JAVIER DE HAEDO

Hablemos del mercado de trabajo

Más allá de lo que termine sucediendo en cada año, es indudable que hay una relación estrecha entre las tasas de crecimiento del PIB y de la masa salarial, siendo esta el producto de precio por cantidad en el mercado de trabajo, o sea, salario y empleo.

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Empleo: los que buscan son menos que el año pasado. Foto: Gerardo Pérez

Esa suerte de "regla" queda en evidencia, por ejemplo, cuando el MEF realiza sus proyecciones en los escenarios que sirven de base a cada proyecto presupuestal (leyes de presupuesto y rendición de cuentas). Por ejemplo, en el caso del año pasado, el MEF proyectaba para 2016-2019, tasas de crecimiento del PIB de 0,5%, 1%, 2% y 3% respectivamente, junto con tasas de crecimiento de la masa salarial de 0,2%, 1,1%, 2% y 3% respectivamente. Estas últimas, resultado de considerar conjuntamente las variaciones esperadas para cada año en el promedio anual del IMS y en la cantidad de personas ocupadas en todo el país.

Pero esto no sólo se da ex ante, en el terreno de los supuestos de trabajo, sino también en la realidad. Y esto no necesariamente ocurre en cada año sino como tendencia de largo plazo. Así, por ejemplo, en el promedio del período de 32 años iniciado en 1985, el PIB y la masa salarial muestran variaciones casi idénticas, algo por encima del 3% anual, y en sólo cuatro de esos 32 años difieren los signos de las variaciones de ambas variables.

Viene al caso recordar que en ese período se sucedieron gobiernos de tres partidos, hubo booms y crisis y hubo y no hubo consejos de salarios. La regla a la que me refiero no es política, partidaria o ideológica, es simplemente aritmética. "Es la economía, …".

A todo esto, ¿qué sucedió en los últimos dos años? La "regla" se cumplió una vez más: en 2015, cuando el PIB subió apenas 0,4%, la masa salarial tuvo una mínima caída de 0,2% y en 2016, con un crecimiento del PIB de 1,5%, la masa subió 1,3%. En 2015, los salarios subieron 1,6% y la cantidad de personas ocupadas cayó en 1,7%. Los salarios subieron "demasiado" para la realidad de la economía, y se ajustó la cantidad de trabajadores. En 2016, la economía creció 1,5%, casi lo mismo que los salarios (1,6%) y entonces apenas hubo un mínimo ajuste hacia abajo en la cantidad de personas ocupadas (0,2%).

Dicho sea de paso, para este año espero un crecimiento de la economía por arriba de 2%, lo que en principio daría margen para que no volviera a caer la ocupación. Esto, siempre y cuando el aumento del salario real se ubique en torno a ese mismo 2%.

Un segundo tema que quiero abordar, referido al mercado de trabajo, consiste en el comportamiento de las tasas de actividad, empleo y desempleo, que no suelen trasmitirse demasiado bien cada mes cuando el INE difunde sus resultados. Lo primero que se debe señalar es que hay una alta volatilidad en los datos mensuales que releva el INE, lo que hace inconveniente la comparación de los resultados entre meses consecutivos, salvo que se los desestacionalice.

Pero más allá de eso, lo más importante es, para mí, que la variable más relevante para seguir es la tasa de empleo y no la de desempleo. Primero, como vimos en la primera parte de esta nota, es el empleo el que se vincula con el PIB, junto con los salarios. Y segundo, porque la tasa de desempleo no sólo es afectada por las personas que encuentran o pierden su trabajo sino también por las que deciden entrar o salir del mercado de trabajo. Eso se debe a que, a diferencia de las tasas de actividad y empleo, que se refieren a la población en edad de trabajar, la de desempleo se refiere a la población económicamente activa.

Una situación como la descripta es la que ha llevado a la señora Yellen en los EE.UU. a mirar con atención a la definición de desempleo "U-6" más que a la definición habitual ("U-3"), ambas estimadas por el BLS. La U-6, que da algo más de 9% frente a la habitual, que da algo menos de 5%, incluye (entre otros) a los trabajadores que ya no buscan trabajo pero que lo buscaron sin éxito en los últimos 12 meses. Desde el punto de vista de la clasificación de la población son "inactivos" y por lo tanto no son "desempleados", pero su situación es diferente a los de otros inactivos, ya que querrían trabajar y han bajado los brazos en la búsqueda de empleo.

Algo similar sucede en Uruguay, donde la suba de la tasa de desempleo está siendo amortiguada por la salida del mercado de trabajo, de personas que perdieron su empleo.

Comparemos los números (para todo el país) de los cuartos trimestres de 2014 y 2016 para evitar la estacionalidad y la volatilidad de los datos mensuales. En octubre-diciembre de 2014, la TA fue de 65,1, la TE fue de 60,8 y la TD fue de 6,7. Dos años más tarde la TA fue de 63,5, la TE fue de 58,7 y la TD fue de 7,5. Como se ve, hubo una fuerte caída en la tasa de actividad: 1,6 puntos frente a una caída de 2,1 puntos en la tasa de empleo. Una cantidad equivalente a tres de cada cuatro personas que perdieron su empleo, se salieron del mercado de trabajo y pasaron a ser inactivos y no desocupados. Ahora bien, si en el cuarto trimestre de 2016 se hubiera mantenido la TA de dos años antes, la TD habría trepado a 9,8.

En definitiva, bien leídos, los datos del INE sobre los indicadores comentados, describen una realidad del mercado de trabajo que es bastante más complicada que la que habitualmente se maneja. A falta de indicadores alternativos, como los del BLS en EE.UU., un cálculo como el realizado puede aportar algo más de información sobre el tema.

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