ISAAC ALFIE

Comparaciones deben ser justas

La pasada semana se anunciaron cambios a la propuesta inicial de alteraciones al IRPF vigente. El cambio que se introducirá será al menos el quinto desde la vigencia del impuesto de mediados de 2007 y el segundo que dispone aumento de carga.

Se argumenta que trabajadores activos que ganen menos de $ 50.100 no sufrirán suba de impuesto, recargando todo el peso del aumento en unas 150.000 personas.

Desde el punto de vista formal, lo anterior es parcialmente cierto ya que, para un trabajador del sector privado con dos menores a cargo, dada la reducción en la tasa de deducciones, a partir de un sueldo nominal del orden de los $ 32.400 la carga impositiva le aumentará y, si gana $ 35.000 nominales al mes (unos $ 27,500 líquidos), pagará unos $ 3.120 adicionales al año.

Desde el punto de vista económico el efecto resulta más difícil de predecir porque, la menor actividad que el ajuste fiscal traerá consigo impactará en todos los sectores del ámbito privado y, razonablemente, se reducirán comisiones, horas extras, propinas o bien el salario de ingreso ofrecido será inferior al que se hubiese abonado bajo otras circunstancias. Por lo que, sin contar que algunos incluso queden desempleados, no caben dudas que muchos sufrirán reducción en sus ingresos. Una cosa es lo normativo formal y otra las realidad económica.

Formas de cálculo.

El IRPF en Uruguay tiene un par de singularidades. La primera "buena" —en el sentido de la simplicidad— es el sistema dual de liquidación por cédulas independientes de rentas del capital y el trabajo. El primero sin mínimo no imponible y tasa única, pero con una variedad de tasas según el caso y, la segunda "mala" —ya que aumenta la tasa efectiva en la comparación internacional— es que los ingresos se liquidan por un lado con determinadas tasas progresivas y las deducciones (muy poco relevantes en los hechos), se liquidan por otro. Internacionalmente lo usual es que el impuesto se liquide sobre ingresos netos lo que implica que las deducciones se hacen a la tasa marginal más elevada (1). Por ejemplo si una persona con dos hijos gana $ 50.000 nominales al mes hoy abona por IRPF unos $ 29.500 al año, en cambio, con las mismas franjas y tasas si el cálculo se hiciera como es lo usual en el mundo abonaría $ 17.800, 40% menos. Por tanto, cuando comparamos tasas de impuestos y límites de ingresos chocamos con esta dificultad.

Además de lo anterior, hay tres elementos claves a tener en cuenta; el mínimo no imponible, el monto de las deducciones admitidas, es decir cómo se determina el ingreso líquido, y el nivel de ingreso absoluto y la tasa que lo grava. A vía de ejemplo, en Argentina, cuyo ingreso per cápita podemos decir es "similar" al nuestro (2) y los precios domésticos en lapsos razonables no difieren, un matrimonio con dos hijos tiene un mínimo no imponible mensual de US$ 1.725 ($u 53.000) y un soltero US$ 1.320 ($u 40.900). A su vez, por cada hijo, padre, suegro, abuelo, hermano y otros familiares a cargo, le son permitidas deducciones, al igual que por pagos de seguro de vida, alquileres, seguros médicos, intereses de crédito y pagos a empleada doméstica, entre otros. Las tasas del impuesto parten del 9%, para ser luego del 14, 19, 23, 27, 31 y 35%. Concentrándonos en la parte relevante de la comparación, el mínimo no imponible de Argentina para un matrimonio equivale en los hechos (no olvidemos que se hace sobre ingresos netos), a unos $u 75.000. Si la persona es soltera dicho mínimo es del orden de $ 56.500 uruguayos. Es decir, cuando aquí ya se abonarán tasas marginales del 24%, en Argentina no se empezó a pagar y, una persona como el caso tipo planteado, con ingresos nominales equivalentes a los $u 100.000 en Argentina pagaría unos $u 5.200 al mes y aquí pagará $ 15.900, poco más del triple.

El primer mundo.

A veces, de manera equivocada, se piensa que vivir en Uruguay es más barato que hacerlo en Europa o Estados Unidos. Nada más alejado de la realidad, en los hechos el costo de vida no difiere e incluso es ciertos casos es mayor aquí. La diferencia es que, por ejemplo, en Estados Unidos el ingreso per cápita promedio es más de 3,5 veces el nuestro. Allí el impuesto se liquida, igual que en Argentina, sobre ingresos netos de gastos, siendo las deducciones permitidas bastante más "generosas" que en nuestro vecino, una familia cuyo ingreso neto de deducciones mensual sea superior a los US$ 1.550 ($ 48.000) e inferior a los US$ 6.275 ($ 190.000) paga el 15% sobre el mismo. Aquí, a partir de $ 50.100 brutos se abona el 20% y se pasará al 24/25%. Seguramente al habitante de Estados Unidos, que gana más del triple que el nuestro, le sea bastante más fácil afrontar el pago.

Con estos ejemplos pretendo ilustrar de la gravedad de los efectos perversos que estamos induciendo con la carga impositiva. Sin discutir la inconveniencia del impuesto en sí, su carga sobre salarios muy bajos provoca efectos perniciosos y desmoralizantes. ¿Cuál es el incentivo de progreso de una persona cuya capacidad de ahorro —la base de su mejora—, es devastada? Seguramente muy pocos o directamente nulos. Su destino, si es joven, es irse del país y cuánto más formado más fácil hacerlo. Entonces nos quedamos con el gasto de formación y sin el beneficio de su capacidad. Hay que repensar muy seriamente lo que estamos haciendo. No estamos ante la emergencia de una crisis profunda, lo que nos permite pensar en términos de dinámica económica, sin ahorro ni capital humano no hay progreso. Las medidas deben venir por otro lado, el camino elegido definitivamente está equivocado.

(1) El "método uruguayo" implica exactamente lo contrario.

(2) Aunque las estadísticas oficiales dicen que el nuestro es 33% superior.

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