LUCILA ARBOLEYA | DESDE HARVARD

¿Dinero con o sin condiciones?

Cuál debe ser la opción: ¿transferencias condicionales o no condicionales? Lamentablemente la respuesta es "depende". Y no lo digo sólo porque sea ésta la carta favorita de los economistas, sino porque no es una cuestión de blanco y negro, ni de buenos y malos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La futura ministra cree que las ONG tienen fines de lucro. Foto: M. Bonjour

A veces, se sugieren las transferencias condicionales (CCTs), a veces se recomiendan las no condicionales (UCTs) (1). ¿Por qué? Porque persiguen objetivos diferentes. Además, las UCTs son más nuevas y menos estudiadas, pero hay resultados alentadores, utilizadas como mecanismos para reducir la pobreza extrema.

Exploro este tema porque fue debatido luego de que la futura ministra de Desarrollo, Marina Arismendi, dijera que se opone los planes sociales con contrapartida (2) y, con cierta razón, la oposición dijo que el tema de las transferencias es un caso técnico, no político. Digo "cierta razón" porque estoy de acuerdo con la afirmación como premisa general, pero no del todo con la idea de que siempre sean mejores a las condicionadas. En este artículo me enfoco puntualmente en las transferencias de dinero —las más debatidas— y las que más he estudiado.

¿Cómo se diferencian?

La discusión de CCTs vs. UCTs es, según mi experiencia, una conversación aún sin terminar. He pasado varias clases hablando con profesores y amigos que no sólo han dedicados años al tema, sino que también han sido quienes ayudaron a gobiernos a implementar estos programas o a evaluarlos. Y, lamentablemente (o no), jamás encontré una respuesta tajante a la dicotomía entre un tipo de transferencia y otra. Como dice la palabra, las transferencias condicionadas implican que el individuo que recibe el dinero debe dar algo a cambio (llevar a sus hijos a la escuela, vacunar a menores, anotarlos en el sistema de salud, etc.). Las no condicionadas no reclaman nada a cambio y es aquí donde yace la mayor controversia. De aquí la discusión de "¿debe el gobierno dar de comer o enseñar a pescar?".

Si bien me pasé mucho tiempo respondiendo que, ante todo, "hay que enseñarles a pescar", me costó varios años darme cuenta que tal vez la pregunta sea demasiado simplista. Primero, ¿Quién dijo que los estados son o han sido buenos enseñando a pescar? Si bien esta pregunta mueve el análisis a un espacio diferente, creo que igual es muy válida, más aún cuando, por ejemplo, la educación es prácticamente el problema número uno del país. Segundo, ¿Qué implica dar de comer? Claro que no estoy de acuerdo si el resultado final es el Estado que destina recursos mientras que los receptores están haciendo "la plancha". Pero, ¿qué hay de aquellos que no tienen opciones? ¿Qué hay de las personas a quienes el Estado no llega? O cuando llega, les ofrece una educación de mala calidad, que además implica un alto costo de oportunidad y aún trabajando a tres turnos no llegan a fin de mes. Tiendo a criticar a los gobiernos paternalistas o intervencionistas por naturaleza, pero como dijo John Micklethwait en su última columna (editor general de The Economist desde 2006 hasta la semana pasada) "algunos de los remedios para la desigualdad implican hacer el Estado más, no menos". Así, para los menos privilegiados (lo más bajo de la pirámide), las UCTs parecen estar dando resultados.

Incondicionalidad.

Algunas de las últimas evaluaciones (3) sobre este tema concluyen dos cosas: 1) Los UCTs son más regresivos porque llegan a poblaciones más vulnerables. Los ciudadanos más pobres tienden a ser aquellos con mayor incapacidad de cumplir los condicionamientos que requieren los CCTs. Por eso, a la hora de decidir entre uno u otro, el problema también es qué se quiere lograr y a quién se quiere llegar (¿reducir la pobreza extrema o promover la participación escolar del primer y segundo quintil?). 2) No todo es gasto superfluo. Un reciente estudio (4) muestra que un programa de transferencias incondicionales (con toda la rigurosidad experimental que exige la economía moderna) mostró que: las familias mejoraron sus viviendas, consumen más comida y se declararon más felices y menos estresadas y, lo más importante: no malgastaron la plata. Tampoco hubo aumento de consumo de alcohol y tabaco. Sin embargo, no encontraron prácticamente efecto en la educación ni en salud. Admito que la idea del gobierno dando dinero universalmente no me parece la más atractiva, pero tampoco resisto la tentación de preguntarme: ¿quién soy yo para poner prioridades sobre (decidir qué es lo mejor, o lo que "deben hacer") vidas ajenas? ¿Hasta dónde no somos demasiado paternalistas?

La narrativa importa.

Las declaraciones de la Sra. Arismendi sin duda no ayudan ni promueven buscar una solución país y, como era de esperarse, provocaron que —una vez más— se trate de buenos y malos y de pobre y ricos. De "nosotros contra ellos". No se trata de transferencias condicionadas o no condicionadas, sino de qué es lo que se quiera y, por supuesto, de hacer un programa que funcione. Sin control y con mala gestión ambas opciones pueden ser completamente ineficientes, pero también lo pueden ser la educación, la salud, y tantas otras áreas de la economía (y la política).

(1) Debido a sus siglas en inglés, llamaré aquí las transferencias de dinero condicionales "CCT" (Conditional Cash Transfers) y a las no condicionales "UCT" (Unconditional).

(2) "Arismendi rechaza planes sociales con contrapartida", EL PAIS, 21/1.

(3) Baird, S., McIntosh, C., & Ozler, B. (2010). Cash or condition? Evidence from a cash transfer experiment. Evidence from a Cash Transfer Experiment (March 1, 2010). World Bank Policy Research Working Paper Series, Vol.

(4) Haushofer, J., & Shapiro, J. (2013). Policy Brief: Impacts of Unconditional Cash Transfers. Massachusetts Institute of Technology. Accessed April, 30, 2014.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)