HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

El consumo privado en fase de estancamiento

El PIB ajustó a la baja medido en dólares, con una caída de US$ 3.700: en el último año.

La economía uruguaya se muestra prácticamente estancada al comienzo del año 2016, situación que no es necesariamente mala para lo que está ocurriendo en el contexto internacional y regional. Los datos de cuentas nacionales muestran que el PIB registra tasas de crecimiento cada vez menores y convergiendo al cero. Para peor, el análisis de los diversos componentes indica que en el mejor de los casos se va hacia el estancamiento en términos reales y una caída del nivel medida en dólares. Es una situación manejable, pero para poder hacerlo se debe empezar por reconocer la realidad de estancamiento y el nivel de dificultades que se enfrentan.

En el gráfico superior del cuadro adjunto se muestra la evolución del PIB a precios constantes en Uruguay y se puede observar cómo sobre los últimos datos hay un agotamiento en la capacidad de crecimiento.

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En el mismo gráfico se muestra la evolución del PIB en Brasil, también a precios constantes y puestos en la misma escala para el año 2007. La historia de los dos países tiene algunas diferencias muy marcadas. En este período hay más dinamismo en la economía Uruguaya debido a que las inversiones extranjeras fueron muy fuertes y amortiguaron la crisis del 2009 y catapultaron la actividad entre el 2010 y el 2013 por encima de lo que sucedió en Brasil.

Pero la diferencia más notoria está en los dos últimos años. Mientras la economía uruguaya hay un enlentecimiento que llega hasta el estancamiento, en Brasil se inicia un proceso de retroceso marcado. Nuestro principal socio comercial de la región está cayendo y no se ven las perspectivas de cuándo terminará dicha trayectoria.

Por lo tanto, es importante caracterizar el estancamiento actual. En los gráficos de la zona media del cuadro se muestra la evolución del consumo privado y la inversión total. En el caso del consumo privado hay un muy fuerte ajuste en las tasas, aunque al cuarto trimestre del año pasado todavía no se observó una contracción en el nivel real de la principal variable de las Cuentas Nacionales. Las familias bajaron el ritmo de crecimiento anual del consumo del 9,4% en el año 2010 hasta un estancamiento (crecimiento 0%) en el 2015. La cantidad de bienes y servicios que se consumieron fue la misma en los dos últimos años.

Mientras el consumo corriente de los agentes privados de la economía se frena, el del sector público aumenta. En el 2015 el aumento fue del 2,6%, tasa que es relativamente estable desde mediados del 2014. Obviamente, que este crecimiento tiene una contrapartida en el financiamiento corriente o en el endeudamiento. Cuando es corriente, por la vía tributaria se están sacando recursos que podría consumir el sector privado. Cuando es con deuda se está apelando a los impuestos que se van a cobrar en el futuro. Por lo tanto no hay magia en la creación del PIB por parte del sector público, de algún lado salen los recursos para el crecimiento.

Esta visión del desplazamiento del gasto privado por parte del público hace pensar que lo importante es que el Estado destine los recursos a actividades que potencien la generación de riqueza por los privados. Al mismo tiempo, se tiene que lograr un mayor nivel de eficiencia que el que tendrían los recursos en manos de los privados o un impacto redistributivo que no lo puede lograr la iniciativa privada. Este es el cristal con el que se debe analizar el rubro a rubro del gasto público para ver si aporta o no al crecimiento de la economía.

La segunda gráfica del tramo medio muestra también las tasas de variación pero en este caso de una medida de la inversión en la economía como es la Formación Bruta de Capital Fijo. En este caso se elige una medida que combina la inversión del sector privado con el público al entenderse que en gran medida son complementarias y no hay un desplazamiento significativo de una por otra.

En el último año, mientras el sector privado registró una reducción en el total invertido del -7,7%, el sector privado puso los pies en los frenos del gasto en bienes de capital hasta bajar un -12,5%.

En conjunto hay una reducción del -8,8% que contrasta con los incrementos de dos dígitos de comienzos de la década.

Los datos en el último año están mostrando también que hay variaciones de existencias muy reducidas. Esto quiere decir que las empresas ya tomaron nota de la baja en la demanda de los próximos trimestres y ajustaron a la baja la producción.

Del lado de la oferta se observan variaciones negativas en el promedio del año para "Comercio, Reparaciones, Restaurantes y Hoteles" y para "Construcción".

Por su parte la "Producción primaria" registra una leve tasa positiva, pero cuando se mira el último trimestre año a año o en términos desestacionalizados, la variación es negativa. Por su parte la "Industria manufacturera" registra un aumento, pero hay una fuerte influencia del inicio de operaciones de la segunda mega planta de celulosa, el último trimestre ya es de estancamiento.

Con la demanda interna frenada, las posibilidades de producción miran al frente externo. El PIB puede aumentar por efecto de mayores exportaciones o por una caída de las importaciones. En los dos casos hay una combinación de fuerzas entre dólar y precios internacionales por un lado y los costos de producción internos por otro.

El punto de partida, al observar el 2015 es de exportaciones cayendo -1,2% en el año pero las importaciones caen en forma más intensa (-7,4%). Es una evolución que provoca una reducción en el saldo comercial con los restantes países del mundo.

En el último gráfico del cuadro se muestra la evolución de la diferencia entre las exportaciones y las importaciones como porcentaje del PIB, tomando períodos de cuatro trimestres móviles. Es claro el ajuste que se está procesando en la economía uruguaya y que hasta el momento tiene como protagonista principal al sector privado. El déficit pasa de niveles cercanos al -10% del PIB en la primer mitad del 2014 al -6% en el último dato disponible.

El estancamiento no es lo más grave. Si se mira el contexto internacional y regional se observa que el último año hubo un impacto negativo desde el exterior y no se llegó a una recesión.

Sin embargo, pensando en resto del año y el siguiente no se ve un panorama alentador. En estas situaciones el mejor de los mundos es aguantar el mal momento con una reorientación del consumo doméstico hacia la inversión productiva.

En ese sentido la devaluación de la moneda es la señal clave y si es acompañada por un contexto para los negocios amigable y señales de que mejora la productividad del país mejor.

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