JAVIER DE HAEDO

Cada cosa por su nombre

En una presentación realizada el mes pasado ante diputados, el ministro de Economía y Finanzas pareció querer justificar el desvío entre los supuestos de crecimiento económico asumidos por su equipo en oportunidad del Presupuesto y la realidad, al referir a los desvíos en las proyecciones de los organismos internacionales y los analistas.

No voy a perder tiempo en referirme a los organismos internacionales, que suelen tener estimaciones concomitantes con las de los gobiernos y también suelen seguir con rezago la realidad.

Pero en el caso de los analistas, la sentencia del ministro parte de considerar las respuestas a las encuestas de expectativas que produce el BCU, y éstas me merecen dos comentarios: primero, responden muy pocos, entre dos y seis según el indicador de que se trate; segundo, los que responden son una firma consultora, un instituto universitario y el resto son bancos y AFAP.

No obstante, tiene razón el ministro cuando señala que la evolución de las respuestas a esas encuestas fue parecida a la de su propio equipo: las medianas de las respuestas sobre crecimiento del PIB en 2015 fueron de 2,90% en abril, 2,61% en agosto y 1,40% en diciembre.

En mi caso, que no respondo a las encuestas del BCU pero que sí lo hago, desde su inicio en septiembre pasado, a las del diario El Observador, mis proyecciones en ese mes fueron tasas de crecimiento del PIB de 1,1% para 2015 y de 0,3% para 2016. Y mi opinión sobre los supuestos del Presupuesto fueron publicadas en esta página el lunes 21 de septiembre bajo el título: "Presupuesto: escenario optimista".

Pero lo relevante en el desvío entre los supuestos del MEF y la realidad, fue que se mantuvieran a lo largo de todo el año los supuestos producidos en abril, cuando la realidad efectivamente se fue deteriorando y, más aún, cuando el proyecto de ley de Presupuesto se presentaría recién el 31 de agosto. Es más, después de esta fecha el deterioro siguió pero los supuestos del MEF se mantuvieron firmes a lo largo del tránsito del proyecto por el Parlamento hasta que fue aprobado cerca del final del año. Los analistas del ministro daban en diciembre, como vimos, 1,40%, y el MEF seguía plantado en 2,5%.

Este año el plazo para la presentación de la rendición de cuentas vence el 30 de junio, cuando conoceremos los nuevos supuestos para lo que resta del quinquenio.

En la última encuesta del BCU las medianas de las respuestas apuntan a un crecimiento de 0,6% en 2016 y de 1,1% en 2017; en la de El Observador, a 0,2% y 1,0% respectivamente; y en mi caso, a una caída de 0,2% este año y a un crecimiento de 0,6% el año próximo. En todos los casos, las proyecciones no incorporan el impacto de los temporales y las inundaciones de abril.

Pero hay otros temas ligados a la cuestión fiscal y presupuestal, sobre los cuales viene al caso llamar a las cosas por su nombre.

Primero, es necesario que la conducción económica tenga un comportamiento simétrico: si antes, en tiempos de vacas gordas y viento de cola, los "espacios fiscales adicionales" se gastaban, ahora, con vacas flacas y viento de frente, los resultantes "espacios fiscales negativos" deberían dar lugar a ajustes en el gasto. Hubiera sido preferible otro tipo de simetría, la de ahorrar en aquellos tiempos para poder gastar ahora, pero en su momento se decidió que ese no sería el camino.

Segundo, no es posible ajustar lo necesario sin tocar lo llamado "gasto social". Porque ahora parece que todo es gasto social y, por lo tanto, intocable. Ah… claro, también está el "gasto superfluo" y ese sí se puede y debe recortar. Pero resulta que desde que tengo uso de razón escucho hablar de cortar este tipo de gasto o sea que una de dos: o bien ya se lo ha recortado y no ha de existir o bien nunca se lo ha recortado porque por alguna razón no se puede o no se quiere. Entonces lo del recorte de los gastos superfluos son pamplinas.

Tercero, lo que realmente está complicando el necesario ajuste del gasto no es el social sino el endógeno, como muy bien lo explicó el ministro Astori en oportunidad del proceso parlamentario del Presupuesto. El 70% del gasto es endógeno, o sea que tiene vida propia y mecanismos propios de ajuste (indexaciones diversas) y leyes que prevén su aumento.

Cuarto, hablando de simetría, lo que todos tenemos que entender es que también la hay, de un modo u otro y más tarde o más temprano, en el mercado de trabajo.

En tiempos de vacas gordas y viento de cola, subía el PIB y con él la masa salarial (precio y cantidad, salario y empleo) y ahora, al recibirse un shock externo negativo, no sube el PIB y tampoco la masa salarial. Por lo tanto, si se insiste en aumentos reales de salarios el empleo seguirá trayendo malas noticias.

Quinto, hizo mal el gobierno en mantener la indexación de los salarios públicos y en dar en el presupuesto aumentos adicionales específicos que resultaron considerables: al cabo del primer trimestre, según el INE, el aumento salarial en el Gobierno Central fue de 12,66%.

Muy lejos de las pautas que rigen la negociación privada, son un mal ejemplo para este sector. Resulta clave que este error no se repita al inicio del próximo año y que los salarios públicos sean parte del ajuste.

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