en la literatura especializada, está entre nosotros. Al Parecer no nos dimos cuenta.

(1) En Uruguay computando IRAE y Patrimonio (que no existe en esos países), la tasa efectiva sobre utilidades reales suelen ser es el doble o superior.

(2) En Estados Unidos el gobierno acaba de anunciar una agresiva propuesta de reducción de impuestos a la renta empresarial y personal.

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