Paul Krugman - Profesor de Economía, Economista internacional - en Nueva York

Desesperación estilo EE.UU.

Hace un par de semanas, el presidente Barack Obama ridiculizó a los republicanos que se le han echado encima a Estados Unidos, y reforzó su mensaje al dejar una impresión bastante buena del gato Grumpy.

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Foto: Archivo.

Tenía razón en algo: con el crecimiento del empleo a tasas no vistas desde los 1990, con un porcentaje de estadounidenses que cuentan con seguro médico en puntos elevados récord, los pronósticos pesimistas de sus enemigos políticos parecen contraponerse con la realidad más que nunca antes.

No obstante, la oscuridad se está propagando en parte de nuestra sociedad. Y, realmente, no comprendemos por qué.

Ha habido muchos comentarios, y con razón, sobre un nuevo ensayo de los economistas Angus Deaton (quien acaba de ganar un Nobel) y Anne Case, en el que muestran que la mortalidad entre los estadounidenses blancos de edad mediana ha estado aumentando desde 1999. Este deterioro ocurrió mientras que los índices de mortandad caían sistemáticamente tanto en otros países, como en otros grupos del propio Estados Unidos.

Aún más sorprendentes son las causas cercanas del incremento en la mortalidad. Básicamente, son cada vez más los estadounidenses blancos que se están suicidando, directa o indirectamente.

El suicido aumentó muchísimo, al igual que las muertes por intoxicación con drogas y por la enfermedad hepática crónica que puede causar el exceso de bebidas alcohólicas. Hemos visto este tipo de cosas en otras épocas y otros lugares; por ejemplo, el marcado descenso en la expectativa de vida que afligió a Rusia después de la caída del comunismo. Sin embargo, es impactante verlo, aun en forma atenuada, en Estados Unidos.

No obstante, las conclusiones de Deaton y Case encajan en un patrón bien establecido. Ha habido diversos estudios que muestran que la expectativa de vida de los blancos menos instruidos está bajando en gran parte del país. El incremento en los suicidios y el abuso de opioides son problemas conocidos.

Y si bien la cultura popular puede centrarse más en las metanfetaminas que en los analgésicos cuya venta requiere receta médica o el tradicional alcohol, realmente, no es ninguna noticia saber que, en esencia, existe un problema de drogas. ¿Sin embargo, qué está causando este comportamiento autodestructivo y epidémico?

Si se cree a los sospechosos habituales de la derecha, todo es culpa de los liberales. Los generosos programas sociales, insisten, han creado una cultura de dependencia y desesperación, en tanto que los humanistas laicos han minado los valores tradicionales. Sin embargo, (¡sorpresa!) este punto de vista no concuerda con la evidencia.

Para empezar, el incremento en la mortalidad es un fenómeno exclusivamente estadounidense; aunque Estados Unidos tiene tanto un Estado de bienestar mucho más débil, como un papel mucho más fuerte de la religión y los valores tradicionales que ningún otro país avanzado. Suecia brinda muchísima más ayuda a sus pobres que nosotros, y una mayoría de niños suecos nacen ahora fuera de matrimonio, aunque la tasa de mortalidad del sueco de edad mediana es solo la mitad de la de los blancos en Estados Unidos.

Es posible ver un patrón algo similar en regiones completas dentro de Estados Unidos. La expectativa de vida es alta y sigue subiendo en el noreste y en California, donde los beneficios sociales son más elevados y más débiles los valores tradicionales. Entre tanto, la expectativa de vida baja o estancada o que sigue bajando se concentran en el Cinturón de la Biblia.

¿Qué hay con una explicación materialista? ¿Acaso el aumento en la mortalidad es una consecuencia de la desigualdad en aumento y de la reducción de la clase media?

Bueno, no es tan simple. Después de todo, estamos hablando de las consecuencias de un comportamiento y es claro que la cultura importa muchísimo.

Lo más notable es que los hispano-estadounidenses son considerablemente más pobres que los blancos, pero tienen tasas de mortalidad más bajas. Es probable que valga la pena notar, en este contexto, que, con las comparaciones internacionales, se encuentra en forma sistemática que los latinoamericanos tienen un bienestar subjetivo más alto de lo que podría esperarse, dados los ingresos con que cuentan.

Entonces, ¿qué está pasando? En una entrevista reciente, Deaton sugirió que los blancos de clase media han "perdido la narrativa de su vida". Es decir, sus reveses económicos han golpeado duro porque esperaban algo mejor. O, para expresarlo en forma algo diferente, vemos a personas a las que criaron para creer en el sueño estadounidense, y no saben cómo manejar la imposibilidad de hacerlo realidad.

Eso me suena a una hipótesis plausible, pero la verdad es que realmente no sabemos por qué pareciera que la desesperación se está propagando por todo el Estados Unidos medio. Sin embargo, es claro que así es, con consecuencias inquietantes para nuestra sociedad en su conjunto.

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