PAUL KRUGMAN

Economía y partidos

En los últimos días, The Wall Street Journal publicó un artículo de opinión por Carly Fiorina, titulado "Hillary Clinton truena economía", en el que se ridiculizan sus aseveraciones relativas a que es mejor el desempeño de la economía estadounidense con los demócratas.

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Hillary Clinton. Foto: Archivo El País

"Estados Unidos", declaró Fiorina, "necesita a alguien en la Casa Blanca que, de hecho, sepa cómo funciona la economía". Bueno, podemos estar de acuerdo hasta ahí.

El posicionamiento partidista sobre la economía es, de hecho, bastante extraño. Los republicanos hablan sobre el crecimiento económico todo el tiempo.

Atacan a los demócratas por las regulaciones gubernamentales que "liquidan empleos", prometen grandes cosas, de ser elegidos; predican sus planes fiscales sobre la presunción de que el crecimiento aumentará y elevará los ingresos. Los demócratas son más cautelosos. No obstante, Clinton tiene toda la razón sobre los antecedentes: históricamente, a la economía, en efecto, le ha ido mejor con los demócratas.

Esta comparación plantea dos grandes preguntas. Primera, ¿por qué la economía ha tenido un mejor desempeño con los demócratas? Segunda, dado ese antecedente, ¿por qué los republicanos están mucho más inclinados que los demócratas a alardear sobre su capacidad para producir crecimiento?

Comparación.

La aritmética sobre las diferencias partidistas es realmente asombrosa. El año pasado, los economistas Alan Blinder y Mark Watson presentaron un ensayo en el que comparan el desempeño económico con presidentes demócratas y republicanos desde 1947. La economía creció con los demócratas un promedio de 4,35% al año; con los republicanos, 2,54%. Durante todo el periodo, la economía estuvo en recesión en 49 trimestres; los demócratas eran gobierno en solo ocho de ellos.

¿Acaso la historia es diferente en loa años de Obama? No tanto como se cree. Sí, la recuperación de la Gran Recesión de 2007 a 2009 ha sido muy lenta. Aun así, la trayectoria de Obama se compara favorablemente sobre diversos indicadores con la de George W. Bush. En particular, a pesar de todo lo que se dijo sobre las políticas que liquidan empleos, el empleo en el sector privado es de ocho millones más del que había cuando Barack Obama tomó posesión, dos veces más empleos de los que hubo con su predecesor antes de que golpeara la recesión.

¿Por qué es mucho mejor el historial de los demócratas? La respuesta corta es que no sabemos. Blinder y Watson revisan una variedad de posibles explicaciones y las encuentran insuficientes. No hay indicios de que la ventaja demócrata se puede explicar porque tengan mejores políticas monetarias y fiscales. Al parecer, en promedio, los demócratas han tenido mejor suerte que los republicanos en los precios del petróleo y el progreso tecnológico. En conjunto, no obstante, el patrón sigue siendo misterioso. Desde luego que no se justificaría que algún candidato demócrata prometiera un crecimiento drásticamente más alto si resultara elegido.

Los republicanos, no obstante, siempre hacen ese tipo de aseveraciones: cada candidato con una posibilidad real de conseguir la candidatura del Partido Republicano está diciendo que su plan fiscal produciría un enorme aumento en el crecimiento, una aseveración que no tiene ninguna base en la experiencia histórica. Más allá de eso, no obstante, los republicanos necesitan prometer milagros económicos como una forma de vender políticas públicas que favorecen abrumadoramente a la clase donadora.

Oportunidad.

Sería bueno, por el bien de la diversidad, que siquiera uno de los candidatos destacados del Partido Republicano saliera a oponerse a los grandes recortes fiscales para el 1%. Pero ninguno lo ha hecho y todos los principales actores han llamado a las reducciones con las que se restarían miles de billones de dólares a los ingresos. Para compensarlos, sería necesario hacer recortes drásticos a los grandes programas; es decir, a la Seguridad Social y/o a Medicare.

Sin embargo, una inmensa mayoría de estadounidenses cree que los acaudalados pagan menos de su parte justa de impuestos y, hasta los republicanos están divididos a fondo sobre el tema. Y la población quiere ver que se expanda la Seguridad Social, no que se reduzca. Entonces, ¿cómo puede un político convencer de una plataforma de reducciones fiscales? La respuesta es: prometiendo esos milagros, insistiendo en que las reducciones fiscales sobre los ingresos elevados se pagarían solas y producirían ganancias económicas maravillosas.

De ahí la asimetría entre los partidos. Los demócratas pueden darse el lujo de ser precavidos con sus promesas económicas precisamente porque pueden convencer de sus políticas por sus méritos. Los republicanos deben convencer sobre una agenda esencialmente impopular, declarando con confianza que tienen la máxima receta de la prosperidad y esperar que nadie señale su históricamente mala trayectoria.

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