HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Economía con dificultades para crear empleo

Fuerte caída en la tasa de empleo de los menores de 25 años de edad, de 40% a 33%.

En el mes hubo 1.550 vacantes relevadas. Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez

El nivel de actividad en Uruguay está creciendo pero no logra generar suficientes puestos de trabajo y esa falta de dinamismo se refleja en el estancamiento del número de personas ocupadas. A pesar de ese quietismo, en lo que va del 2017, la tasa de desempleo mejora levemente y la razón de esa mejora es que hay menos gente buscando empleo. Poca creación de empleo y falta de motivación para ingresar en la oferta laboral son dos elementos que, de no lograr que se reviertan, tendrán un impacto social negativo en el futuro.

El total de personas ocupadas en el tercer trimestre del año se estima en 1,64 millones que es el nivel observado desde hace cinco trimestres. El porcentaje de personas en edad de trabajar que tienen empleo viene registrando hace tres años una tendencia decreciente que se explica principalmente por la evolución observada en el interior del país.

Tal como se ilustra en el gráfico superior del cuadro adjunto, en Montevideo hay una caída en la tasa de empleo en 2015 pero luego se observa una relativa estabilidad en el orden del 60% de las personas en edad de trabajar. Por el contrario, en el Interior el descenso es continuo desde el cuarto trimestre del 2014. En los dos años se observó una caída de más de dos puntos porcentuales en la tasa de empleo del Interior y en la actualidad llega al 56,6%.

También resulta interesante ver la evolución que tuvo la tasa de empleo por género. En los tres últimos años, en el total del país, la reducción en el empleo fue tres veces más intensa en los hombres (-6%) que en las mujeres (-2%). La tasa de empleo femenina pasó de ser el 67% de la tasa para los hombres en el 2006 al 75% en el 2017.

Hay en proceso un cambio estructural, donde se está saliendo del esquema en el que en el empleo femenino predominaban los casos en que era el segundo empleo del hogar. En esta instancia con el nivel de empleo en baja, la mayor sensibilidad se observa en los hombres.

Donde se sigue observando el esquema tradicional es en el caso de los jóvenes. Por lo general, los menores de 25 años de edad tienen usos alternativos para el tiempo en lugar de dedicarlo al trabajo. Los casos claros son la dedicación al estudio y la capacitación pero también la migración es una alternativa más cercana en el caso de los jóvenes. Cuando se mira la evolución del empleo por tramos de edad surge una de las principales características del mercado laboral actual. La pérdida de puestos de trabajo en menores de 25 años es muy fuerte y explica casi todo el movimiento a la baja en la tasa de empleo.

En los dos gráficos de la zona media del cuadro adjunto se observar la evolución de la tasa de empleo para los menores de 25 años de edad (izquierda) y para los mayores de 25 años (derecha). Hay un contraste claro en la evolución de la tasa que se muestra relativamente estable para los mayores y con una fuerte caída en el caso de los jóvenes. Además el nivel actual de la tasa en los jóvenes pasó a ser del orden de la mitad que la tasa en los mayores cuando desde el año 2006 se ubicó en el orden del 60%.

A pesar del menor empleo, el desempleo mostró una leve mejora debido a que se reduce la tasa de actividad que es el porcentaje de gente en edad de trabajar que tiene o está buscando un empleo. Esta tasa se asocia a la oferta de trabajo por parte de las personas mientras que la tasa de empleo se considera una medida de la demanda de trabajo por parte de las empresas. La tasa de actividad pasó del 63.4% de las personas en edad de trabajar en los primeros nueve meses del año a un 62.9%.

En lo que va de 2017, bajaron tanto la oferta como la demanda, pero la primera registró una caída superior. De esta forma, la diferencia entre las dos, que es el desempleo, se acortó, pasando del 8,2% al 7,7% cuando se compara el tercer trimestre del año pasado con el actual. Igual hay más desempleo en la economía uruguaya que lo registrado en el pasado reciente. La tasa de personas desempleadas sobre la población activa hace tres años atrás era de tan solo el 6,2% de la población activa. Hay que tener en cuenta que el desempleo actual se encuentra por debajo del 8% que es un nivel de referencia para indicar que el mercado laboral comienza a tener dificultades.

La encuesta de hogares proporciona algunas estadísticas que son útiles para evaluar la calidad del empleo y el grado de dificultad social que está generando el desempleo.

En el primer caso, se puede observar el nivel de formalización de los puestos de trabajo en cada momento. En el tercer trimestre el 72,4% de los ocupados consideró no tener restricciones mientras que el 9% se consideró subocupado. No es un porcentaje muy grande pero muestra una tendencia creciente ya que hace tres años era el 7%.

Cuando se mira el conjunto de personas desocupadas se observa que llevan 8 semanas de búsqueda de empleo cuando en el tercer trimestre del 2012 llevaba una semana menos. En aquel entonces, cuando se preguntaba por la razón por la que seguían desocupados casi la mitad tenía un elemento de explicación como ser sueldo insuficiente, no acorde a las habilidades, no le gusta el lugar de trabajo ofrecido, etc. En la actualidad el porcentaje de personas desocupadas por poner exigencias a las oportunidades que se le presentaron bajó al 40,7%. Todo un proceso en el que se ven señales de menos oportunidades al alcance de la gente y mayor nivel de insatisfacción por parte de los que ofrecen su trabajo en el mercado laboral.

Es un contexto de mercado en el que se debería observar algún ajuste en los precios, sin embargo no es lo que está ocurriendo. El desequilibrio en el mercado parece que ejerce la fuerza sobre las cantidades en lugar de hacerlo sobre los precios. Una parte del impacto sobre las cantidades va a la mayor tasa de desempleo, pero otra parte está yendo a la menor tasa de actividad y eso puede representar situaciones con impacto social negativo como la migración (en particular de jóvenes) y el retiro de la oferta de trabajo por desánimo.

Es claro que no hay un impacto negativo en los precios y en los hechos el ingreso medio de los hogares medido por la misma encuesta registra un incremento en lo que va de 2017 tal como lo ilustra el gráfico de la zona inferior del cuadro adjunto. Luego que la aceleración de la inflación en 2015 y 2016 hiciera perder poder adquisitivo a los hogares, se observa un rebote en las tasas de crecimiento del ingreso real tanto en Montevideo (+4,0%) como en el Interior (+2,3%). Es una mejora que coincide con la baja en la tasa de inflación pero que también tiene un correlato con la falta de flexibilidad en la fijación de salarios que se traduce por indexación a las pasividades.

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