JORGE CAUMONT

Todo futuro trae reformas

La tasa de empleo que estima el Instituto de Estadística ha caído significativamente en los últimos tres años y medio no obstante el notable incremento de la ocupación en el sector público.

Construcción. La ley de responsabilidad penal empresarial propició que empresas del sector contraten el servicio. (Foto: Archivo El País)
Foto: Archivo El País.

Desde entonces el reflejo en la tasa de desempleo ha sido también notorio pese a la reducción que ha experimentado la oferta de servicios de trabajo por parte de los trabajadores. Existen razones para lo señalado aún cuando muchos puedan pensar que lo que ocurre en el mercado laboral resulta inconsistente con el crecimiento que mantiene la economía uruguaya. Si la economía ha seguido creciendo en estos últimos dos años no parece lógico que simultáneamente se observe el comportamiento señalado en la oferta de trabajo, la demanda por trabajo y en el desequilibrio resultante –el desempleo- que se ha ampliado.

Las razones.

Hay razones que la evidencia empírica muestra que llevan a que el desequilibrio entre cantidad demandada y ofrecida de servicios de trabajo, es decir, que el desempleo se expanda. La demanda por trabajadores por parte de las empresas depende, entre otras cosas, de dos variables fundamentales: del costo que implica para las empresas y del costo que tienen los bienes y servicios e incluso el capital humano que pueden sustituir a los servicios que prestan los propios trabajadores. En cuanto a la primera variable, se observa que desde hace ya tiempo los salarios han venido subiendo a un ritmo que es mayor al que puede estar creciendo el valor de la productividad de los trabajadores que se emplean. Esto se puede deber a que la productividad baja, a que los precios de los productos bajan o a que se esté en un lapso en el que ambas cosas caen. Puesto en otros términos, la cantidad demandada por servicios de trabajo está influida a la baja por el aumento del salario real bien por encima del valor de la productividad del trabajo. Asimismo, en el caso de las empresas que producen bienes y servicios que pueden ser objeto de comercio exterior exportables o sustitutivos de importaciones-, la disminución de la cantidad demandada de trabajadores se debe al notable incremento de los salarios en dólares, muy por encima del aumento de los precios internacionales que reciben o que son los que limitan los aumentos de los precios internos de las firmas que sustituyen importaciones.

Los movimientos anteriores se hacen aún más intensos cuando se considera la existencia, cada vez más marcada, de un aumento de la oferta de sustitutivos de los servicios del trabajo que son relativamente más eficientes que los servicios de trabajadores y, además, de menor costo. Esta evidencia, que provoca la revolución tecnológica de los últimos tiempos y la creciente oferta de esos sustitutivos a precios declinantes por parte de ciertos países China por ejemplo-, desplazan cada vez más a ciertos tipos de mano de obra y de sus servicios, en particular a la que es relativamente menos eficiente. El creciente empleo de estos sustitutivos es impulsado por su mayor eficiencia y menor costo pero también por la discriminación temporal contra el trabajo que se lleva adelante con políticas que impulsan la inversión exonerada de impuestos en relación con los que se deben pagar por la contratación de mano de obra.

En definitiva es claro que a los niveles actuales de salarios en relación con los precios y cantidades de producción por unidad de tiempo de los productos que elaboran quienes les contratan y con la evolución del tipo de cambio en algunos casos así como con los precios y eficiencia relativa de los sustitutivos de los servicios de los trabajadores, la demanda por estos servicios declina y la cantidad demanda de trabajadores baja.

No es muy difícil pensar lo que ocurrirá en el mercado laboral en los próximos años si no hay cambios en las relaciones laborales que son hoy comunes y que una de las partes desea mantener —la sindical— y otra modificar —la empresarial—. Si persisten en el tiempo las condiciones que caracterizan a la demanda y a la oferta en el mercado laboral, lo que resultará será un nivel salarial al cual la primera ratificará un empleo de trabajadores menor a la cantidad de servicios laborales de quienes desean encontrar un puesto laboral. Esa diferencia es el desempleo que, lamentablemente, iría en ascenso y perjudicando en consecuencia a un número de trabajadores mayor al actual. Para que ello no ocurra los cambio a los que se debe apuntar se apartan de la posición que sostienen las entidades sindicales y la central sindical, posición que es comprensible pero cuyos resultados no siempre son los deseados para el mayor número de los trabajadores involucrados. En general pero en especial en instancias como las que se vive, con empleo en tendencia declinante, pesa mucho más el criterio de ajustar salarios de acuerdo con el valor de la productividad del trabajador —y no solo de la productividad—. Ese concepto es el de la productividad valuada en el mercado, es decir multiplicada por el precio del o de los bienes y servicios que el trabajador contribuye a producir. Es entonces inevitable que la negociación salarial se realice a nivel de cada empresa entre el empresario y la entidad sindical de esa empresa. El futuro siempre trae ajustes a la realidad presente: esperemos que sea para bien de las dos partes, para quienes están detrás de la demanda y para los que están detrás de la oferta de los servicios del trabajo.

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