JULIO PREVE FOLLE

Hay que explicarlo

Las cifras de Producto para el año 2015, me permiten volver a llamar la atención, bastante en soledad, acerca de lo ocurrido con la actividad agropecuaria en la última década que, al menos en este sentido, esto es en la cantidad física de producción lograda, ha sido una década totalmente olvidable, quizás perdida.

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El PIB agrícola cayó en 2015 por un menor precio de granos. Foto. AFP

Los datos son muy contundentes. Veamos.

PIB agropecuario.

La gráfica N° 1 expresa la evolución del Producto Agropecuario en volumen físico, en tasas de crecimiento anuales para la década, comparándolo con otros componentes y actividades. El resultado es que el producto agropecuario ha crecido menos que absolutamente todo con lo que se lo quiera comparar: menos que la economía en su conjunto, que los impuestos, que los servicios financieros, que la construcción, que electricidad gas y agua, etc.

La gráfica N° 2, por su parte, expresa cómo se descompone el crecimiento raquítico del agro. La misma muestra que esa tasa triste de 1,4 %, se origina en tasas interesantes para la forestación (8,7 %), o para la agricultura (3,3 %), y un desilusionante guarismo para la ganadería de casi 0 (-0,3 %).

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Es evidente pues que se han confundido todo el tiempo los movimientos en los precios, que subieron y mucho, con los incrementos en la producción que son lo que el BCU difunde, es decir magros en general, y verdaderamente malos en la ganadería.

Quizás lo primero y más importante es empezar por eliminar el tono festivo por la producción del agro de la década. Fue decididamente mala, más aún en comparación con el resto de la economía, y en especial en la pecuaria ha sido muy mala. La suma de todos los crecimientos, ponderada por la participación de cada rubro en el total, da una cifra muy modesta. Hay que destacar que ese magro crecimiento es por ejemplo inferior al del agro en la década del 90 cuando llegó al 2,2 % anual, y logrado en tanto la economía cinchaba bastante menos, o sea 3,2 % contra el 4,7% de esta década para la economía global. Parecería por tanto que hay un desempeño agropecuario general pobre, y mucho peor en la pecuaria. Algunos dirán que todo se explica por el aumento del área agrícola lo que es parcialmente cierto y, en tanto la productividad por hectárea de pastoreo también baja, sigo pensando que el estancamiento está allí para formular más hipótesis.

¿Y la pecuaria?

La pregunta que uno se debe hacer fuera de todo preconcepto es, qué puede haber ocurrido para que la pecuaria, en una década de precios históricamente elevados, con una tasa de interés muy baja junto a abundante oferta de crédito, y con un petróleo por el piso, no haya logrado crecer al menos como en la década de los 90. Recuerdo además que en esa década tuvimos otra situación sanitaria, crisis del Golfo, y petróleo y crédito caros. Uno puede formular la hipótesis de existencia de mejores negocios, y aunque algo de eso habrá por la suerte de la agricultura y la forestación, aún esta respuesta no parece satisfactoria, en tanto el agro como un todo fue decepcionante. Otra posibilidad puede ser la inexistencia de tecnologías de impacto, pero tampoco lo creo. Algunos hablan de una organización empresarial inconveniente, con una estructura de capital en las empresas pecuarias demasiado asociada a la tierra, y algo de eso también debe haber. Pero es en mi opinión imposible soslayar el deterioro que desde el 2006 empezó paso a paso al sistema de reglas, con normas o con amenazas, introduciendo creciente incertidumbre en los agentes económicos, afectando de a poco la confianza en el sistema de precios, y lesionando la libertad empresarial al introducir en todo y para todo ese horroroso instrumento de intervención que ha caracterizado estos gobiernos: el permiso previo, figura máxima de la discrecionalidad estatal.

En la pecuaria se empezó con el asado del Pepe, que pareció gracioso, y siguió con las citaciones a los empresarios a OPP para que coludiéndose bajaran el precio de la carne. Era evidente para algunos que aquella voluntad de no tocar al ganadero para apoyar al consumidor, tan clara desde que se eliminó el stock regulador en el 90 en pleno ajuste fiscal, había terminado. Los precios empezaron a estar "vigilados" también por permanentes intervenciones públicas de INAC y de otras autoridades oficiales. En su momento se amenazó con detracciones y con cambios en la asignación del cupo Hilton; quedó claro pues que la libertad de precios estaba vigilada, justo esta libertad que está en la base del crecimiento del 90 al 2005. Y, más importante aún, la libre exportación de ganado en pie murió porque, como señaló una vez el subsecretario de ganadería, es una decisión política. Por fin están los temas cambiarios, la presión tributaria incrementada sobre la tierra, las tarifas públicas empezando por el combustible, todo debe hacer su contribución para este desempeño pobre. Sin olvidar que las organizaciones modernas de explotación en base a fondos y otras formas no convencionales de propiedad, están de hecho prohibidas para la pecuaria. Cuál elemento es el más importante, aún no se lo puede saber de modo claro.

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