ISAAC ALFIE

Grecia y su permanencia en la Eurozona

Quienes habitualmente leen esta columna seguramente recuerden algunos de mis comentarios, hace ya varios años, acerca de la situación de los países conocidos por su acrónimo Piigs (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) y la decisión de permanecer con la moneda común europea, por lo que cierta parte de esta columna les puede resultar un déjà vu.

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recesión en los países de la zona euro será más profunda de lo estimado, según anunció ayer la OCDE.Foto: AFP

La situación real era que como estos países, a los cuáles agregaba Francia como nación relevante y en problemas, necesitaban una reducción de costos, medidos en términos de moneda de intercambio internacional, del orden del 30% (Francia menos, del orden de 15%). Para ello, mi opinión, basada en lo que la ciencia e historia económica enseñan, había una forma más rápida y efectiva, devaluar la moneda porque, el otro camino, la reducción de costos nominales, constituye un lento, desgastante y penoso camino de deflación, probadamente más costoso en términos sociales y muy difícil de sobrellevar bajo democracias liberales. La historia enseña que el ajuste deflacionario, tradicional durante el siglo XIX, donde se sucedían períodos de prosperidad (Marx las denominó "plétoras productivas o de súper producción") seguidos de agudas depresiones, son traumáticos y salvo casos excepcionales sólo sobrellevables bajo gobiernos dictatoriales o reinados pero, cuando la sociedad tiene la posibilidad de decidir, en algún momento terminan cambiando los gobiernos a medio camino.

En la raíz de los recurrentes problemas del siglo XIX estaba su sistema monetario, conocido como patrón oro, donde las monedas locales estaban atadas a un determinado contenido en metal y, por tanto, salvo que dicho contenido disminuya (se devaluaba la moneda y también aumentaban los precios domésticos), el ajuste de costos debía hacerse por la baja de los precios y los salarios hasta volver a llegar al equilibrio. Como ambas variables, precios y salarios, son rígidas a la baja en plazos cortos y medianos, la reducción en el nivel de actividad económica perdura por largo tiempo.

El patrón oro cae con la primera guerra mundial, aunque Inglaterra lo retoma luego de pasada aquella, y de la peor manera al volver a la paridad libra-oro, previa a la conflagración, con precios que habían aumentado bastante. La consecuencia fue que, en pocos años, la crisis era tan grande que debió abandonarla. Pese a lo anterior y la no existencia del citado sistema, la severidad de la crisis de fines de los años veinte obedeció a que los bancos emisores se siguieron comportando como si el sistema permaneciera operando, restringiendo la oferta monetaria. Luego viene un período de devaluaciones competitivas.

El euro.

Al establecerse la moneda común, se establecieron paridades fijas de las monedas nacionales contra ella. En tal ocasión, producto de los fondos estructurales de convergencia que implicaron masivos ingresos de capitales a los países relativamente más atrasados (los Piigs) sin que éstos tuvieran una política fiscal adecuada y la financiación de la reunificación alemana, el marco alemán estaba sub valuado en su paridad de largo plazo, de donde Alemania quedó mejor posicionada en su capacidad de competencia. Más allá de lo anterior, el proceso de transferencias de fondos estructurales para "equiparar" a los países menos desarrollados, siguió unos años más e implicó un encarecimiento relativo adicional de los países receptores. En buen romance, estos países generaron un atraso cambiario producto del diferencial de inflaciones internas frente a los socios principales. Tal como la teoría económica lo explica y predice, esto se da siempre, en la medida en que los países receptores no compensen fiscalmente ese ingreso extra (debían tener superávits fiscales), cosa que no ocurrió y, al final, de 2% por año, con el correr de los mismos, se acumula una brecha de magnitud tal que vuelve insostenible la situación.

Entonces, tal como estaban las cosas, cuando el financiamiento (crédito) se restringe las piedras afloran y hay que volver a la realidad, la fiesta se acaba. La solución es abaratar a los países caros o que los baratos tengan inflación sin que ella se traspase a los caros. Si todos tienen una moneda en común, devaluar la moneda puede ser solución pero, seguramente en algunos países traería inflación no deseada. Casualmente esos países son los más reacios a soportar aumentos generalizados y permanentes en los precios. Ante ello, la salida del euro de los países con problemas para ajustar monetariamente parecía una solución lógica, pero las reestructuraciones de deuda, y en ciertos casos los defaults de esas deudas, serían inmediatos. Alternativamente se hubiera podido formar "una nueva liga", el "súper euro", integrada básicamente por Alemania, Austria, Holanda y Finlandia, aunque países como Andorra, Vaticano, Luxemburgo, Malta, Mónaco, San Marino y algún otro se podrían unir, dejando al euro como hasta ahora y seguramente esto tendría consecuencias mucho menos traumáticas porque se evitarían los defaults de estos países al tiempo que la devaluación del euro licuaba la deuda y el "súper euro", mantenía fortaleza. Políticamente se decidió que eso no era adecuado y por tanto recorrer el camino del ajuste con recesión y baja de precios y salarios. Han pasado ya 5 largos años y las cosas siguen en proceso de ajuste, como era obvio predecir.

Austeridad.

En su momento, hace ya casi tres años, en ocasión de las elecciones en Francia ganadas por su actual presidente Hollande, titulé mi columna "a mí tampoco me gusta la austeridad". Es que Hollande basó su campaña en el disgusto ciudadano por las medidas de austeridad prometiendo acabar con ella para relanzar la economía. Algo intentó hacer al inicio de su mandato sin ningún resultado sobre el nivel de actividad real de la economía, pero los niveles de déficit y la acumulación de deuda acabaron rápidamente con el voluntarismo. Es que el problema estaba, y está, en otro lado. A nadie le gusta ser austero, pero para no serlo en momentos de baja en la actividad económica, se debe tener ahorros acumulados o bajos niveles de deuda, de manera de poder pedir prestado para sostener el nivel de gasto. Nada de esto pasaba en Francia, como no pasó en casi ninguno de los países europeos mencionados. Grecia no es la excepción, su volumen de deuda es enorme y claramente no sostenible con tasas de interés normales, menos si dejan de lado sus planes de austeridad.

Algunos expresan que la austeridad probó que no funciona. Realmente desconozco cuál era el resultado esperado por quienes eso remarcan, pero ciertamente lo que se verificó es lo que la teoría predice cuando un país tiene un régimen monetario tipo patrón oro, está altamente endeudado y las cuentas públicas son deficitarias. No hay otras formas de restablecer el equilibrio y las condiciones de crecimiento y el camino que se elige puede ser más corto o más largo. De hecho si se miran las cifras de Estados Unidos, el gasto público se estancó en 2010 y sólo cayó desde entonces. Flexibilidad y moneda débil fueron las claves de su recuperación.

Arreglo.

Las uniones monetarias requieren de una estricta disciplina fiscal, de la misma manera que lo necesitan las economías "dolarizadas". Es el resultado fiscal el ancla del funcionamiento de cualquier economía y la fuente de estabilidad o descalabro. Si un país es muy grande, como Rusia, Estados Unidos, Brasil o México, aún bajo una estructura de gobierno federal (Federación), la moneda común funciona si el gobierno central es una parte importante de la política fiscal, a la vez de tener la capacidad financiera y la existencia de mecanismos de transferencia y compensación hacia algún Estado miembro ante shocks adversos, pero donde estos Estados pueden entrar en bancarrota si se exceden en el gasto.

Ahora, si lo que se tiene es una Confederación de Estados Soberanos, donde las políticas fiscales son independientes, la violación de las reglas sobre los límites a los desequilibrios son moneda corriente y no existen los citados mecanismos de transferencia y compensación, ante una dificultad mayor no hay manera rápida de salir. Si se desea mantener la Confederación los países "que se portan bien" deben estar dispuestos a poner dinero y no "imponer castigos", lo cual genera incentivos perversos al funcionamiento interno.

En ningún caso las soluciones son indoloras, pero el camino elegido se puede transformar en agonía.

Lo que sucederá en Grecia debemos observarlo con atención. Es posible que quienes ganaron las elecciones cumplan la promesa del default y la salida del euro. El problema mayor no es Grecia, sino la exposición del sistema financiero de otros países al "riesgo griego", así como qué sucederá en otros países con dificultades. Podemos estar ante un período de inestabilidad de corto plazo. Las próximas semanas serán claves y podremos aquilatar las reales consecuencias. En Grecia, al inicio seguirán sufriendo, seguramente más que hasta el momento; luego, si como se presume terminan volviendo al dracma y devaluando, el tiempo de la recuperación dependerá de su disciplina fiscal; si ésta no llega, vendrá la carrera de inflación-devaluación y poco o nulo crecimiento económico, en cambio si llegara (todo lo contrario a la promesa electoral) en unos meses el país comenzará a crecer, aunque deberá resolver el default antes que el proceso gane el dinamismo necesario.

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