ECONOMÍA Y MERCADO

Dinero oscuro

Faltan mecanismos de divulgación adecuada sobre los recursos utilizados en las campañas electorales de Estados Unidos.

Conforme millones de dólares no declarados entran a los misteriosos canales de las campañas de los precandidatos presidenciales, es necesario recordarles a los electores las hipótesis color de rosa sobre el fallo de los Ciudadanos Unidos de la Corte Suprema, por la cual se legitimó el nuevo frenesí de gastos.

Al permitir el gasto ilimitado de las corporaciones y los sindicatos en los candidatos, con el fallo del 2010, la Corte pronunció despreocupadamente: "Un sistema para financiar campañas que empareje los gastos corporativos independientes con la divulgación adecuada, no había existido antes de hoy". ¿Existe una divulgación adecuada?

La mayoría en la Corte, en la decisión de cinco a cuatro, debió haber estado observando este mes cuando el Congreso, controlado por los republicanos, donde se ha reprimido firmemente toda legislación sobre divulgación de las campañas, votó para paralizarla todavía más en dos de sus momentos más vitales.

En la nueva ley sobre el presupuesto, los republicanos insertaron una disposición para que el Servicio de Rentas Internas (ISR, por sus siglas en inglés) no cree normas que frenen el creciente abuso en la ley fiscal con maquinarias políticas ligeramente encubiertas que se hacen pasar por organizaciones de "bienestar social".

Dichas organizaciones están financiadas por ricos donadores con intereses especiales que no tienen que revelar su identidad de conformidad con la ley tributaria. Tanto por la divulgación adecuada en cuanto al IRS.

En otra acción para mantener a la población con los ojos vendados sobre quiénes están emitiendo enormes cheques para los precandidatos federales, los republicanos le prohibieron a la Comisión de Valores y de la Bolsa de Estados Unidos que concluyera las normas por las cuales se mandataría que las corporaciones divulgaran sus gastos de campaña a los inversionistas.

Fue Ciudadanos Unidos la que tontamente imaginó un mundo en el que: "Los accionistas pueden determinar si el discurso político de las corporaciones hace fomenta los intereses corporativos para obtener ganancias y los ciudadanos pueden ver si los funcionarios elegidos están en los bolsillos de los llamados intereses de los ricos".

Opacidad.

Al actuar para sellar ese bolsillo y ponerle trabas al ISR, los republicanos congresales están promoviendo lo que se ha convertido en el oscurantismo del dinero plutocrático en los gastos de las campañas electorales. Constantemente, están cubriendo la verdad sobre los vínculos de interés especial que tienen con los donadores ricos que buscan favores.

Desde la decisión de Ciudadanos Unidos en enero del 2010, los políticos han recaudado más de 500 millones de dólares en dinero oscuro de donadores fantasmas, según el Centro para la Política Responsiva, y se espera que den cientos de millones en las campañas en curso.

La medida en contra de la Comisión de Valores impidió que "finalizara" una normativa sobre la divulgación corporativa por lo cual quienes la presentaron solo esperan que se pueda estudiar para su promulgación futura.

Esto no es probable que suceda con un Congreso republicano, que ha convertido al IRS más en un blanco. Legisladores conservadores sostienen que los investigadores fiscales han estado prejuiciados en contra de las organizaciones políticas de derecha que operan como organizaciones "de bienestar social". Y el Congreso redujo el presupuesto de la dependencia tributaria en 18 por ciento desde el 2010, reduciendo su fuerza laboral y debilitando el cumplimiento de la ley fiscal.

Clave.

¿Hay algún rayo de luz en esta oscuridad adinerada?

Durante dos años, el presidente Barack Obama ha vacilado en dar el único golpe que podría propinar fácilmente para que haya mayor transparencia política: emitir un decreto presidencial por el cual se mandate a los contratistas gubernamentales que revelen sus gastos de campaña.

Ello no resolvería el programa general, pero al mandatar nuevas divulgaciones a tiempo para las elecciones del 2016, ayudaría a afirmar que la democracia se trata de transparencia. Obama debería firmar ese decreto ahora.

Si los republicanos quieren convertir esto en un problema, hay que dejarlos; y hay que dejarlos defender la plaga del dinero oscuro ante los electores durante las campañas.

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