JUAN SÁNCHEZ

Imagen, contradicción e impotencia

No es fácil proponer algo distinto y mejor asumiendo los zapatos de otro, más si el otro es el Presidente. ¿Cuántos lo desearían por el atractivo de las recompensas?, pocos, si responsablemente se asume la realidad.

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Tabaré Vázquez. Foto: Archivo El País

La vocación de los líderes políticos de ser aceptados es mayor que en el resto de la población, con lo cual son más proclives a ser beneficiarios y también víctimas de las nuevas formas de comunicación de medios y redes.

La prensa es rehén de esta lógica que potencia los impactos en las expectativas de los agentes y la opinión pública. El magnetismo de la magnificación y la inmediatez ha hecho presa de su encanto a políticos y gobernantes.

Medios y redes sociales amplifican las pequeñas realidades y su impacto y también las han frivolizado. La ausencia de la capacidad de contextualizar es lo contrario de lo que marcaba Real De Azua en el análisis histórico, quien decía, se corre el riesgo de caer por la pendiente de la contextualización y de la magnificación. Es que esa dinámica puede llevar al facilismo de hacer hallazgos dramáticos y encontrarle un marco conceptual que lo justifique.

Desafío de equipo.

En la columna anterior sosteníamos que de no corregirse las contradicciones dentro del Frente se podían esperar tiempos difíciles. En las últimas semanas algunos analistas se han sumado a estas advertencias y quizás sea el tema más importante que tenga que resolver ahora mismo el gobierno.

Preferimos creer que el equipo de gobierno tiene conciencia del problema y la responsabilidad para resolverlo. Ya tiene bastante con la suma de cuestionamientos y las presiones de coparticipación. Con voluntad política y decisión se pueden desplegar alternativas de solución.

Los marcos normativos de áreas estratégicas se conformaron y sostuvieron con apoyo de casi todos los sectores (matriz energética, atracción de inversiones, apoyo a la innovación, constitución de enclaves y exclaves estratégicos, participación público-privada). Hay tiempo para construir confianza y dar las señales adecuadas a la opinión pública y actores económicos y políticos, desactivando las expectativas negativas y las contradicciones, pero, el momento de actuar es ahora.

Mejor momento.

La doctora María Sanin afirmaba hace algunas semanas que la contribución a la reducción de gases de efecto invernadero no puede basarse en lo que esperamos ganar como país, solo la transición de la lógica competitiva a la cooperativa puede asegurar el esfuerzo global necesario para garantizar la sostenibilidad. Una lógica equivalente del juego de intereses se aplica entre sectores, grupos e individuos.

Las fuerzas corporativas tienen en Uruguay un espacio que en otras sociedades no se les da. Nos hemos explayado en oportunidades anteriores sobre las razones de por qué ocurre. De hecho luego de varias pulseadas con el Ejecutivo la cúpula del Pit-Cnt se salió con la suya fortalecimiento su poder. Uno de los momentos de mayor fortaleza en su historia dicen y coincide con la menor popularidad del Presidente.

En la región están en tela de juicio los liderazgos de algunos gobernantes y no hay margen para ganancias efímeras o resaltar virtudes circunstanciales. Los impactos en las economías de la región ya se están notando y no deberíamos esperar que la sangre llegue al río.

Darse la oportunidad.

Las amenazas de crisis traen oportunidades de cambiar rumbos, generando factores competitivos. Desde que el Frente está en el gobierno marcó ciertas prioridades, como la integración de sectores vulnerables y la mejora de ingreso de ciertos grupos. Tiene costos importantes para sostener esta estrategia, es lógico, quizás debería aplicar más recursos si se ampliara el alcance y la calidad de tales coberturas. Tampoco es una buena idea morigerar inversiones, sin embargo otros sectores sí se podría redefinir y un ejemplo de ello son los servicios públicos dudosamente competitivos (ej. refinación de combustibles fósiles).

La matriz energética global ha estado mutando hacia recursos renovables incluyendo el sector transporte, cosa que no aconteció en Uruguay y esto da una pauta de lo que puede venir. Al igual que lo que acontece en el sector energético, hay muchos espacios para mejorar el foco de acción pública y claramente diferimos con la idea de cargar las tintas al gobierno, proyectando un panorama negativo, no creemos sea justo el tiempo de sobreabundar en debilidades sino más bien en posibilidades.

No es momento.

Algunos de los planteos de analistas económicos estas semanas han sido demasiado dramáticos, tienen algo de inaplicables, tardíos y quizás también inoportunos.

Tampoco son nuevos y nos hemos explayado con detalle en columnas anteriores, más aún, lo marcamos cuando ciertos análisis realizados por estos mismos actores subestimaban ciertos problemas que podrían habernos conducido a esta situación. Poca gracia le encontramos a abundar en dramatizaciones cuando el entorno externo nos está complicando.

Destacar que en gran medida los problemas nos los generamos nosotros mismos si no respetamos los datos de la realidad, pero también, en una situación como la actual, si no se cuenta con esfuerzo público y privado en conjunto. Para ello todo ello la recuperación de la capacidad de liderazgo del doctor Vázquez y del equipo de gobierno es clave. Todavía estamos a tiempo.

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