Javier de Haedo

Mucho gasto, muy rígido

Si se quiere analizar la evolución reciente de las finanzas públicas hay que definir un punto de partida que sea una razonable base de referencia. Es evidente que no sería una buena base el año 2002, epicentro de la crisis más grande que se recuerda.

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Foto: Google

Ni siquiera dos años más tarde, final de un gobierno, cuando recién se ponía la casa en orden después del terremoto. En ese sentido, me inclino por elegir al año 2008 como base adecuada para efectuar comparaciones y emitir juicios con relación a cifras y desempeños posteriores.

En el año 2008 ya se había saldado la llamada "deuda social" emergente del período 1999-2002. En ese año, el PIB superaba con holgura al del "pico" anterior, de 1998, y los salarios reales públicos promediaban un nivel similar a los de 1998. Tanto 1998 como 2008 no son años electorales, cuando algunos números sufren variaciones abruptas, por lo que son razonablemente comparables. En ambos casos se observaban brechas de producto de proporciones parecidas, si bien en el segundo caso ella se seguiría ampliando hasta encontrar su nuevo pico en 2011. Y en materia fiscal, en esos diez años los ingresos fiscales subieron de 25,8 a 26,9 puntos del PIB, el gasto primario subió de 24,8 a 25,7 puntos del PIB, el resultado primario pasó de 0,8 a 1,4 % del PIB (ambos superávit), y los pagos de intereses casi se duplicaron (de 1,6 a 3,0% del producto) aunque en el camino, en 2004, habían alcanzado el máximo post crisis, de 5,5% del PIB. El resultado fiscal pasó de un déficit de 0,8% del PIB en 1998 a uno de 1,6% en 2008.

En definitiva, hasta 2008 las cosas habían andado mejor de lo previsto, de la mano de un contexto externo inesperadamente favorable e internamente se había aprovechado para "sanar heridas" más rápido de lo que se había pensado. En ello se había invertido el resultado de un muy fuerte viento de cola (iniciado en 2003) y los espacios fiscales adicionales resultantes.

Otra historia comienza en 2009, en un período que inicialmente mantiene y profundiza el contexto externo muy favorable y que luego empieza a atenuarse gradualmente hasta el presente, donde se enfrenta un panorama mixto: positivo por tasas y petróleo bajos y por Argentina cara y negativo por commodities depreciadas, dólar fortalecido y Brasil barato y en recesión.

Comparemos entonces las finanzas públicas de 2008 y 2015 primero a nivel global del sector público y luego entrando en detalles. En estos siete años los ingresos fiscales suben de 26,9 a 28,8% del PIB y el gasto primario (antes de intereses) sube de 25,7 a 28,6 puntos del producto. De un PIB que subió muchísimo, por otra parte, 34% en términos reales. El superávit primario se esfumó, los pagos de intereses rebotaron y están en 3,5% del producto y por lo tanto el déficit fiscal también es de 3,5% del PIB.

Entrando en detalles, el aumento de los ingresos fiscales es resultado de mayores ingresos en el BPS (1,9 puntos) y de un mejor resultado de las empresas públicas antes de inversiones e intereses (1,0 puntos). Los ingresos del gobierno central caen en 1,0 puntos del PIB.

En el caso del aumento del gasto primario, se destaca el incremento del rubro transferencias (2,6 puntos, de los cuales 1,5 puntos se deben al Fonasa), también suben los egresos en pasividades (1,0 puntos) y en remuneraciones (0,4 puntos). Mientras tanto, caen fuertemente las inversiones, en un punto del producto, entre el gobierno central y las empresas públicas.

Finalmente, hay un deterioro en el resultado primario del BSE, de cuatro décimas del PIB, una reducción de medio punto del producto en los pagos de intereses del gobierno central y un muy fuerte deterioro en los pagos de intereses del BCU, que de casi no existir en 2008 pasan a 1,2% del PIB en el año pasado. Este enorme aumento en la cuenta de intereses del BCU se debe a su deuda en moneda nacional, con un stock que creció a lo largo del período referido, y con tasas de interés que también crecieron. No obstante, la cifra de 2015 está "inflada" porque se anticiparon intereses al realizarse pre cancelaciones de deuda. Además, el stock de deuda al cierre de 2015 fue muy inferior al promedio anual, lo que anticipa una fuerte caída en estos pagos de intereses en el año en curso.

En el período analizado, después de 2008, cuando ya se había restablecido la normalidad tras la crisis de 2002, el gobierno aumentó significativamente su presupuesto, en cualquiera de las definiciones que se quiera utilizar, ya sea gasto total, primario o corriente. Lo financió en parte con mayores ingresos y en parte ha dado lugar a un mayor déficit fiscal. Y el presupuesto subió en los principales rubros, todos ellos claramente rígidos a la baja en condiciones normales. Es más, muchos de ellos indexados y con tendencia a crecer en términos reales de manera endógena: salarios, pasividades, transferencias. En ese período, sólo bajaron las inversiones.

Cabe decir que en 2015 el gasto no subió, o bajó, según la definición que se use. Pero esto es habitual en el primer año de cada gobierno. En 2016 entra a regir el nuevo presupuesto y ahí se verá cómo sigue la historia.

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