Conviene apostar a favor de España

Europa necesita de buenas políticas, no de revoluciones

El economista español José Carlos Díez advierte que Europa necesita de un buen plan de obra pública, dice que el gobierno de su país "niega la realidad" y se muestra muy poco optimista respecto a Grecia.

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José Carlos Díez.

LUIS CUSTODIO - [email protected]

El profesional se presenta esta semana en Montevideo, invitado a participar en varias conferencias. Es uno de los economistas españoles más influyentes del momento, licenciado en la Universidad de Alcalá, donde es docente e investigador. Fue docente en la escuela de negocios Icade y economista jefe de la sociedad de valores Intermoney. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuál es su actual diagnóstico a propósito del presente de la Unión Europea?

—Tras la segunda guerra mundial, la Unión Europea se convirtió en un proyecto de paz y de progreso. Pero la crisis del euro y la crisis de deuda han puesto a prueba los cimientos. Europa debe avanzar en la unión fiscal y política o corre el riesgo de retroceder y dejar de ser un proyecto de progreso.

—¿Cuál es el mayor riesgo?

—Durante décadas la Unión Europea permitió mejorar el bienestar de los ciudadanos. Desde 2007 la tasa de desempleo está en máximos históricos, especialmente para los jóvenes europeos. El proyecto ha sido un gran avance para superar el desastre de dos guerras mundiales, pero debe resolver los problemas de los europeos o el proyecto sufrirá. Necesitamos un renacimiento europeo que vuelva a poner al hombre en el centro de las decisiones

—Austeridad y ahorro se han convertido en dos conceptos "de hierro" en el discurso europeo. ¿Está por allí la salida?

—Es un relato moral erróneo. España tenía un superávit fiscal del 2% del PIB en 2007 y la deuda pública al 38%. El problema fue la deuda privada financiada con ahorro del norte, principalmente de Alemania, cuyos bancos no encontraban oportunidades de inversión dentro de su propio país. El exceso de austeridad en 2010 fue un error, como ha reconocido la propia Troika, que ha dado más tiempo a los países desde 2013 para cumplir los objetivos de déficit y hacer un ajuste más gradual.

—¿Qué costos tendrá "seguir los mandamientos" de la Troika?

—La Troika ha cambiado, a fuerza de cometer errores. Incluso a Grecia en el reciente programa de rescate le han suavizado el ajuste fiscal en 2015 y 2016, conscientes de que la economía está destruyendo empleo y un ajuste excesivo sería perjudicial. Es también, una lección válida para Latinoamérica ahora. Cuando se hunden los precios de las materias primas y de las exportaciones e ingresos públicos se debe hacer un ajuste fiscal. Pero "pasarse de frenada" es perjudicial.

—¿Qué países se han pasado "en la frenada"?

—Todos los países europeos se pasaron de frenada de ajuste fiscal en 2011 y 2012. El ajuste superó lo que las débiles economías podían soportar, se hizo en todos los países a la vez amplificando el efecto y sin compras de deuda del BCE y con elevada tensión en los mercados y en la restricción de crédito. Los tres elementos tuvieron un impacto brutal sobre el empleo

—Usted ha escrito a favor de un plan de inversión pública en los países con elevada tasa de desocupación. Eso colide con el discurso sobre la austeridad. ¿Es posible hacerlo?

—Europa quiere vivir de las exportaciones pero el mundo se ha parado. Ya hay un Plan Juncker (por el plan de inversiones presentado por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker) pero está mal diseñado y es necesario que incluya inversión pública en países con elevada deuda y desempleo. España, por ejemplo, con un 6% de déficit y 100% de deuda pública sobre PIB no tiene margen para aprobar planes de estímulo pero su tasa de desempleo, sobre todo juvenil sigue siendo demasiado elevada. Y luego, países con superávit exterior como Alemania deberían aprobar planes de inversión pública y rebajar impuestos para reactivar el consumo privado.

—¿Hay señales que se siga por ese camino?

—Ninguna señal de momento. Los datos del segundo trimestre han sido muy malos con el consumo privado y la inversión estancadas en Francia y Alemania. De momento las exportaciones alemanas gracias a la depreciación del euro tras la compra de deuda del BCE no se han visto resentidas. Pero pronto empezarán a caer y veremos si hay reacción.

—La Europa post crisis generó diversos movimientos a izquierdas y a derechas, que se proponen como la solución para acabar con el statu quo. ¿Cuán peligroso resulta, teniendo en cuenta que muchas veces son movimientos nacidos del rechazo, sin ideología y propuestas concretas?

—Un tercio del parlamento europeo está ahora formado por estos partidos emergentes. Y se producen situaciones absurdas como ver a una fascista como Le Pen apoyar a un comunista como Tsipras por el referéndum que convocó in extremis. Le Pen propone sacar a Francia del Euro y cerrar fronteras acabando con la libertad de personas, un pilar estructural de la Unión. En España Podemos tenía propuestas similares a las de Syriza y el fracaso de Tsipras en Grecia les ha hecho daño y han perdido la mitad de los votos que tenían en las encuestas en enero antes de la victoria de Syriza, y ya no son alternativa de gobierno. Europa no necesita revoluciones. Necesita buenas políticas y buenos políticos para liderarlas.

—Si tuviera que elegir ejemplos de buenas prácticas y liderazgos hoy en Europa, a dónde apuntaría?

—El presidente del BCE, el italiano Mario Draghi es el principal líder del proyecto europeo en estos momentos. Es paradójico que sea un técnico el que asuma el liderazgo político europeo. Esperemos que los líderes de los países estén a su altura.

—¿Cuál es su visión sobre la situación de España en particular?

—Bruselas nos permitió más tiempo para cumplir el objetivo de déficit y en 2013 acabó la austeridad. Esto, junto a tasas al 0%, compras de deuda del BCE y baja del petróleo han permitido sacar a la economía de la recesión. Pero los salarios siguen estancados, la recaudación del Estado apenas crece y la deuda pública sigue expandiéndose, lejos de la senda de estabilidad. Cuando el BCE deje de comprar deuda el próximo año, si no ha cambiado la política económica europea, tendremos problemas de nuevo para financiar la deuda. Y si la crisis financiera internacional de estas últimas semanas sigue aumentando de intensidad, los problemas pueden llegar incluso antes.

—¿En qué nivel se asume desde la administración española los riesgos de esta realidad?

—El gobierno está en campaña electoral y en negación absoluta de la realidad. Está diciendo las mismas cosas que decía Rajoy en la campaña de 2011 que nos llevó al rescate de los socios europeos. Deja el déficit público al 6%, la deuda pública al 100%, un ajuste fiscal por hacer para el próximo gobierno y el viento ahora viene de frente con la crisis financiera internacional y el frenazo del crecimiento europeo. 2016 será un año muy complicado para España

—¿Cómo dimensionar el costo social de una crisis y sus consecuencias para España, donde se perdió no solo empleo, sino también calidad de vida, derechos sociales, etc.?

—Esta es la gran cicatriz de la crisis. Hay un 50% de "parados" que ha perdido la prestación por desempleo y los jóvenes se incorporan al mercado de trabajo con salarios muy bajos y condiciones muy precarias. Visto desde Latinoamérica, sigue habiendo mucha protección en España pero llevamos muchas décadas sin soportar niveles de pobreza severa tan elevada y ahora la crisis social y política es más complicada de resolver que la económica.

—¿Se puede hablar de una generación de españoles comprometida en sus niveles de educación, salud y bienestar en general? ¿A qué nivel llegan las consecuencias en el terreno social?

—Cuando yo salí de la universidad también me dijeron que seriamos una generación perdida. Hoy hay un 60% más de empleo que entonces a pesar de la crisis. El futuro está por escribir y España cuenta con excelente capital humano, excelentes infraestructuras y buena localización geográfica cerca de Europa y Norte de África y Oriente Medio. Tenemos un problema de deuda que nos costará digerir, pero no conviene apostar en contra de la economía española. Desde 1960 siempre ha superado los pronósticos.

Es una economía con elevado potencial de crecimiento. Desde 2013, con un mínimo de estabilidad, lo ha vuelto a demostrar.

En Grecia, una la luz al final del túnel es otro tren de frente

-¿Qué salida tiene Grecia, luego de la convocatoria a elecciones y los acuerdos alcanzados con la Troika?

-Salirse del euro tiene elevado costos, pero quedarse sin conseguir compartir las ventajas del resto de los socios, sobre todo tasas de interés y acceso al BCE, puede ser aún peor. Grecia tiene además un grave problema de competitividad, con una productividad por hora trabajada que se ubica en la mitad que Alemania. Y encima parece que la escisión de Syriza va a complicar mucho la gobernabilidad del país. En Grecia, cuando ves la luz al final del túnel es otro tren que viene a arrollarlos.

-¿Era viable una respuesta diferente a los planteos de Europa por parte de Grecia?

-La única opción era salir del euro. Si Tsipras no iba a salir fue un suicidio colectivo no negociar un mejor tercer rescate en febrero como le ofrecía Francois Hollande y Matteo Renzi. Ahora han negociado con una intensa fuga de depósitos, un corralito, destrucción de empleo y aumento de la pobreza. El conflicto provocado por Tsipras y Varoufakis ha sido totalmente innecesario.

-¿Qué consecuencias tiene para Europa la situación por la que está atravesando China?

-Europa es el principal cliente de China y el frenazo europeo ha provocado el frenazo chino. Ahora el frenazo chino, frena a Latinoamérica y países emergentes que son grandes clientes europeos y nos acaba afectando. Es lo que tiene globalizarse. Por eso ahora es más necesario el plan europeo de inversiones.

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