Paul Krugman - Profesor de Economía, Economista internacional en Nueva York

Errores en la Bolsa de Beijing

China es gobernada por un partido que se hace llamar comunista, pero su realidad económica es de un capitalismo rapaz de compadrazgos. Además, todos han estado dando por hecho que los dirigentes de la nación están al tanto de la broma, que ellos saben que no es bueno tomar con seriedad su ocasional retórica socialista.

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Shanghai. Fue la primera Bolsa del mundo por número de OPV este trimestre. Foto: AFP:

Sin embargo, sus zigzagueantes políticas a lo largo de los últimos meses han sido preocupantes. ¿Acaso es posible que después de todos estos años, Beijing aún no comprenda cómo funciona esta cosa de los "mercados"?

La economía de China está desequilibrada en extremo, con un porcentaje muy bajo del PIB dedicado al consumo y un porcentaje muy alto dedicado a la inversión. Esto fue sostenible mientras el país fue capaz de mantener un crecimiento extremadamente acelerado; sin embargo, de manera inevitable, el crecimiento se está desacelerando a medida que China se va quedando sin mano de obra excedente. Debido a esto, los dividendos sobre la inversión están cayendo rápidamente.

La solución consiste en invertir menos y consumir más. Sin embargo, llegar a ese punto requerirá de reformas que distribuyan los frutos del crecimiento más ampliamente y provean a las familias de mayor seguridad. Y si bien China ha dado algunos pasos en esa dirección, aún tiene mucho camino por andar.

El problema está en cómo sostener el gasto durante la transición. Y es ahí donde las cosas se han puesto raras. Al principio, el gobierno chino apoyó a la economía a través de gasto en infraestructura, lo cual es el remedio estándar para la debilidad económica. Sin embargo, también lo hizo al canalizar crédito barato a empresas paraestatales.

El resultado fue un aumento en su deuda, que para el año pasado había subido lo suficiente como para suscitar inquietudes sobre la estabilidad financiera.

Después, China adoptó una política oficial de darle impulso a los precios de las acciones, combinando una campaña propagandística de compra de acciones con relajados requerimientos de márgenes, facilitando la compra de acciones con dinero prestado. El objetivo pudo haber sido ayudar a esas empresas paraestatales, las cuales podían reducir la deuda mediante la venta de acciones. Pero la consecuencia fue una burbuja evidente, la cual empezó a desinflarse previamente.

La respuesta de las autoridades chinas fue notable: hicieron todo lo que pudieron por apoyar al mercado: suspensión de transacciones de muchas acciones, prohibición de ventas en corto, presión sobre grandes inversionistas para que compraran, etc.

Todo lo anterior ha estabilizado el mercado por el momento. Sin embargo, es al costo de atar la credibilidad de China a su capacidad para impedir que los precios de acciones caigan alguna vez. Además, la economía sigue necesitando más respaldo.

Así que finalmente China decidió permitir que el valor de su divisa descendiera, lo cual tuvo cierto sentido: Si bien el renminbi claramente fue subvaluado hace cinco años, está considerablemente sobrevaluado actualmente. Sin embargo, todo parece indicar que las autoridades chinas han imaginado que podrían controlar el descenso del renminbi, llevándolo a 2%.

Es como si hubieran sido tomados totalmente desprevenidos por la predecible reacción del mercado; esto es, la primera devaluación del renminbi fue "la primera mordida a la cereza", señal de caídas mucho mayores por venir. Los inversionistas empezaron a huir de China, al tiempo que legisladores giraron abruptamente de la promoción de la devaluación de la divisa a un esfuerzo total por apuntalar el valor del renminbi.

El tema en común en estas salvajes oscilaciones de política es que la dirigencia de China sigue imaginando que puede darle órdenes a los mercados, decirles qué precios deben alcanzar. Y no es así como funcionan las cosas.

No estoy diciendo que los gobiernos nunca deberían interferir con los mercados, o siquiera fijar límites a los precios. Hace tres años, la promesa del Banco Central Europeo de "hacer lo que haga falta" para salvaguardar al euro —interpretado generalmente como una promesa en el sentido que compraría bonos gubernamentales si era necesario— obró maravillas. De vuelta en 1998, la Autoridad Monetaria de Hong Kong compró grandes cantidades de acciones para derrotar un ataque de un fondo de cobertura sobre su divisa, y se apuntó un notable éxito.

Sin embargo, estas acciones fueron efímeras, tomadas en momentos en que los mercados parecían haber perdido el rumbo. Eso es muy diferente al tipo de intervención sostenida y dictado político de precios que China, a todas luces, imagina que puede lograr. ¿Realmente no entienden los dirigentes del país por qué eso no funcionará?

Si realmente no lo entienden, eso es una gran preocupación. China es una superpotencia económica… aún no del todo tan súper como Estados Unidos o la Unión Europea, pero del tamaño suficiente para tener mucha importancia. Además, está ante tiempos difíciles.

Así que si su dirigencia realmente no tiene ni idea, como ha parecido en últimas fechas, eso no presagia nada bueno; no solo para China, sino para el mundo en general.

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