Javier de Haedo

Dólar: sus preguntas, mis respuestas

El dólar ha estado en las noticias en las últimas semanas en nuestro país. Su fuerte subida desde finales de febrero, a contramano del mundo, y al contrario de lo que sucedió desde agosto pasado cuando subía en el mundo y acá no.

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La presión se ve en la pizarra. Foto: Archivo El País

Las contradicciones entre los titulares del MEF y del BCU en cuanto a si ese ascenso incidiría o no en la inflación. Astori diciendo que no y Bergara sosteniendo que sería más difícil bajar la inflación con esta nueva fuente de "presiones inflacionarias". La coincidencia de ambos en que el dólar seguirá subiendo, y las medidas casi inmediatas a esos comentarios, dispuestas para evitarlo.

Las dudas en cuanto a si habría o no remarque de precios como consecuencia del mayor precio del dólar. Los repetidos comentarios periodísticos señalando nuevos récords en el tipo de cambio desde 2004 o 2005, como si no hubiera inflación y bastara cotejar tipos nominales. Las encuestas de expectativas del BCU que poco a poco van incorporando el mayor precio, pero que suenan poco creíbles para el público que lo ve en pizarras muy próximo al pronóstico de fin de año. La certeza en cuanto a que un mayor valor del dólar dará lugar a un menor consumo de algunos bienes y servicios.

Y más allá de lo anterior, mayoritariamente anecdótico, importa ver quiénes ganan y quiénes pierden con la suba del dólar y qué consecuencias distributivas tiene ese proceso en una economía muy dolarizada.

Los números.

Tras alcanzar un máximo relativo el 25 de septiembre ($ 24,777) el dólar bajó en nuestro país mientras subía en el mundo y recién superó ese precio casi seis meses después, el 6 de marzo ($ 24,863). A partir de esta fecha subió casi dos pesos hasta la víspera del día en que el BCU decidió eliminar los encajes a las inversiones de no residentes en títulos públicos ($ 26,849 el 22 de abril). En esta última etapa, descontamos parte de la ventaja que el resto del mundo nos había sacado en los meses anteriores. Es decir que fuimos a contramano del mundo en ambas situaciones.

Eso, en cuanto a la evolución "nominal" del dólar, a su precio liso y llano, que en el muy corto plazo da información adecuada pero que se desvirtúa con el paso del tiempo. Por eso es ridículo asistir a reiterados titulares que señalan nuevos récord del precio del dólar desde los años 2004 o 2005. Solo a título ilustrativo aporto un ejemplo. El dólar promedio de abril cerró apenas por debajo del correspondiente a diciembre de 2004. Pero al mismo tiempo, el IPC subió… ¡115%! Es decir que los $ 26,58 de entonces serían hoy, ajustados por la inflación, $ 57,07.

Para evitar esas chapucerías es que calculamos indicadores de tipo de cambio real, que permiten cotejar, para con diferentes países en diferentes momentos, la evolución del "dólar real" y no ya la del "dólar nominal". Si vemos las series que actualmente publica el BCU, desde el año 2000, nos encontramos con que estamos en el 77% de los promedios históricos respectivos con Brasil y con extra región. Las series con Argentina no sirven de nada pues el BCU toma el IPC oficial y solo el dólar comercial. Considerando el IPC correcto y también el dólar paralelo, estamos en el 118% del promedio histórico en el caso de bienes y en el 89% en el de turismo. Otras referencias históricas que consideren series más extensas arrojan resultados muy parecidos a los referidos. Lo que es claro es que estamos lejos de cualquier nivel razonable de tipo de cambio real con nuestros principales clientes y competidores. Haciendo cuentas sencillas, resulta que si con poco más de $ 26 estamos en el 77% de nuestra referencia histórica, deberíamos estar en $ 34 para dar con esa referencia.

¿Esto significa que la semana que viene el dólar va a estar en $ 34? No, para nada, ni el mes que viene ni, muy probablemente, el año que viene. Por otra parte, si solo cambia el precio del dólar y nada más, el cambio "real" será efímero pues la inflación se acelerará. Por eso es que la casi unanimidad de los colegas pedimos al gobierno (desde hace tiempo) un ajuste en las políticas públicas de modo de devolverles consistencia y propiciar un ajuste de precios relativos sin consecuencias negativas. Y aquellos $ 34 deben entenderse a precios constantes de hoy.

Como dijeron los principales jerarcas del equipo económico, el dólar va a seguir subiendo y no solo en términos nominales (con una inflación del orden de 8% anual eso no significaría nada concreto) sino también en términos relativos a los otros precios de la economía, básicamente IPC y salarios. Las encuestas de expectativas que releva el BCU muestran al dólar en $ 27,60 a fin de 2015 y en $ 29,70 a fin de 2016, lo que implicarían aumentos nominales de 13,3% y 7,6% respectivamente, es decir solo unos puntos más que la inflación esperada para el bienio.

Dólar e inflación.

¿Incide el aumento del dólar en la inflación? Efectivamente, como dijo el presidente del BCU días atrás, la subida del dólar da lugar a presiones inflacionarias en la medida en que es mayor que la caída en los precios de los bienes transables. Es indudable que muchos bienes importados, con precios fijados en dólares, como los electrodomésticos, suben en pesos (que es lo que refleja el IPC) cuando sube el dólar. En otros casos de importados, donde los precios están denominados en pesos, dependerá de las políticas de las empresas y en ellas seguramente habrá de incidir la mayor o menor demanda que perciban en el mercado. Con menor demanda, podrá haber menor margen y el precio podrá no subir en moneda nacional. Al igual que sucedió en la segunda mitad de 2008, las autoridades permiten que el dólar busque el nivel acorde a sus nuevos fundamentos, pero limitan su excesiva volatilidad. En ese contexto se entienden medidas recientes como la referida eliminación de encajes y como la nueva irrupción del Central vendiendo dólares a unos días para adelante.

Ganar y perder.

Esto es quizá lo más importante, quién gana y quién pierde con el aumento del tipo de cambio (real) en curso o en otras palabras, el aumento del dólar como precio relativo. Es claro que de un tiempo a esta parte, han cambiado papeles unos y otros: los que ganaban ahora pierden y recíprocamente.

Llegó el turno de que ganen los exportadores y los que producen para el mercado interno compitiendo con importaciones. Exportadores de bienes, como los de origen agropecuario y como los de servicios, como el turismo. También los que tienen activos en moneda extranjera o activos cuyo precio pueda acompañar al dólar.

Llegó el tiempo de perder, en cambio, para quienes venden en el mercado interno bienes importados, pues perderán ventas ya sea por menos cantidad o por menos margen. Es notorio el caso de los bienes "durables" (automóviles y electrodomésticos) así como el de los viajes al exterior, unos y otros consumidos al extremo en los últimos años y cuyos precios relativos (a salarios, por ejemplo) están subiendo firmemente. También habrán de perder aquellos que generando pesos deban dólares, lo que seguramente no ha de ser una situación tan extendida (ni mucho menos) que en el pasado, debido a la desdolarización de la economía que se ha procesado en los últimos años. Por eso, en una economía (todavía) muy dolarizada, las variaciones en el tipo de cambio dan lugar a efectos redistributivos.

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