CARLOS STENERI

Consecuencias del "Brexit"

La decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea es el comienzo del fin de acuerdos que pretenden universalizar utopías que desconocen los sentimientos profundos de las naciones.

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Brexit. Foto: Youtube

El proyecto político comenzado en 1957 acaba de sufrir su mayor traspié, cuando la quinta economía del mundo decide darle un portazo en rechazo a la normativa de permitir la libre circulación de personas. Esto dio lugar a potentes flujos migratorios desde los nuevos países que entraron en el espacio comunitario hacia aquellos que ofrecían mejores oportunidades laborales y sistemas de protección social más robustos. Esta realidad trasciende la competencia natural por los puestos de trabajo, pues una corriente migratoria también conlleva costumbres y valores que pueden entrar en colisión con la sociedad que los recibe. Y el efecto es más potente cuanto menos sofisticado —y por ende menos globalizado— es el segmento social que opina sobre el punto. También es el que tiene más aversión al cambio, pues se siente incapaz de prosperar en un entorno dinámico, o teme perder lo que siempre ha conocido, incluido su empleo. Europa es una sociedad de naciones, quizás tantas como los cientos de dialectos que aun hoy prosperan en la vida cotidiana. Usando las naciones como criterio, la UE es más de 27 países, lo que muestra la complejidad de su trama social y también el desafío que intenta superar: instrumentar una plataforma operativa en lo económico y lo social que permita disipar tensiones en un continente ancestralmente propenso a dirimir conflictos por la fuerza.

Con ese telón de fondo, la responsabilidad del divorcio le compete a ambas partes. Los partidarios del Brexit por no explicar fehacientemente sus consecuencias económicas inmediatas y no proponer un camino alternativo para neutralizar los efectos de la inmigración indiscriminada. Por otro lado, la UE mantuvo una postura inflexible en el tema migratorio que fue tensionando la relación con el Reino Unido, así como con otros países como Holanda y Dinamarca que soportan el mismo proceso. En este caso, de la mano de Alemania imperó la ortodoxia sobre el realismo político, desconociendo que Europa es un mosaico de sentimientos y también de realidades económicas diferentes que son caldo de tensiones. No olvidemos que la letanía de la crisis griega aun irresuelta fue el primer aviso que la UE podía fracturarse. El Brexit fue el golpe de gracia, después del cual todo será distinto. Sin duda, estamos ante un evento tectónico que fractura el paradigma de la integración política, comercial y eventualmente financiera que presentaba hasta ahora el mundo

Aunque es temprano para las conclusiones definitivas, ya pueden trazarse algunas líneas.

Primero, los hechos recientes confirmaron que los esquemas a la Unión Europea son demasiado estrictos para ser aplicados a un conjunto amplio de países donde conviven realidades económicas y sociales distintas. Peor aún cuando incluyen una unión monetaria donde no coexisten reglas fiscales ni regulaciones bancarias comunes, ni tampoco mecanismos de resolución de crisis bancarias. A eso se agrega el impacto desestabilizador de las normas sobre la libre circulación de personas. En definitiva, lo que vendrá será un achicamiento de la UE tal como la conocemos, con la posibilidad que aparezca un espacio comunitario moviéndose a dos velocidades para facilitar el reacomodamiento entre socios con realidades económicas y sociales disímiles.

Siendo así, es muy probable que vayamos hacia una globalización caracterizada por tratados de libre comercio entre países, países con bloques o entre bloques dado que la UE puso reversa y el multilateralismo agoniza.

A su vez, los fracasos en materia de integración han despertado en países relevantes formas de populismo xenófobas que achican los márgenes de maniobra para profundizar la globalización.

Los tratados de libre comercio son los mecanismos que poseen la flexibilidad suficiente para sortear esas restricciones.

Estados Unidos también hoy es una incógnita, Pero hay una alta probabilidad de que se incline a negociar acuerdos comerciales bilaterales, donde tiene poder de negociación mayor, que hacerlo con ámbitos ampliados. De todas maneras su postura en el corto plazo es de menos apertura que en la década pasada.

Esta realidad inesperada encuentra también al Mercosur en su terremoto. Fracasado en sus resultados, hoy sus cuatro socios fundadores reconocen que es necesario cambiar de marcha. Entre otras cosas se va en camino hacia la flexibilización de las normas para negociar acuerdos de libre comercio. Sin duda un cambio inesperado a lo que había un año atrás.

Esta conjunción de hechos implica que todo el mundo está barajando de nuevo. Y con ello se estaría creando una oportunidad histórica para Uruguay para apurar el paso en la concreción de Tratados de Libre Comercio. China es el primer candidato por lo que se viene anunciando. Despejada la polvareda, también el Reino Unido, más propenso al libre comercio que el continente europeo y ahora liberado de su tutela en materia de negociaciones comerciales. Pero más importante que la lista de candidatos, es trazar una estrategia de Estado en materia de política comercial que permita aprovechar una oportunidad histórica.

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