Isaac Alfie - Economista

EE.PP.: ¿son instrumentos de desarrollo?

La investigación que una comisión senaturial viene llevando adelante sobre Ancap reintrodujo en el debate público el manejo y papel de las Empresas Públicas (EE.PP.).

Las opiniones, como es norma, son variadas y, en esta región del mundo en un amplio rango, yendo desde que se pueden prescindir de ellas, hasta declararlas instrumentos fundamentales del desarrollo nacional.

El tema es grande. Su debate no se agota en lo meramente técnico donde la maximización del bienestar de los habitantes debería ser la que lo dirima.

Un poco de historia.

Desde el retorno a la democracia existió una preocupación manifiesta de las sucesivas administraciones en mejorar la eficiencia de estas empresas.

No tengo en mi poder los datos desde 1985 (deberían estar en papel en alguna biblioteca de OPP) pero, si la memoria no me falla, su gestión financiera fue mejorando, en general no registraron pérdidas, se cerraron algunas carentes de todo sentido y fuertemente deficitarias, al tiempo que ya en los años 1987-1988, UTE y Antel emprendieron procesos de reorganización administrativa y productiva.

Basta recordar dos episodios, i) la decisión de digitalizar la telefonía de esos años, que contó con un único voto en contra, del representante del Frente Amplio en el directorio de Antel. Uruguay fue el primer país totalmente digitalizado de América, el servicio mejoró notablemente, los teléfonos (que se conseguían por recomendación o pagando a algún funcionario), sobraron. La productividad "explotó"; ii) el acuerdo UTE-Unión Fenosa que comienza a transformar a la primera, y le permite vender servicios en el extranjero.

A partir de 1995 se inicia un proceso de reforma (desburocratización) de toda la administración pública que reduce sustancialmente la plantilla de personal. Las EE.PP. no escaparon a ella. A comienzos de siglo se las obligó a publicar sus balances, primero trimestralmente, luego de manera mensual su ejecutado de caja, además del informe anual de auditoría independiente.

Por arte de magia, sus finanzas mejoraron. Durante esos 20 años el PE ejerció estricto control sobre ellas. El cuadro que acompaña esta columna muestra la cantidad total de personal (funcionarios públicos y quienes no lo son) en las principales EE.PP. y el total de ellas.

Allí se ve con claridad, primero la reducción entre 1995-2004 y luego la —racionalmente— inexplicable suba posterior. Antel, BSE y Ancap son los campeones.

Lo anterior se complementa con el hecho de que a partir de los años 2006-2007, las finanzas de las EE.PP. comienzan su deterioro y, desde 2011 el conjunto de las no-financieras arroja pérdidas.

En 2015 las autoridades intentan recomponer las finanzas, básicamente aumentando tarifas. Resta el trabajo más arduo de largo plazo.

Sectores.

Las principales empresas públicas trabajan en sectores donde el capital necesario es grande. Se invierten ingentes sumas de dinero que luego deben repagarse.

Son sectores de alto producto por hora trabajada y elevados aumentos de la productividad. Imaginemos que para brindar telecomunicaciones hay que tender cables, invertir en computadoras y software, pero luego de la inversión inicial no se necesita casi gente.

Lo mismo pasa con la energía, los servicios financieros, los combustible con refinerías cada vez más grandes, etc. Por tanto, del correcto estudio de las inversiones —y su adecuado costo—, dependerá si la sociedad dilapida o no su dinero.

Uruguay es un país escasamente poblado. Hasta hace algunos unos años los desarrollos tecnológicos no hacían posible la competencia en determinados sectores. Naturalmente había cierta tendencia al monopolio.

Competencia.

Hoy día, la tecnología permite competir en casi todos los campos, pero nosotros parece que hemos elegido estar al margen. A partir de allí, el imperio de la irracionalidad, perimidas teorías desarrollistas, "inversiones" cuyo retorno es negativo (la sociedad pierde valor), tienen el terreno despejado.

Todas las empresas guiadas por la racionalidad son instrumentos de desarrollo per sé, maximizan el aumento de valor dado los recursos utilizados, no importa su propiedad. Suele suceder que si ésta es pública el dinero duele menos, los riesgos asumidos en "busca de la gloria" son mayores, conspirando contra la propia sociedad que aporta los recursos.

El ejemplo del BSE y en una reducida parcela Antel, puestos a competir demuestran que el mercado "hace su trabajo", sin que fenómenos de escritorio programen la sociedad.

Muchas veces se piensa que la solución pasa por cambios en su forma de gobierno corporativo, la designación de los directores, auditorías y controles. Es cierto, ello es importante, pero en empresas del Estado lo único que nos asegura el mejor desempeño posible (que no quiere decir "la eficiencia") es que compitan y la vergüenza de sus directores si sus balances son deficitarios.

La mejora del gobierno corporativo y los resultados económicos será resultancia de este estímulo, no al revés. Sin perjuicio que en períodos cortos los gobiernos sí puedan mejorarlas en base a controles y restricciones, a largo plazo el régimen de "dar la regla contra los dedos", probadamente no funciona. Por tanto, o las ponemos a competir o situaciones como la actual serán recurrentes.

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