CARLOS STENERI

Dos décadas de historia

Los veinte años de vida que viene celebrando este suplemento coincidieron con dos décadas donde transcurrieron hechos que marcarán la historia económica y política de nuestro país.

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Población en el mundo. Foto: Pixabay

En ese lapso, hechos lejanos como el default de la deuda doméstica rusa de agosto de 1998 hizo entrar en crisis a nuestra región aledaña, arrastrándonos a comienzo de siglo a una crisis financiera inédita. Ahí el contagio mostró sus garras, desnudando las debilidades potenciales de nuestro sistema bancario. De otra manera, el contagio también dijo presente en versión positiva cuando China en su ascenso vertiginoso vigorizó la demanda y los precios de los productos primarios. Ahí comenzó una década dorada para la región y nosotros en particular, que ya ofrece varias enseñanzas.

Su irrupción coincidió con el ascenso de gobiernos de centro izquierda en la mayoría de los países de América del Sur, fruto del agotamiento y descreimiento en las élites políticas tradicionales de su capacidad de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Pero la memoria corta olvida que aquellas consumieron su capital político resolviendo los problemas de la década perdida de los ´80, reflejada en alto endeudamiento externo, déficit fiscales e inflación elevados junto a mercados internacionales adormilados. En nuestro caso, los ´90 también presenciaron reformas estructurales cardinales para el país, al facilitar la operativa de un modelo exportador, única vía de crecimiento de un país con mercado doméstico escaso. También presenció la reforma del sistema de seguridad social que iba a la bancarrota.

Luego, con solvencia fue resuelta una crisis importada sin parangón en la historia moderna, dejando como legado natural el deterioro social. Pero a su vez ordenó lo macroeconómico como antesala necesaria del crecimiento.

Fue así que recibidas las primeras señales del aumento de la demanda externa movilizada por China, Uruguay en pleno capta los vientos favorables de lo que sería una coyuntura internacional excepcional.

Desde ahí en más corresponde dilucidar que ocurrió, cuales son las carencias y que corresponde hacer para eliminarlas.

En lo primero, destacar que se creció gracias al despertar de un empresariado que supo interpretar las señales externas positivas, en particular el ligado al sector agroexportador. Lo hizo usando las reglas de vieja data, remontando los cuellos de botella de una infraestructura física saturada y en proceso de deterioro acelerado.

El rédito del gobierno fue no distorsionar los precios, ni aplicar tributos directos a las exportaciones a pesar de algunas tentaciones. También profundizó estímulos ya existentes a la inversión como vía de aprovechar la coyuntura de precios y el financiamiento externo exuberante.

Comprensible pero equivocado, el gobierno interpretó el desempeño estelar de la economía como un hecho permanente función de la mejor calidad de "sus "políticas. En realidad, hoy sabemos que aquello perteneció a un fenómeno externo temporal. Como consecuencia, se irradió una aureola refundacional de que "ahora con nosotros es distinto", lo cual instaló en el imaginario ciudadano la actitud de que se había llegado a un punto donde se podía mejorar sin pausa el bienestar social, a través de políticas acordes. Pero en realidad los temas básicos que lo hacen posible, como recrear fuentes genuinas de crecimiento y aumentos de productividad, siguen estancados.

En paralelo, se profundizó la agenda social cuya partida fue la reversión del deterioro social provocado por la crisis de comienzos de siglo. De ahí en más se abarcaron otras áreas, algunas ineludibles y otras no tanto. Pues, es inexplicable que con la bonanza no se pudo revertir las carencias habitacionales de los sectores mas sumergidos de la sociedad. Al mismo tiempo se montaron políticas que son gastos permanentes que requieren también de recursos permanentes pero no van al fondo del núcleo duro de erradicar pobreza. La pregunta pendiente es su grado de sostenibilidad cuando su diseño correspondió a una fase ascendente del ciclo económico, con niveles récord de recaudación. Espero equivocarme, pero la experiencia muestra que lo más probable es el vaciamiento de los contenidos donde quedan los titulares, las oficinas y el deterioro ulterior de las finanzas públicas. En suma, debilitar la efectividad de las políticas sociales.

La bonanza también deformó la visión de hacia dónde ir en materia de inserción externa. Al exportar más, gracias a China, se facilitó —aunque parezca un contrasentido— nuestro encierro regional, pues postergó la pregunta hacia dónde iba el Mercosur. Fue necesaria su crisis terminal para que todos despierten asombrados: estamos a la deriva y por tanto buscando rumbos nuevos.

Mirando hacia delante debemos convencernos al menos de tres cosas. Primero, el futuro no será el que fue. El mejor escenario probable es un mundo con tasas de crecimiento por debajo de su potencial arrastrado por China, esperando que no se reiteren episodios de crisis. A ello se agrega un entorno regional desalentador en su performance económica. Segundo, detener la expansión del gasto público acrecentado en demasía durante la última década, lo cual compromete la estabilidad de las cuentas públicas que obliga al aumento del endeudamiento a pesar de la alta carga fiscal vigente. Tercero, pasó una década donde las grandes reformas estructurales rayaron por la ausencia y es necesario recuperar el tiempo perdido sin demora. Nos referimos al tema educativo en particular. Y por ultimo llegó el tiempo de las grandes decisiones para salir de la deriva en materia de inserción comercial externa.

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