INDUSTRIA, SERVICIOS Y COMERCIO RETOMAN EXPANSIÓN SEGÚN SONDEOS DE LA FUNDACIÓN GETULIO VARGAS

Desacople: hay confianza en la economía pero no en Temer

La percepción de los brasileños acerca de la suerte que correrá la economía de su país ha mejorado, pese a los acontecimientos políticos que minaron la confianza y la popularidad en el presidente Michel Temer. 

Viviane Seda Bittencourt. Foto: El País
Viviane Seda Bittencourt. Foto: El País

Sin embargo, hay diferencias en la actitud que toman los consumidores con la de los empresarios.

Según Viviane Seda Bittencourt, responsable de las encuestas de confianza del Instituto Brasileiro de Economía de la fundación Getulio Vargas, los sondeos reflejan además una gran cautela entre los consumidores a la hora del gasto y una gran preocupación por el empleo, mientras la inversión de las empresas sigue a niveles bajos. A continuación, un resumen de la entrevista.

—El consumidor brasileño. ¿responde rápidamente a los cambios político-económicos?

—La confianza del consumidor, medida por el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora el Instituto Brasilero de Economía (IBRE) de la fundación Getulio Vargas, alcanzó el menor nivel histórico en septiembre de 2015 (63,6 puntos); a lo largo de estos dos últimos años se recuperó, influenciada por las expectativas de una mejora en la situación económica que no ocurrió a la velocidad a la que los agentes económicos esperaban, y por eso produjo un descenso entre la situación presente y las expectativas futuras, principalmente en lo que se refiere a la situación económica del país, que sufrió con la incertidumbre política.

El comportamiento del consumidor brasileño responde a los efectos económicos y políticos en sus respuestas sobre la situación económica del país, haciendo que este aspecto sea más volátil y sujeto a choques.

—Un ejemplo de ello es el fuerte impacto de los últimos hechos políticos vinculados con la corrupción...

—Así es. El 17 de mayo de 2017, cuando Joesley Batista, dueño de la empresa JBS, presentó denuncias contra el presidente Michel Temer, afectó la confianza de los consumidores en los tres meses siguientes. La reacción del consumidor fue inmediata y tardó más tiempo en recuperarse incluso que las empresas, que consideraban un ambiente económico más favorable (menor tasa de interés, caída de la inflación y ligera recuperación del mercado de trabajo); la incertidumbre política hizo que los consumidores redujeran su optimismo hacia el futuro y los mantuvieran cautelosos.

—¿Existe una correlación entre la confianza del consumidor y la popularidad del presidente?

—Estos indicadores suelen caminar juntos buena parte del tiempo, pero la historia reciente de Brasil muestra dos períodos de fuerte desprendimiento. Primero, en la recesión de 2008-2009, la confianza del consumidor cayó, pero la popularidad del entonces presidente Lula sufrió mucho menos. Y ahora, a pesar que los índices de confianza avanzaron un poco este año —reflejo de la gradual aceleración de la economía—, la popularidad del presidente, Michel Temer, registra mínimos históricos.

—¿Cuáles son los factores que más inciden hoy en una percepción menos negativa de parte de los consumidores?

—El desempleo es uno de los factores que más afecta la confianza de los consumidores, y es una de las variables que más viene golpeando al consumidor brasileño desde el inicio de la crisis. La ligera recuperación en el mercado de trabajo ya empieza a ser percibida por los brasileños y eso debe incidir positivamente en la confianza para los próximos meses.

—¿Qué pasa con la percepción sobre las finanzas familiares? ¿Hay mayor predisposición a la compra de bienes durables?

—En 2017, con la reducción de la inflación, una menor tasa de interés y la liberación de recursos del Fondo de Garantía de los Trabajadores (FGTS) de cuentas inactivas, los consumidores dieron prioridad a un mejor manejo de sus deudas y el reequilibrio del presupuesto doméstico. Esto ha hecho que haya una ligera reducción del endeudamiento, pero la intención de compra de bienes duraderos aún no ha regresado a los niveles pre-crisis y los consumidores todavía se mantienen cautelosos, esperando una recuperación más efectiva del mercado de trabajo, lo que garantizaría mayor seguridad a las familias.

—¿Qué resultados ha arrojado el último sondeo sobre bienestar de las personas en Brasil?

—La encuesta del Bienestar Brasileño es una investigación diferente de la encuesta de los consumidores. Pero, realizamos un ejercicio que compara el ICC y un indicador compuesto por el promedio de dos variables que suelen influenciarlo: las tasas de desempleo y de inflación. Este indicador llamado "Bienestar" se calcula a partir del promedio de los indicadores estandarizados e invertidos de desempleo (PNAD) y de inflación (IPCA 12 meses).

La concreción del escenario virtuoso trazado por el mercado para el desempleo e inflación llevaría inevitablemente a la reanudación del alza del ICC en los próximos meses, en ausencia de crisis políticas relevantes. Pero, por ahora, la percepción subjetiva de la población sobre la evolución de la economía continúa actuando este año como un factor de contención del consumo.

—Volviendo al ICC, ¿existe mayor confianza en el futuro de la economía por parte de los consumidores?

—Los resultados de septiembre muestran una recuperación de las expectativas en relación a los próximos 6 meses. Como ya mencionamos anteriormente, la continuidad de ese escenario más optimista debe ser mantenido considerando la reducción de la inflación, un afloje de la política monetaria y la reducción de la tasa de desempleo, y siempre y cuando no tengamos sorpresas en el ambiente político.

—En cuanto a los empresarios, ¿han mostrado más rápidamente su confianza en el proceso político-económico que atraviesa Brasil?

—Es así. Los indicadores de confianza de empresas y consumidores siguieron caminos diferentes, tras el retroceso que siguió a la crisis política de mayo. El Índice de Confianza Empresarial (ICE), que agrega la confianza de los sectores de la industria, servicios, comercio y construcción, retornó, en agosto, al nivel anterior a la turbulencia. En septiembre, el ICE alcanzó 87,3 puntos, el mayor nivel desde diciembre de 2014 (87,6 puntos).

—Desagregado por sectores productivos, ¿cuál es el comportamiento?

—La Industria, los Servicios y el Comercio regresan a la fase de recuperación interrumpida en mayo —cuando la crisis política— de forma más consistente, retornando a niveles parecidos a los de finales de 2014. Hay una mayor expectativa de contratación para los próximos meses pero con alto nivel de ociosidad, mostrando que la recuperación del nivel de actividad, a pesar de ser una realidad, está apenas empezando.

A su vez, el sector de la construcción tiene el menor nivel de confianza de todos los sectores y mayor dificultad, pero también se ha presentado una leve recuperación en los últimos meses.

—¿Se puede afirmar entonces que en Brasil ha cambiado el "humor" de la sociedad, y que existe una visión más positiva del futuro inmediato?

—Lo que podemos decir por el momento es que existen buenas señales en el ambiente económico y una diseminación de la recuperación por el sector productivo, elevando la confianza de los agentes económicos brasileños.

Las inversiones siguen bloqueadas pero el acceso al crédito mejoró.

—Las decisiones de inversión, seguramente postergadas ante la incertidumbre, ¿se están retomando?

—Lamentablemente, las inversiones siguen bloqueadas. La encuesta de Inversiones de la Industria de la FGV / IBRE del tercer trimestre, registró una caída del ímpetu para la realización de inversiones en relación al trimestre anterior, interrumpiendo una secuencia de cinco altas consecutivas.

La incertidumbre con respecto a la ejecución de los planes de inversión fue identificada en la investigación como un factor estadísticamente significativo para el empeoramiento de las previsiones.

Por otro lado, el récord de empresas que están previendo una estabilización del ritmo de realización de las inversiones para los meses siguientes, parece retratar una postura de "esperar y ver", lo que puede leerse como una posibilidad de facilitar una revisión más rápida en el sentido contrario, en el caso de estabilización del marco político y económico.

—¿Y qué está pasando con el crédito?

—La distensión en la política monetaria favoreció indudablemente la demanda de crédito. El crecimiento de la demanda por parte de las empresas parece todavía estar en nivel superior a la oferta, mientras que en el caso del consumidor esa relación es totalmente inversa.

PERFIL

Viviane Seda Bittencourt.

Graduada en Economía de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro; máster en Economía y finanzas por la EPGE/FGV). Coordinadora en IBRE y responsable de encuestas de la Fundación Getulio Vargas.

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