Jorge Caumont

Historia a recordar para no repetir

Muy pocos compatriotas pueden negar el progresivo aumento del bienestar de los uruguayos que se extiende ya por once años, desde la salida de la crisis de 2002 tras el canje de la deuda pública el año siguiente.

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Expansión del consumo. Foto: Archivo El País

Indicadores del aumento de las ventas de bienes de consumo básicos pero también de otros, como ser electrodomésticos, televisores y automóviles y hasta de la inversión en inmuebles, reflejan que la población ha alcanzado un mayor grado de satisfacción a través del mayor consumo.

También las ventas de servicios locales y de los que se compran en el exterior, como los de turismo, ilustran esa mejor situación económica personal de los uruguayos. Excepciones existen, pero lo cierto es que hoy la inmensa mayoría está mejor.

Tras estos años y sus resultados, hay cambios en sus determinantes, locales e internacionales, y la continuidad del aumento del bienestar aunque no se revierta, se puede detener. La historia económica uruguaya muestra casos de larga expansión del bienestar de los uruguayos seguida de estancamientos que provocaron cambios en el humor de la población, que trajeron asociadas consecuencias políticas importantes.

Un ejemplo es lo que ocurriera tras la expansión de los años de la Segunda Guerra, de la post guerra y hasta la finalización de la Guerra de Corea.

Son conocidas las causas del persistente aumento del bienestar general desde hace unos años. El incremento del grado de satisfacción de las necesidades y deseos de la población nacional en general, con pocas excepciones se ha debido a la mayor capacidad adquisitiva en el lapso indicado.

Las razones.

Tras la larga decadencia de la economía entre 1999 y 2002 debido a las crisis regionales —devaluación de Brasil primero en 1999 y hundimiento de Argentina luego— nuestro país inició la expansión en 2003. En 2004 fue significativamente alta pero desdibujada por una base de partida sumamente baja. Luego de ese año persistió la expansión que no lograron frenar la sucesión de problemas de las economías avanzadas: dos crisis de Estados Unidos, las crisis económicas y financieras de varios países de la Eurozona que sumieron a toda la región en recesión, y el clásico "steady state" de crecimiento nulo de Japón.

Es más, contrariamente a lo que inicialmente se pensaba, que la recesión en los países avanzados provocaría la disminución de la demanda mundial por productos, una fuerte declinación de los precios internacionales y una reducción del comercio, las consecuencias fueron, en muchos aspectos, diferentes. Las bajísimas tasas de interés que resultaron de políticas monetarias expansivas, apuntando a fomentar el gasto antes que el ahorro, de modo de promover la recuperación de la actividad; el consiguiente deterioro del dólar primero y del euro y del yen después, y el fortísimo aumento de los precios mundiales de los commodities, han sido novedades tan diversas de lo esperado como bienvenidas por los países emergentes y en particular por Uruguay.

No se puede desconocer que el bajo nivel de las tasas de interés en las naciones desarrolladas —en algunos casos negativas en términos nominales— ha jugado su papel de propulsor de la depreciación de sus monedas, del aumento de los precios de los commodities y de la afluencia de capitales hacia naciones emergentes. A ello se le suma el crecimiento y la inversión mundial de China que es un buen complemento pero de ninguna manera la explicación más relevante de los aunque mucho más bajos, todavía altos precios internacionales de muchos productos vinculados al agro como la soja, el maíz, el trigo —más del doble de los promedios históricos— y los de la carne y la lana. Las consecuencias en Uruguay —como en otros emergentes—, han sido la fuerte inversión en construcción; también en el agro, a la que contribuyeron además, medidas argentinas; la inversión extranjera directa —en particular en las plantas de celulosa— y el "carry trade" por diferencial de tasas de interés, más altas en Uruguay que en el exterior, que han estimulado el ingreso de capitales especulativos para usufructuar un rendimiento arbitrado a dólares muchísimo mayor al de los rendimientos de activos en esa moneda.

Simultáneamente operaron la apreciación del peso, el aumento del empleo y del salario real y, sobre todo, factor importantísimo para el mayor bienestar por el tipo de bienes y de servicios que permite adquirir, el poder adquisitivo del ingreso de los uruguayos en dólares. En esa moneda los salarios son hoy 118% más altos que en 2007.

Período similar.

Un período de alto crecimiento y de expansión del bienestar general fueron los años desde 1943 a 1955. En esos doce años la producción local (PIB) creció a un ritmo mayor al 6% anual acumulativo. Los altos precios de los commodities agrícolas; la fortaleza del peso uruguayo y el aumento de los salarios en términos reales y en dólares, todas razones vinculadas a un lapso de dificultades de todos los países avanzados por los enfrentamientos bélicos de la época, están detrás de un período de expansión del bienestar de los uruguayos de tal magnitud que atrajo hasta una fuerte ola de inmigración al país. Sectores como el industrial, la construcción, el transporte y el de servicios públicos (electricidad, gas y agua) crecieron muy por encima del promedio.

Pero luego las condiciones externas variaron, el progresivo mejoramiento del bienestar se detuvo, el humor se revirtió y en 1959 se produjo un cambio de partidos en la administración pública que parecía imposible que sucediera tan solo unos pocos años antes.

Desde hace ya varios trimestres, al menos siete, las condiciones externas que explicaron buena parte de lo ocurrido en nuestro país han venido variando en forma lenta.

Es cada vez más alta la probabilidad de que las tasas de interés comiencen a aumentar y el dólar que ya se ha fortalecido a nivel global, podría tener una apreciación aún mayor por lo que los precios de los commodities pueden caer aún bastante más; el carry trade y las inversiones en construcción y extranjeras directas declinan y pueden tener incluso un comportamiento de mayor cautela y retraerse o posponerse, mientras localmente el dólar sube más que la inflación y los salarios y se observan presiones más fuertes al alza de las tasas de interés locales en moneda uruguaya. Se configura, en consecuencia, un escenario bastante diferente y en el caso de algunas variables, opuesto al de expansión del bienestar general.

Será tarea muy valorada si, con el agregado de la deteriorada situación regional —Brasil y Argentina en recesión— y con las variables anotadas en contra, la conducción económica logra mantener la progresión del bienestar general o, como mínimo, no se le deja declinar. Sin embargo, algunos instrumentos de política macroeconómica no parecen estar en condiciones para usarse de la manera más conveniente en un escenario como el que se dibuja, por lo que ante todo esto solo el tiempo dirá si se repetirá la historia que siguiera a 1995.

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