Universidad Católica - Observatorio de Energía y Desarrollo Sustentable

¿La culpa es de las renovables?

Uno de los argumentos oficiales para el aumento de las tarifas eléctricas ha sido el impacto de los contratos en dólares para la compra de energía renovable a privados.

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El sector eólico mostró un crecimiento y continúa su expansión. Foto: R. Figueredo

Este argumento carga sobre las fuentes renovables (eólica, biomasa y solar) buena parte del impacto político que tiene el aumento tarifario reciente, lo cual podría implicar un mensaje negativo sobre el desarrollo de la política energética. En contraste, entre 2013 y 2015 el discurso oficial era que la incorporación de fuentes renovables representaría una caída del 30% (El País, setiembre 2013) sobre los costos promedio de abastecimiento de la demanda y que ese impacto reduciría de forma relevante las tarifas.

Hagamos un análisis sobre el impacto real que tienen los contratos de compra de energía renovable en la evolución de las tarifas.

De acuerdo a la regulación del sector, las tarifas eléctricas deberían acompañar la evolución de los costos de la empresa eléctrica y financiar las inversiones que aseguren el suministro al menor costo. El Costo de Abastecimiento de la Demanda (CAD) es una parte de los costos que observa UTE, pero comprende únicamente la generación de electricidad del parque propio y la compra de energía a terceros. Sin embargo, existen otros costos que inciden en las tarifas de electricidad, asociados a transmisión, distribución y comercialización, así como costos financieros.

Muchos de estos costos son en dólares mientras que los ingresos en pesos. Por lo tanto, el riesgo de cambio no es exclusivo de los contratos de compra de energía, sino que se encuentra en toda la matriz de costos de UTE. Por otra parte, la evolución de la tarifa no siempre ha cumplido con las directivas del marco regulatorio, pero eso es harina de otro costal.

Centrándonos en los costos, el análisis debe realizarse considerando las opciones que se tomaron con las alternativas disponibles de generación. Es en este punto en el cual se comete el error de asignar a las energías renovables la responsabilidad del sobrecosto que justifica el ajuste de tarifas, porque las alternativas disponibles hubieran significado, como demostraremos, impactos mayores.

Coincidimos con matices con el argumento oficial de años previos de que incorporar fuentes renovables reduciría el CAD respecto al escenario tendencial (aunque los costos tendenciales no estaban incorporados completamente en las tarifas). Nuestras proyecciones no eran tan optimistas, pero con un dólar por debajo de los $30, y un WTI proyectado a US$ 100 por barril, se observaba una disminución del CAD del entorno del 25% a partir de la entrada de la eólica.

Claro, se podría decir que hoy ese escenario proyectado no se cumplió, el dólar ha superado los $ 30 y el precio del barril de petróleo se desplomó por debajo de los US$ 30. Sin embargo, veremos que aún en este escenario externo desfavorable para los contratos renovables, UTE obtuvo a partir de su incorporación una reducción del CAD, respecto a la alternativa disponible que hubiera sido concentrar las expansiones del sistema en generación térmica fósil.

Según ADME, el Costo Variable (CV) de la generación térmica se encuentra entre 62 y 108 US$/MWh y ha sido el más bajo en los últimos 5 años. El CV involucra el costo del combustible pero no incluye el componente de capital, lo cual suma 15 US$/MWh, lo que da un costo nivelado (incorporando costo variable y capital) de entre 77 y 123 US$/MWh para las alternativas fósiles.

Si se analiza el costo de compra de la energía renovable de UTE en sus contratos, en promedio es de 68 para la eólica (por lejos la de mayor participación), 88 para la solar y 110 US$/MWh y para la biomasa. Por lo tanto, aún ante la coyuntura de bajos precios del petróleo, la opción de un portafolio de generación que incorpora renovables tiene un CAD inferior a la generación fósil.

Incorporemos ahora al análisis el tipo de cambio. El CV con fuente fósil copia la evolución del WTI en dólares en el mercado internacional. Por lo tanto, aún cuando UTE pudiera pagar el combustible en moneda nacional, el efecto cambiario se trasladaría igual al costo de generación térmica de forma directa: la alternativa de generación fósil tampoco está blindada del riesgo cambiario. Lo mismo sucede con buena parte de la inversión en capital necesaria para expandir la capacidad térmica.

En suma, la incorporación de renovables ha representado una reducción en el CAD —respecto de otras opciones posibles— aún cuando los precios del petróleo hayan llegado a niveles muy por debajo de lo imaginable hace poco tiempo. Las otras alternativas disponibles tampoco hubieran liberado a la empresa eléctrica del riesgo de tipo de cambio, por lo cual los contratos de compra de renovables no representan una mayor carga para UTE en este sentido. En todo caso, más que culpar a las renovables de las nuevas tarifas, una discusión válida podría centrarse en la proporción de eólica incorporada al "mix" y si se logra un portafolio equilibrado de oferta, pero eso será material para otro artículo.

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