PAUL KRUGMAN

¿Festejos republicanos?

Ha habido muchas leyes malas en la historia de Estados Unidos. Algunas de ellas se concibieron mal; unas eran crueles e injustas; otras se promovieron con falsas pretensiones. Algunas eran todo lo anterior junto.

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Donald Trump. Foto: AFP

¿Pero, alguna vez ha habido algo como la Trumpcare, la legislación sanitaria que los republicanos metieron a presión la semana pasada en la Cámara de Representantes? Es una ley diseñada miserablemente, llena de consecuencias involuntarias. Es un desastre moral que le arrebata la atención de la salud a decenas de millones para, principalmente, darle una reducción fiscal de casi un billón de dólares a los muy acaudalados. Lo que realmente sobresale, no obstante, es el nivel orwelliano de la deshonestidad. Hasta donde puedo decir, cada palabra que han dicho los republicanos, de Trump para abajo, sobre su iniciativa de ley —la razón para remplazar al Obamacare, sobre lo que haría su reemplazo y sobre cómo funcionaría— es una mentira.

Antes de recuperar la Casa Blanca, los republicanos atacaron el Obamacare por muchas cosas. Para empezar, dijeron que se aprobó apresuradamente, sin el debido debate.

También dijeron que los estadounidenses estaban recibiendo un trato injusto. Que los deducibles eran demasiado altos, al igual que las primas. Prometieron hacer que bajaran estos costos para proporcionar, como insistió Donald Trump, una cobertura que fuera "menos cara y mucho mejor".

Y, mientras tanto, prometieron conservar las cosas que a la gente le gustaban del Obamacare . No se sacaría a nadie de Medicare; no se le negaría a nadie una cobertura asequible debido a condiciones preexistentes.

Luego llegó la realidad de la legislación republicana. El Obamacare se debatió y analizó durante muchos meses; el Trumpcare se armó con tanta rapidez que es difícil creer que quienes votaron a favor hayan tenido tiempo de leerla. Y, claro, se presionó su aprobación en la Cámara de Representantes sin que la Oficina Congresal de Presupuesto tuviera oportunidad de calcular sus costos, efectos en la cobertura o cualquiera otra cosa.

Aun sin el análisis propiamente dicho, no obstante, está claro que el Trumpcare rompe cada promesa que los republicanos hicieron alguna vez sobre la salud. Aumentarán los deducibles en lugar de bajar, ya que las aseguradoras estarán en libertad de ofrecer una cobertura de menor calidad. Es posible que bajen las primas para un puñado de jóvenes sanos y acaudalados, pero aumentarán y, en muchos casos, será mucho lo que suban para quienes son mayores (porque se incrementará el rango de edades), están más enfermos (porque se eliminará la protección en contra de la discriminación basada en la historia clínica) y son más pobres (porque se reducirán los subsidios). Muchas personas con condiciones preexistentes encontrarán que el seguro está totalmente agotado o totalmente fuera de su alcance financiero.

Lo realmente importante, no obstante, no es solo darse cuenta de que los republicanos están rompiendo sus promesas, sino que lo están haciendo con toda intención. Este no es uno de esos casos en los que la gente trata de hacer lo que dijo que haría. Se trata de un acto de traición deliberada: todo sobre el Trumpcare está diseñado específicamente para hacer exactamente lo opuesto a lo que Trump, Paul Ryan y otros republicanos dijeron que se haría.

Lo que plantea dos interrogantes: ¿por qué están haciendo esto y por qué piensan que se pueden salir con la suya?

Parte de la respuesta a la primera pregunta es, presumiblemente, avaricia simple. Decenas de millones perderían el acceso a la cobertura médica, pero —según estimaciones independientes de una versión anterior del Trumpcare— la gente con ingresos de más de un millón de dólares, se ahorraría un promedio de más de 50.000 dólares al año.

Y hay una poderosa facción dentro del Partido Republicano para la que reducir los impuestos a los ricos es, más o menos, lo único que importa.

En cuanto a por qué creen que se pueden salir con la suya: bueno, ¿acaso la historia reciente no está de su lado? La forma en que el Partido Republicano ajustaría la atención de la salud para la clase trabajadora blanca en particular, ha sido obvia de tiempo atrás, y, con todo, muchas personas que estaban seguras de perder, a lo grande, votaron por Trump de cualquier forma.

¿Por qué los republicanos no deberían creer que pueden convencer a esos mismos electores de que las cosas terribles que pasarán si el Trumpcare se convierte en ley serán, de alguna forma, culpa de los liberales?

Y, para el caso, ¿cuán confiados están en que los medios de la corriente dominante se resistirán a la tentación de estar de los dos lados, con la urgencia de producir un reporteo "equilibrado" que borra la horrenda realidad de lo que hará el Trumpcare si entra en vigor?

En cualquier caso, seamos claros: lo que acaba de pasar con la atención de la salud no debería tratarse como tan solo otro caso de negociaciones políticas cínicas. Y podría ser la forma de las cosas por venir.

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