LUCILA ARBOLEYA

Enseñar no es lo mismo que aprender

Hace un par de décadas, el objetivo educativo global era llevar a los alumnos a las aulas, y Uruguay lo logró. Pasamos de tener cuatro años de escolaridad promedio en 1950, a ocho años en 2010. Uruguay está primero en el ranking de cobertura en educación primaria, con casi un 100%.

La mitad de los profesores eligió en 2015 los mismos liceos que un año antes. Foto: Archivo
Foto: archivo El País.

Sin embargo, estamos entre los últimos en cobertura de educación secundaria, entre El Salvador y Honduras.

Esto sucede, además, en un contexto donde en los últimos años hay más docentes y menos alumnos en ciclo básico de secundaria; por lo tanto, se ha reducido considerablemente el promedio de estudiantes por grupo. De 31 alumnos por grupo en 2007 a 26 alumnos por grupo en 2015 (1). Aún así, seguimos expulsando a estudiantes del sistema, y tampoco han mejorado los resultados de los que se mantienen.

Pero si miramos de forma más detallada, vemos que mientras que la matrícula de estudiantes ha bajado y el número de docentes ha subido entre 2007 y 2015, también ha aumentado el número de grupos y los docentes están tomando más horas (2).

¿Pero, cómo es posible que haya menos alumnos por profesor y sigamos con resultados magros en ciclo básico?

A pesar de lo que se creía hace un par de años, la evidencia económica más reciente muestra que el tamaño de la clase no es un factor determinante para el aprendizaje de los alumnos. Ni tampoco para mantener a los alumnos en las aulas. De hecho, la evidencia reciente muestra que son justamente las interacciones entre el docente y los alumnos el factor que —dentro de la clase— más contribuye al aprendizaje (3).

De todas formas, si bien los expertos concuerdan en que los profesores y maestros son un factor clave para el aprendizaje de los estudiantes, no necesariamente hay consenso en cuanto a qué cosas concretas hacen que un profesor o maestro sea eficaz en transmitir conocimiento, capacidad de análisis, y pensamiento crítico, entre otras cosas. Todavía tenemos que entender qué es lo que pasa, cómo se "transforman" los insumos educativos en más aprendizaje para los alumnos.

Entender esto es clave, porque es en función de estas "cosas" que luego debe ajustarse también la formación docente.

El último informe sobre el estado de la educación en Uruguay 2015-2016, publicado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd), muestra que los docentes consultados en la encuesta nacional docente de 2015, "señalan no haber recibido enfoques y metodologías educativas adaptadas a las necesidades de una tarea que se desarrolla en contextos heterogéneos, atenta a las demandas que implican la inclusión, la atención a la diversidad del alumnado y la multiplicidad de "dificultades de aprendizaje". Asimismo, destacan la escasa formación en competencias para el uso de tecnologías de la información y la comunicación como herramientas para estimular el aprendizaje de los estudiantes."

Personalmente, creo que dar clases ha sido uno de los trabajos más difíciles que me ha tocado, sino el más difícil. Preparar las clases de antemano, enseñar, mantener la atención de los alumnos, buscar que participen, evaluar (en tiempo real) si los alumnos están entendiendo, si entienden a ritmos diferentes, responder preguntas inesperadas, corregir exámenes… Y todo eso sin mencionar lo más fundamental: transmitir conocimiento de forma efectiva y ayudarlos a razonar.

Entender qué pasa entre lo que explica el profesor y lo que aprende el alumno no es sencillo. Tampoco es algo que parece tener una respuesta clara o única. Pero algunos países, como la famosa Finlandia, han hecho avances significativos en esta área.

Más allá de la complejidad, hay que seguir intentando y hay que enfocarse en los resultados. Lograr atraer a los alumnos a las clases fue el primer paso. Todavía hay que trabajar en eso en secundaria, pero además, hay que enfocarse en aprender. Ese debe ser el objetivo.

El último Informe de Desarrollo Global publicado este año por el Banco Mundial se enfocó en educación, y uno de sus mensajes principales es que enseñar no es lo mismo que aprender, y la enseñanza sin aprendizaje no es sólo una oportunidad desperdiciada, sino también una gran injusticia.

El informe plantea entonces tres soluciones a una situación como la de Uruguay: (1) evaluar los aprendizajes (resultados, no insumos), para que sea una meta en serio; (2) responder a la evidencia, para que las instituciones educativas funcionen para los alumnos, y (3) alinear los actores, para que el sistema permita el aprendizaje.

Parece haber consenso en que la falta de resultados en el aprendizaje es un problema. Parece haberlo también en que revertir la situación es importante. Hay que empezar entonces a mirar por el lado de la solución —ayudándonos de la evidencia que existe de otros países— modelando con casos de éxito, evaluando más experiencias en Uruguay, etc. Cambiar el paradigma y poner la mira en el aprendizaje.

(1) "Informe sobre el estado de la educación en Uruguay 2015 2016," INEEd.

(2) Informe INEEd 2015 2016, fuente: anuarios del MEC. Gráfico 3.5.

(3) Hamre et al., "Evidence for General and Domain-Specific Elements of TeacherChild Interactions: Associations With Preschool Childrens Development," 2014

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