DE ACUERDO CON LO PREVISTO POR PEKÍN, EL PAÍS CRECE 6,7%

China apuesta a las medidas de estímulo

El aumento del 6,7% en la economía china durante 2016, cumple casi aritméticamente lo que predijo el primer ministro chino, Li Keqiang, el pasado marzo: una tasa que fluctúe entre el 6,5% y el 7%.

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Foto: AFP

China sigue creciendo en sus menores niveles del último cuarto de siglo (este 6,7% supone dos décimas menos que la cifra de 2015), pero se han alejado los fantasmas de una crisis inminente que aparecieron durante el estallido de la burbuja bursátil.

Tras un primer semestre peor de lo que apuntaban las cifras oficiales, la economía se recuperó a segunda mitad del año gracias a un incremento del gasto fiscal y en infraestructuras, el aumento del crédito y el dinamismo del sector inmobiliario. De hecho, el PIB repuntó hasta el 6,8% durante los últimos tres meses del año, la primera vez que registra un aumento intertrimestral desde 2014.

Prueba de que el tirón fue impulsado por el sector público es que, mientras la inversión de las empresas privadas apenas creció un 3,1%, la de las estatales lo hizo un 18,7%. Y se puso en evidencia una China que crece a dos velocidades: mientras las provincias del norte y el noreste sufren por la caída libre de la industria pesada y se enfrentan a una dura reconversión industrial —aunque el repunte de los precios de las materias primas les ha dado un ligero respiro en los últimos meses—, la economía de la costa oriental vibra por sectores como el comercio electrónico o el tirón que supone tener a 1.400 millones de personas con cada vez más poder adquisitivo. La renta disponible per cápita aumentó en 2016 en un 6,3% en términos reales.

2017 se presenta menos estable, al menos sobre el papel. Primero porque el estímulo tiene límites: Pekín lleva casi dos años en medio de una política monetaria laxa y con tasas de aumento del crédito que doblan las de la economía real, un crecimiento que según advierten varias organizaciones internacionales no es sostenible.

El rápido aumento de la deuda corporativa es uno de los mayores riesgos financieros a los que se enfrenta el gigante asiático y el Banco central chino ya ha dado señales de que soltará el acelerador para controlarlo. También se han puesto limitaciones a un mercado inmobiliario que burbujea.

El profesor de Economía y Finanzas del Ceibs (China Europe International Business School), Xu Bin, espera un cambio de paradigma por parte de las autoridades chinas este 2017.

"En su primer lustro en el poder, Xi Jinping ha optado por un crecimiento económico más enfocado en la cantidad que en la calidad. Ahora el objetivo de doblar el PIB per cápita en 2020 con respecto a la década anterior está más cerca, con lo que ya hay menos presión. Creo que esto se reflejará en una tasa de crecimiento menor y mayor hincapié en reducir deuda y en llevar a cabo reformas para asegurar un crecimiento más saludable".

El otro factor que podría afectar a la economía china es el flamente presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

En medio de un entorno externo aún débil y volátil, el presidente estadounidense podría traer más incertidumbre si, como ha prometido, impone altos aranceles a los productos chinos, tacha al país de manipulador de su divisa o adopta medidas que incrementen la tensión entre las dos potencias.

La puesta en marcha de un plan de estímulo para la economía estadounidense, sin embargo, podría animar al potente sector exportador chino. "Trump es el mayor riesgo para este año —dice Xu—, pero creo que ajustará su estrategia. Sin duda seguiremos viendo exabruptos, pero China es la segunda economía mundial y una guerra comercial también le lastimaría.

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