CHRISTIANA FIGUERES*

Un final feliz en la COP23

Los eventos en las conversaciones sobre cambio climático de las Naciones Unidas (COP23) en Bonn, Alemania, mostraron una vez más que la descarbonización global es irreversible e imparable. Resulté muy inspirada y llena de optimismo por las muchas personas que conocí allí.

Buscan un acuerdo contra el cambio climático. Foto: Archivo El País
Foto: Archivo El País

Lo más emocionante fue la declaración de 20 países, 2 estados de EE.UU. y 5 provincias canadienses, que eliminarán gradualmente el carbón para 2030 o antes. Es importante destacar que estas economías, con visión de futuro, se han comprometido a facilitar una transición justa como parte de sus planes. Esta alianza global para eliminar el carbón es una de las señales más fuertes, hasta el momento, de que el modelo económico global basado en el carbón será pronto parte de la historia.

También vimos avances importantes en la agricultura, que ayudarán a tantas comunidades agrícolas a acceder a la ayuda vital de los socios de la ONU para prácticas agrícolas más sostenibles. Diecinueve inversionistas privados comprometieron US$ 2.1 billones para restaurar tierras degradadas en América Latina, mientras que Alemania y Gran Bretaña dijeron que proporcionarán un total combinado de US$ 153 millones para ayudar a frenar la deforestación en la selva amazónica.

Hablé con líderes en transporte, que han trazado la hoja de ruta para la descarbonización, casi completa, del transporte dentro de unas pocas décadas. Compartí el escenario con los gobernadores y los alcaldes de los Estados Unidos, quienes se comprometieron con la causa. A pesar de la intención del gobierno federal de retirarse del Acuerdo de París, ¡ellos todavía están dentro!

También me emocionó ver, entre los muchos anuncios de instituciones financieras y corporaciones, que los bonos verdes ya han superado la marca de los US$ 100 mil millones y que podrían subir a US$ 130 mil millones antes de fin de año.

Las conversaciones en la COP23 crearon conciencia sobre la necesidad de una postura ambiciosa pre-2020 sobre el clima, que es crítica porque no podemos esperar hasta 2020 para tomarnos en serio la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Este año, en todo el mundo, las comunidades han soportado las consecuencias de 1°C de calentamiento. Desde inundaciones desastrosas hasta incendios forestales, en todos los continentes habitados, hasta récord en huracanes y tifones que inundaron las islas y las costas bajas, hasta las sequías que devastaron los cultivos desde África a Sudamérica y Australia. No podemos permitir que las temperaturas sigan subiendo a más de 1.5 °C, y ciertamente que no superen los 2 °C.

Sabemos por el informe Mission 2020, publicado en abril de 2017, que para detener el aumento de la temperatura muy por debajo de los 2 °C, debemos inclinar la curva de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero hacia un declive constante al final de esta década.

Afortunadamente, algunas partes han reconocido que no será suficiente esperar hasta 2020 para aumentar las ambiciosas acciones propuestas. Han entendido que las emisiones deben alcanzar su punto máximo antes de la próxima ronda que se va a llevar a cabo en marzo de 2020. Muchos de los países más vulnerables del mundo y las economías emergentes, incluidos muchos países latinoamericanos, han comenzado a pedir a las naciones ricas que presionen más durante los próximos tres años.

Algunos ya están en camino. Las emisiones están disminuyendo significativamente en 22 países, incluido Estados Unidos, Reino Unido y Francia, aun cuando crece su PIB, creando riqueza, construyendo economía, generando empleos y ayudándoles a acercarse a sus objetivos climáticos. No hay excusa para la inacción.

Los ministros de Medio Ambiente y de Relaciones Exteriores que ahora han dejado Bonn, deben garantizar que la próxima ronda de discusiones de la COP en 2018 —el diálogo de Talanoa— cultive las condiciones adecuadas para aumentar las metas en todos los compromisos nacionales para el 2020.

Más países de América Latina pueden alinearse a líderes con visión de futuro, como ha demostrado serlo Chile, y unirse a la alianza para eliminar el carbón.

Nuestros ministros pueden actuar en respuesta al fuerte mensaje de urgencia que surge de la COP23. La urgencia de la acción inmediata nunca ha sido más clara, y es evidente todos los días en algún lugar del mundo.

Al ritmo actual, entre las reducciones registradas y promesas, hasta 53 países alcanzarán su punto máximo de emisiones para 2020. Esa cifra debe crecer e incluir a las economías más grandes y de crecimiento más rápido del mundo.

Acordamos en París que esta sería la década en que comenzamos a frenar el aumento de las temperaturas y el aumento de los mares. Ahora que nuestros ministros traen a casa los mensajes y los compromisos asumidos en Bonn, debemos hacernos una promesa aún más fuerte: que esta será la década en que el mundo finalmente dará un giro en torno a las emisiones de gases de efecto invernadero, encaminando a la sociedad hacia un mundo más seguro, saludable, justo y próspero.

* Christiana Figueres fue Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático entre 2010 y 2016.

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