JAVIER DE HAEDO

Enigma para sorprendidos

Patrick Quentin fue uno de los seudónimos que un conjunto de escritores de novelas de detectives utilizó a finales de la primera mitad del siglo pasado y que se hizo popular por la serie de "Enigmas".

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Siete firmas se presentaron a la licitación. Foto: Archivo El País

Esa serie, que conocí por mi padre y aún conservo, me vino a la memoria a raíz de la "sorpresa" que manifestó el ministro de Trabajo ante el aumento del desempleo que informó el INE al divulgar las cifras de marzo de la encuesta de hogares.

Un verdadero enigma el que parece tener el ministro, que no termina de comprender lo que está sucediendo. Imagino que igual sentimiento ha de abarcar a los dirigentes sindicales más conspicuos y a su think tank. La razón de su sinrazón radica en que todos ellos tienden a creer que el salario real debe evolucionar de manera similar al PIB, cuando en realidad la relación correcta incluye al empleo. Es decir que cabe esperar que la evolución del PIB acompañe a la suma de las variaciones de salario y empleo, o sea precio y cantidad en el mercado de trabajo.

Reiterado.

Poco cabría agregar aquí y ahora cuando no hace mucho tiempo publiqué una columna sobre este mismo tema (lunes 3 de abril, "Hablemos del mercado de trabajo") y especialmente después de leer la estupenda columna de Jorge Caumont el lunes pasado ("Desempleo y salarios al alza"), una verdadera clase sobre el tema. Sin embargo, en un caso como el planteado creo que corresponde "llover sobre mojado", dado que ese error cuesta caro: si se excluye al empleo de la cuenta, entonces las políticas no coadyuvarán a su crecimiento y todo el aumento del PIB se lo llevará el salario. En ese caso, seguirá mejorando, a mayor o menor ritmo, el salario real, pero sólo el de aquellos que conserven su trabajo, y quedarán al costado del camino quienes pierdan su empleo. Vale recordar que en 2015 se perdieron 33 mil puestos de trabajo, el año pasado otros tres mil, y en el primer trimestre otros 23 mil (frente a 6 mil en igual trimestre de 2016).

La "cuenta" referida considera por un lado a las variaciones en el PIB y por otro a las variaciones en empleo y salario real y más allá de que la igualdad entre ambos términos pueda no cumplirse año a año, sí se cumple como tendencia de largo plazo. En nuestro país, si consideramos el período iniciado en 1985, con gobiernos de diferentes partidos, distintas reglas de juego en el mercado de trabajo y diversas situaciones en materia de ciclo económico, ambos términos de la cuenta arrojan variaciones medias parecidas y algo superiores al 3% anual. Con el empleo creciendo entre 1% y 1,5% anual, el salario real ha crecido en promedio al 2% anual.

Dicho sea de paso, esta misma cuenta es tenida en consideración por el MEF cada vez que envía al Parlamento sus proyecciones sobre el escenario económico para los años siguientes y, obviamente, se refleja adecuadamente el "reparto" del mayor PIB entre precio y cantidad de trabajo.

Ahora bien, entre las múltiples reacciones que hubo a partir de la difusión de aquellos datos, hubo algunas que pretendieron atenuar su significado negativo, bajo el argumento de que los sectores que actualmente están impulsando la aceleración de la economía no son empleadores de mano de obra. En realidad este argumento juega en el sentido opuesto al que se lo pretendió hacer jugar. Si los sectores que crecen no generan empleos, entonces el crecimiento del PIB en el resto de la economía es obviamente peor que en el promedio y por tanto la conclusión es todavía más contundente: en el resto de la economía los salarios reales están creciendo todavía más que el PIB respectivo y entonces es más entendible aún la pérdida de puestos de trabajo. Los sectores que crecen no aumentan empleo y los que no crecen los reducen. El salario real crece "demasiado" en el promedio de la economía y todavía más en los sectores rezagados.

¿Y ahora?

Existe consenso en que, salvo que el panorama externo tenga cambios importantes, la economía seguirá creciendo a tasas de 2% a 3% en el futuro previsible. En ese contexto, están dadas las condiciones para que vuelva a haber un "reparto" del crecimiento económico entre empleo y salario, cantidad y precio.

Sin embargo, no es trivial que ello ocurra si la política salarial estresa el aumento de los salarios y deja poco espacio para la recuperación de puestos de trabajo.

Si vemos los últimos números al respecto, podemos comprobar que los salarios han seguido subiendo a ritmo importante mientras que la inflación ha bajado abruptamente. En los 12 meses a abril, los salarios privados subieron 9,7% pero esto, habiendo descontado la incidencia del aumento del IRPF en enero, del orden de 1% según el INE. Frente a ese incremento, los precios subieron en promedio 6,5% lo que da lugar a un aumento real de 4% en el salario antes de impuestos.

El crecimiento salarial referido ha de ser un promedio de situaciones diversas, con cláusulas de indexación y con aumentos de porcentajes fijos, como se dispuso en las últimas rondas de los consejos de salarios. Pero sea un caso o sea el otro, ese crecimiento está claramente por encima del 2% a 3% al que se espera (por MEF y analistas) que crezca la economía, por lo que por el momento no cabe esperar una recuperación de empleos, dicho esto como tendencia y más allá de la enorme volatilidad que las cifras muestran mes a mes.

Esperemos que el ministro de Trabajo no vuelva a sorprenderse por algo tan previsible, que resuelva su enigma y que en la medida de sus posibilidades contribuya a cambiar la realidad.

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