BÁRBARA MAINZER

Comportamiento inversor incide en la rentabilidad

Las últimas tres décadas fueron, a pesar de las fuertes crisis de 1987, 2000 y 2008, años muy buenos para las acciones americanas. 

Inversores del exterior. Pasan por el mercado para vender títulos en pesos.
Foto: Archivo El País.

En los 30 años finalizados en diciembre de 2015, el S&P 500, índice bursátil que sigue a las 500 acciones más grandes de EE.UU., tuvo un retorno promedio anual de 10,35% (1).

Sin embargo, a los inversores que invirtieron en acciones en ese período no les fue tan bien: tuvieron una rentabilidad promedio de 3,66%, según estimaciones de Dalbar, una firma de investigaciones relacionada con servicios financieros que desde 1994 mide los efectos de las decisiones de los inversores (2).

Hablando en plata: mientras que invertir US$ 100.000 en el S&P 500 en 1986 representaría transformarlos en US$ 1.9 millones luego de 30 años, el inversor promedio que invirtió en acciones americanas a través de fondos mutuos, terminó con US$ 294.000, o sea 6.5 veces menos riqueza al final del periodo.

Secreto del éxito.

Las conclusiones de los estudios de Dalbar son contundentes: al inversor promedio le va consistentemente peor —con frecuencia mucho peor— que al mercado. La principal explicación es su comportamiento. La exuberancia de un mercado al alza los lleva a comprar, y el miedo en un mercado bajista los impulsa a vender. Es decir, compran cuando está caro y venden cuando está barato, al revés de lo que deberían hacer.

Dalbar también fue concluyente al decir que no importa el período considerado —incluyendo crisis, así como varias recuperaciones— los resultados de las inversiones de los ahorristas son más dependientes de su comportamiento que de la performance de las inversiones. Según esta agencia de investigaciones, los inversores que diseñan una estrategia y la mantienen, son más exitosos que aquellos que intentan identificar el momento exacto para entrar y salir del mercado.

Si los inversores logran planificar cuidadosamente y actuar con mayor racionalidad tendrán mejores resultados.

A todo esto, el 9 de octubre pasado, la Academia Sueca anunció que el Nobel de economía se asignaba una vez más para un investigador de la economía del comportamiento. El economista y docente de la Universidad de Chicago, Richard Thaler, recibió esta distinción por la incorporación de la psicología a las ciencias económicas; por combinar el análisis económico y el psicológico en la toma de decisiones individuales. Contrariamente a lo que predicaba la teoría económica, Thaler demostró que lejos de ser racionales, nuestras decisiones están influenciadas por variables psicológicas que las desvían de un comportamiento económico racional.

Sus lecciones fueron aplicadas a varias disciplinas, entre ellas, son utilizadas por políticos y gobernantes buscando influir en los votantes y ciudadanos. Estos sesgos cognitivos que influencian nuestras decisiones son especialmente significativos y recurrentes en finanzas.

Racionalidad limitada.

Este investigador demostró que tenemos una racionalidad limitada —no consideramos toda la información ni las consecuencias de largo plazo de las decisiones—. Indicó que manejamos mal las tensiones entre lo que se planea y lo que se hace, y enseñó cómo el bienestar a largo plazo puede verse influido por las tentaciones a corto y la falta de autocontrol.

Desarrolló una teoría que denominó cuentas mentales, que explica cómo personas tomando decisiones simplifican y miran el efecto estrecho de las decisiones financieras en lugar del todo. Y a través del efecto propiedad y del sesgo a referencias, esclareció por qué nos duele mucho más perder de lo que disfrutamos ganar, cuando de dinero se trata.

La decisión del Comité no solo es un reconocimiento a la trayectoria de este prolífico escritor e investigador, sino que es un testamento a la importancia que tiene esta disciplina.

Otros académicos fueron galardonados con el premio Nobel por sus contribuciones a integrar la psicología en la ciencia económica: Herb Simon (1978), Daniel Kahneman (2002) y Robert Shiller (2013).

Nueva oportunidad.

A pesar del avance de las investigaciones, en lo que a inversiones se refiere se siguen cometiendo los mismos errores.

Hay mucho por hacer y muchas enseñanzas que recoger. Thaler nos demostró cómo se puede cambiar el contexto para ayudar a las personas a tomar mejores decisiones, manteniendo siempre la libertad de elección. Estas lecciones son especialmente útiles y relevantes en finanzas. Nos puede ayudar a no cometer errores que tanto daño hacen a los portafolios de inversión, y a planificar mejor para nuestro retiro.

Pasan los años y seguimos cometiendo los mismos errores. Thaler nos recuerda que tenemos una nueva oportunidad de aprender.

(1) No se puede invertir en un índice. El mejor sustituto para seguir un índice de mercado es un ETF.

(2) Dalbar, a partir de datos de diversas fuentes, como el Investment Company Institute, toma los datos de compra, venta e intercambio de fondos mutuos mensuales para analizar el comportamiento del inversor promedio en Estados Unidos.

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