El Análisis

Hay menos puestos de trabajo

Duración media del período sin conseguir empleo llega en promedio a 8,6 semanas.

La situación del mercado laboral en el tercer trimestre del año confirma el enlentecimiento en el nivel de actividad y un cambio drástico en las condiciones de mercado que, con certeza, serán muy distintas que las observadas entre 2012 y 2014.

Algunas de las características del desempleo actual generan preocupación y se insinúa una tendencia que pone en el centro del debate la determinación de cuáles son las medidas que se pueden tomar para evitar que la sociedad ingrese en un terreno complicado. Del pasado se extrae la conclusión de que los períodos de desempleo alto dejan secuelas importantes en la sociedad y retroalimentan un ciclo de expectativas negativas que posiblemente termine en recesión.

Menos opciones.

La primera manifestación de dificultades es la reducción en la cantidad de puestos de trabajo existentes en la economía. Otra señal de problemas es la caída en la cantidad de horas trabajadas por semana. Por su parte, dentro de los indicadores cualitativos del mercado, también aparecen señales que anticipan un contexto de dificultad social creciente. Por ejemplo, los desocupados exigen cada vez menos para aceptar los trabajos que se les proponen, pero a pesar de esta flexibilidad son cada vez más. Incluso, el período medio de desempleo es cada vez más prolongado.

Comenzando por la tasa de empleo de la economía, se observa una baja en el último año. Esta tasa se puede utilizar para estimar el número absoluto de personas que están trabajando en base a las proyecciones de población que realiza el INE corregidas por los datos del último censo.

La transformación de la tasa a cantidad de personas determina que en la actualidad hay 1.590.000 personas trabajando. Es una cifra que está ligeramente por debajo del promedio en los tres últimos años (1.630.000) y tal como se observa en el primer gráfico del cuadro adjunto el último trimestre viene precedido de una tendencia decreciente trimestre a trimestre.

Hay una especie de escalón hacia arriba el año pasado que hace que la contracción del 2015 aparezca más violenta. Ese escalón es coincidente con lo que ocurre en los años electorales, donde hay otro nivel de movilización en el nivel de actividad privada. Por su parte, en el Estado se ejecutaron varios proyectos intensivos en mano de obra.

La baja en el empleo se produce tanto en Montevideo como en el resto del país (Interior). La tasa actual de empleo en la capital es del 60,1% contra un 61,5% observado un año atrás. Mientras tanto, en el Interior se observa una tasa de 57,2% actual contra el 59,4% pasado.

Horas trabajadas.

La reducción en la cantidad de trabajo que hay en la economía se manifiesta por lo tanto por la menor cantidad de personas ocupadas. A esta baja hay que agregar el efecto de que esas personas están trabajando menos horas en promedio. En efecto, el indicador de horas trabajadas por semana pasa de 39 en el promedio de 2013 a 38 en el tercer trimestre de 2015. En el gráfico ubicado en el medio del cuadro se ilustra la evolución reciente de las horas semanales que trabaja una empleado promedio de la economía y se destacan dos acontecimientos. Por un lado que la tendencia es decreciente año tras año. Adicionalmente, hay un leve escalón a la baja en el tercer trimestre de 2015.

Entre las interpretaciones para este fenómeno con las horas trabajadas surge que las empresas están ajustando a un menor nivel de actividad y a la perdida de condiciones de competitividad de la producción. A esto se debe sumar la rigidez a la baja de los sueldos, sumado a los costos fijos que implica contratar el personal. Esto lleva directamente a que frente a la adversidad del lado de la demanda, se opte en primer instancia por un ajuste por cantidad de horas trabajadas por semana. En estos casos el mecanismo habitual en las empresas es el recorte de la cantidad de horas extra, por falta de necesidad en cuanto a la demanda y para ajustar los costos en lo financiero.

También hay que tener en cuenta el alto costo de capacitar a la gente en sus puestos de trabajo. Por lo tanto es lógico pensar que hay una preferencia de parte de las empresas por mantener la mayor cantidad de personas ocupadas mientras persista la esperanza de recuperar nivel de actividad.

Así como permite ajustar el costo salarial, también impacta a la baja en los ingresos disponibles para gastar en los hogares. El impacto en la demanda no es inmediato pero se empieza a sentir y se retroalimenta el ciclo hacia el enlentecimiento del nivel de actividad.

Desempleo.

Esta evolución impacta en la tasa de desempleo que sube al 7,6% en el promedio del trimestre, pero con un pico del 8% en la medición de septiembre, que estaría marcando que la tendencia al deterioro persistirá. Una de las señales de que no es solo un tema de medición es que hay indicadores cualitativos que dan una pauta de que el problema es general y tiene todavía unos trimestres para desarrollarse.

En las dos gráficas de la parte inferior del cuadro se ilustran conceptos que hacen al desempleo. En primer lugar el tiempo que pasa en promedio una persona sin trabajo está aumentando, dando cuenta que es cada vez más difícil conseguir un trabajo.

En el tercer trimestre del año se pasó a 8,6 semanas como tiempo medio, cuando un año atrás era de tan solo 7,5 y dos años atrás de 7,1. Al mismo tiempo, la demora en lograr un empleo no se debe a que las personas que lo buscan son muy exigentes. Por el contrario, en el segundo gráfico se representa el porcentaje de personas que no consiguen empleo porque lo que encuentran no se corresponde con sus exigencias y claramente es descendente.

Las implicancias de un mercado laboral más lento para las finanzas públicas son directas. Basta considerar que del lado de los ingresos hay un porcentaje muy importante de tributos directos que dependen de la masa salarial.

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