HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Dudas respecto al crecimiento futuro del PIB

Precios de PIB suben 2,8% y salarios más de 10% dejando renta negativa para el capital.

Foto: AFP
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Los resultados de las cuentas nacionales para la primera mitad del año generan una sensación ambigua sobre si la economía retomó una tendencia de crecimiento moderado, o si por el contrario persiste el estancamiento. El optimismo que generó la información del primer trimestre se ve enfrentado con información negativa en el segundo.

La tasa desestacionalizada de variación del PIB es negativa, la mitad de los sectores están con dificultades para crecer y la rentabilidad del capital en el último año es negativa en términos nominales. En este contexto, no llama la atención que la inversión privada no aporte al crecimiento actual ni al futuro como en el pasado.

Sobre la base de los datos del PIB trimestrales corregidos de los factores estacionales, la última década presenta dos períodos bien marcados. Además de estos dos períodos hay un tercero, desde mediados del año pasado, donde pareciera haber una recuperación de la tendencia al crecimiento, pero la caída en el segundo trimestre del 2017 hace dudar si no fue algo extraordinario y la realidad es que sigue el estancamiento.

En el gráfico que aparece arriba en el cuadro adjunto se ilustra esta evolución. Entre comienzos del 2007 y mediados del 2014 la economía mostró un ritmo de expansión del orden del 5% anual. Es una tasa muy alta que llega a duplicar el PIB anual en tan solo 15 años.

El segundo período es el del estancamiento entre la mitad del 2014 y del 2016, donde las condiciones extraordinarias observadas en el período anterior perdieron brillo. En particular, se observó un deterioro en el nivel de actividad económica en los dos países vecinos. Tan mala fue la situación en la región que el estancamiento en nuestro país resultó una buena noticia.

Desde el inicio del segundo semestre del año pasado se comenzó a observar un repunte en el nivel de actividad que tuvo su punto alto en el primer trimestre, cuando se juntaron una fuerte producción agropecuaria y una excelente temporada turística.

En el segundo trimestre del 2017, a pesar que se mantiene la alta producción primaria y el ingreso de turistas argentinos, la variación desestacionalizada fue negativa en -0,8%. Todavía el nivel del PIB se encuentra un 2,8% por encima del observado en el mismo trimestre en 2016, pero en lo inmediato hay una caída que abre interrogantes.

En los dos gráficos que aparecen en el medio del cuadro adjunto se presentan los componentes de la oferta y se separan los tres grandes sectores que son dinámicos de los tres que son contractivos. En los dos gráficos se presentan las últimas cinco variaciones de los promedios anuales terminados en junio de cada año. Los tres sectores con dificultades son la Industria manufacturera (-0,9%), la Construcción (-3,2%) y Otras actividades que son principalmente servicios (-0,4%).

Por su parte, en el gráfico de la derecha aparecen las tasas de crecimiento de los años móviles para los tres casos con una recuperación: Actividades primarias (+3,8%), Comercio (+4,5%) y Transporte y comunicaciones (+8,6%). Salvo este último que siempre se mantuvo con variaciones reales importantes debido al desarrollo en el área comunicaciones, los otros dos vienen de dificultades en los dos años anteriores.

Por lo tanto, el crecimiento reciente está fraccionado entre los sectores. A su vez, se observa que la producción primaria basa su expansión en factores extraordinarios como el clima y en una siembra extendida que puede ser menor en el próximo año debido a las condiciones de rentabilidad de los cultivos.

Del lado del comercio hay que considerar que su crecimiento real tiene una fuerte correlación con lo que sucede con el consumo privado. En el gráfico que aparece más abajo en el cuadro adjunto, se presentan las variaciones anuales de los promedios de 12 meses al final de cada trimestre. La evolución es clara. Las tasas hasta mediados del 2014 oscilaban entre el 4% y el 6% anual y luego comienzan a bajar hasta que se produce la recuperación de mediados del año pasado.

Esto es lo que está impactando en comercio, por ejemplo. Hay dos elementos que son centrales en la recuperación del consumo privado: la baja en la cotización del dólar y la menor tasa de inflación. En el primer caso, se favorece el consumo de productos importados y hay un correlato con la venta de autos usados y la importación de bienes duraderos de consumo componentes importantes de la actividad comercial. En el segundo, la baja abrupta de la inflación en el último año, pasando del 10% al 5%, permitió una mejora en el ingreso medio de los asalariados y pasivos.

La forma de ajuste nominal de los convenios salariales jugó en este caso en forma expansiva del consumo debido a que la realidad mostró tasas de inflación inferiores a los incrementos pautados. Tal es así que cuando se mira el índice medio de salarios promedio en los doce meses terminados en junio del 2017 se registra un crecimiento del 10,2% cuando la inflación del período fue del 7,7%. De esta forma, el poder adquisitivo para los asalariados subió 2,4%, lo que tiene un reflejo en el consumo.

El gasto público no está aportando mucho al crecimiento de la demanda global, así como tampoco lo hace en este último año la inversión del sector público. Por su parte, la inversión del sector privado, luego de las fuertes caídas desde 2014, muestra un leve rebote. Sin embargo, cuando se mira la formación bruta de capital fijo por parte del sector privado se observa que la misma representa por segundo año consecutivo poco menos que el 16% del PIB. Es un nivel aceptable para la reposición pero se encuentra por debajo del 20% de referencia observado en la primera mitad del 2013.

En el sector externo, las exportaciones de bienes y servicios están mostrando más dinamismo que las importaciones, ayudando al crecimiento del PIB. Las ventas al exterior subieron en volumen físico 5,2% en el último año móvil, mientras que las compras lo hicieron al 1,9%.

Cuando se consideran los precios implícitos que acompañan al PIB para generar el nivel del valor agregado por la sociedad en el último año, se observa una evolución esperada con el descenso de la inflación. Pero lo magro de esta variación puede estar indicando un nuevo desequilibrio que traerá problemas en el 2018. Los precios implícitos en el último trimestre solo crecieron 2,8% contra el año pasado. Cuando se toma el promedio de doce meses la variación fue de tan solo 3,7%.

Si se toma en cuenta que los salarios de la economía crecieron más del 10% en el mismo período y que la masa salarial representa aproximadamente el 36% del PIB, se llega a la conclusión que los otros componentes del Valor Agregado Bruto de la economía no tuvieron aumento en el último año. Dado el crecimiento de los impuestos netos de subsidios en la economía, esto implica rendimientos negativos para el capital. Un indicador más que explica el pesimismo a nivel empresarial y con ello la amenaza sobre las inversiones que sostengan el crecimiento futuro.

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