Paul Krugman - Profesor de Economía, Economista internacional en Nueva York

Los emperadores desnudos

Políticos que presiden auges económicos a menudo desarrollan delirios de competencia. Lo hemos visto en muchos países: aún recuerdo la omnisciencia y omnipotencia adscritas a burócratas japoneses en los años 80. Antes de que empezara el largo estancamiento.

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China

Este es el contexto en el cual se necesita entender los extraños tejemanejes en el mercado accionario de China. En sí, el precio de valores chinos no debería tener tanta importancia. Sin embargo, las autoridades han optado por arriesgar su credibilidad intentando controlar ese mercado; y están en proceso de demostrar que, con todo y el notable éxito de China a lo largo de los últimos 25 años, los gobernantes del país no tienen la menor idea de lo que están haciendo.

Empecemos con los aspectos fundamentales. China está al final de una era: la era del crecimiento súper rápido, que se volvió posible en gran medida debido a una vasta migración de campesinos subempleados del campo hacia ciudades costeras. Esta reserva de mano de obra excedente ahora está menguando, lo cual significa que la expansión debe desacelerarse.

Sin embargo, la estructura económica de China está erigida en torno al supuesto de un crecimiento muy acelerado. Empresas, muchas de las cuales pertenecen al estado, acaparan sus ingresos en vez de regresárselos a la población general, lo cual ha impedido el crecimiento de ingresos familiares; al mismo tiempo, los ahorros personales son altos, en parte debido a que la red de seguridad social es débil, así que las familias acumulan dinero en efectivo solo por si acaso. Debido a esto, el gasto chino es asimétrico, con tasas muy altas de inversión pero un porcentaje muy bajo de la demanda del consumidor en PIB.

Esta estructura era funcional mientras el tórrido crecimiento de la economía ofreciera suficientes oportunidades de inversión. Sin embargo, la inversión ahora está encontrando rápidamente un descenso en los rendimientos. El resultado es un desagradable problema de transición: ¿Qué pasa si la inversión cae pero el consumo no sube con suficiente rapidez para llenar el hueco?

Lo que China necesita son reformas que extiendan el poder adquisitivo; y siendo justos, se ha estado esforzando en esa dirección. Pero, a decir general, estos esfuerzos se han quedado cortos. Por ejemplo, ha introducido lo que se supone sea un sistema nacional de salud, pero en la práctica muchos trabajadores caen entre las grietas del sistema.

En el ínterin, la dirigencia china al parecer está aterrada - probablemente por razones políticas - ante la perspectiva de siquiera una breve recesión. Así que han estado incrementando la demanda, en efecto, al obligar al sistema a aceptarlo con crédito, incluido el fomento a un auge del mercado accionario. Este tipo de medidas puede funcionar durante un tiempo, y todo pudiera haber estado bien si las grandes reformas se estuvieran moviendo a la velocidad necesaria. Pero no es así, y el resultado es una burbuja que quiere estallar.

La respuesta de China ha sido un esfuerzo total por apuntalar los precios de las acciones. Se ha impedido que grandes accionistas vendan; instituciones paraestatales han recibido órdenes de comprar acciones; muchas compañías con precios a la baja han recibido autorización para suspender transacciones. Estos son aspectos que se pudieran poner en práctica por un par de días para contener un pánico claramente injustificado, pero se están aplicando sobre una base sostenida a un mercado que sigue estando más arriba de su nivel registrado no hace mucho tiempo.

¿Qué creen las autoridades chinas que están haciendo?

En parte, pudieran estar preocupadas de las consecuencias financieras. Todo parece indicar que varios actores de importancia en China pidieron prestadas grandes sumas con acciones como garantía, de forma que la caída del mercado pudiera conducir a impagos. Esto es inquietante en particular porque China tiene un descomunal sector de banca alternativa que esencialmente no está regulado y pudiera experimentar con facilidad una ola de corridas bancarias.

Sin embargo, tal parece que el gobierno chino, habiendo alentado a los ciudadanos a comprar acciones, ahora siente que debe defender los precios para conservar su reputación. Y lo que está terminando por hacer es destrozar esa reputación a velocidad récord.

De hecho, cada vez que se cree que las autoridades han hecho todo lo posible por destruir su credibilidad, ellos se superan a sí mismos.

Así que, ¿qué acabamos de aprender? El increíble crecimiento de China no era un espejismo, y su economía sigue siendo una productiva fuerza motriz. Los problemas de transición hacia un crecimiento menor son obviamente mayores, pero ya hemos sabido eso desde hace algún tiempo. Aquí la gran noticia no es sobre la economía china; es sobre los dirigentes de China. Olviden todo lo que han oído sobre su brillantez y visión. A juzgar por su presente agitación, ellos no tienen ni la menor idea de lo que están haciendo.

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