Paul Krugman

Fallo en políticas urbanas

Se debe instrumentar una reglamentación que evite o minimice los riesgos en los centros urbanos

El presidente Trump comprometió una ayuda total para responder a la emergencia.
El impacto del cambio climático.

Las aguas están retrocediendo en Houston, e inevitablemente, es tema de interés nacional. Pero Harvey dejará una gran cantidad de destrozos detrás, algunos de ellos invisibles.

En particular, todavía no sabemos cuánto veneno ha sido liberado por la inundación de plantas químicas, vertederos de basura, y más. Pero es un hecho que más personas morirán finalmente de las toxinas que Harvey deja atrás que las que murieron durante la tormenta misma.

Y si confías en que la administración actual maneje las consecuencias de Harvey, tengo un título de la "Universidad Trump" que quizás quieras comprar. Ya hay signos de abandono: muchos sitios de desechos tóxicos están inundados, pero la Agencia de Protección Ambiental está visiblemente ausente.

De todos modos, Harvey fue un desastre épico. Y fue un desastre provocado, en gran parte, por mala política. Como muchos han señalado, lo que hizo a Houston tan vulnerable a las inundaciones fue el desarrollo rampante, no regulado. Dicho de otra manera: Gran Houston todavía tiene menos de un tercio de personas que Nueva York, pero cubre aproximadamente la misma área y probablemente tiene un porcentaje menor de tierra que no ha sido pavimentada o construida.

La expansión de Houston le dio a la ciudad un tráfico terrible y una gran huella de contaminación, incluso antes del huracán. Cuando llegaron las lluvias, la vasta zona pavimentada significaba que las aguas ascendentes no tenían dónde ir.

¿Es el desastre de Houston una lección sobre la importancia de la regulación del uso de la tierra urbana, de no permitir que los desarrolladores construyan lo que quieran donde quieran? Sí, pero...

Para entender porqué el "pero", hay que considerar el tipo diferente de desastre que tiene lugar en San Francisco.

Donde Houston ha sido famosa por su virtual ausencia de regulaciones en la construcción, San Francisco es famosa por su Not In My Back Yard (no en mi patio trasero), sentimiento para evitar la construcción de viviendas nuevas. La economía de Bay Area ha crecido en los últimos años, principalmente gracias al Silicon Valley; pero muy pocas unidades de viviendas nuevas se han agregado.

El resultado ha sido la suba de los alquileres y los precios de las viviendas. La renta mensual mediana en un apartamento de un dormitorio en San Francisco es más de U$S 3.000, el más alto en la nación y aproximadamente triple al alquiler en Houston; el precio medio de una casa unifamiliar es de más de U$S 800.000.

Y mientras que la geografía —la restricción impuesta por el agua y las montañas— se ofrece a menudo como una excusa para el fracaso del Área de la Bahía para construir más viviendas, no existe una buena razón para no construir. La vivienda en San Francisco es ahora mucho más cara que en Nueva York, así que ¿por qué no tener más edificios altos?

Pero la política ha bloqueado ese tipo de construcción, y el resultado es la vivienda que está fuera del alcance de las familias trabajadoras comunes. En respuesta, algunos trabajadores se involucran en desplazamientos extremos desde lugares asequibles, gastando hasta cuatro horas en cada sentido.

Houston y San Francisco son casos extremos, pero no tanto. Resulta que las grandes áreas metropolitanas de Estados Unidos están bastante divididas entre las ciudades del Sun Belt donde hay algo como Houston o Atlanta y aquellas en la Costa Este o Oeste como San Francisco o, en menor medida, Nueva York. (Chicago es una ciudad enorme con un desarrollo denso, pero relativamente bajos precios de la vivienda: ¿tal vez tiene algunas lecciones para enseñar?)

El punto es que este es un área política donde "ambos lados se equivocan" —una afirmación que usualmente desprecio— resulta ser correcta. El Not In My Back Yard es malo para las familias trabajadoras y la economía de EE.UU. en su conjunto, estrangulando el crecimiento precisamente donde los trabajadores son más productivos. Pero el desarrollo irrestricto impone grandes costos en forma de congestión del tráfico, contaminación y de vulnerabilidad al desastre.

¿Por qué no podemos conseguir la política urbana correcta? No es difícil ver lo que deberíamos hacer. Debemos tener una regulación que evite riesgos claros, como la explosión de plantas químicas en medio de barrios residenciales donde se conserva una buena cantidad de terreno abierto, pero se permite la construcción de viviendas.

En particular, debemos fomentar la construcción que se aprovecha de la tecnología del transporte masivo más eficaz aún concebido: el ascensor.

En la práctica, sin embargo, la política con demasiada frecuencia termina siendo capturada por los grupos de interés. En ciudades en expansión, los promotores inmobiliarios ejercen una influencia desmesurada, y cuanto más se extienden estas ciudades, más poderes obtienen los desarrolladores. En las ciudades de Not In My Back Yard, el aumento de los precios hace que los propietarios ricos estén aún menos dispuestos a dejar entrar a los recién llegados.

¿Puede el país salir de estas trampas políticas? Tal vez. En los estados azules (demócratas) donde las ciudades construyen muy poco, hay un creciente movimiento político que pide más abastecimiento de vivienda. Hasta ahora, ha habido mucha menos evidencia de dudas sobre el desarrollo no administrado en los estados rojos (republicanos), pero Harvey puede servir como un despertador.

Una cosa es clara: manejar la tierra urbana es un tema realmente importante, con grandes impactos en la vida de los estadounidenses.

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