Jose Luis Espert - Desde Buenos Aires

Entre el cepo y la escasez

Axel Kicillof dice que la escasez de divisas es la causa del cepo. Por otro lado, hay quienes dicen que, en realidad, es al revés: que el cepo genera escasez de divisas porque es la causa de que no entren dólares. Entonces, como no entran dólares por el cepo, termina habiendo escasez de divisas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Dijo que el default más grande de la historia argentina fue por culpa del neoliberalismo. Foto: Reuters.

Es "cierto", como dice Kicillof, que la escasez de divisas causa el cepo. El problema es que Kicillof plantea la escasez de divisas como si fuera un fenómeno intergaláctico o paranormal donde él, como ministro de Economía, no tiene ninguna responsabilidad y, al mismo tiempo, quiere hacer ver al cepo como la única opción de política económica que tenía a mano el Gobierno en 2011 cuando lo impuso.

La escasez de divisas en 2011, cuando se lanzó el cepo, nació como consecuencia de que sobraban pesos porque la gente no quería todos los que el Gobierno emitía para financiar su déficit fiscal (en parte por la inflación que genera) y también como consecuencia de que el Gobierno decidió, a principios de 2010, utilizar las reservas para pagar la deuda pública en vez de usar impuestos, motivo por el cual, el Banco Central de a poco se fue quedando sin reservas disponibles, líquidas.

Entonces, que el BCRA se haya quedado con pocas divisas, que el ministro llama "escasez de divisas", es consecuencia de lo que el Gobierno viene haciendo desde hace por lo menos un lustro. Y desde fines de 2013, también le toca a él como responsable de Economía.

Pero además, frente a la escasez de divisas causada por el accionar del Gobierno y no como algo inesperado, el cepo no era la única respuesta posible y, mucho menos, la mejor.

Alternativa.

Lo ideal en aquel momento era devaluar y lanzar un plan antiinflacionario creíble. A su vez, para que la devaluación real inicial fuera creíble y para que la gente se quedara con los pesos que el Gobierno emitiría (en menor cantidad) y dado que un plan antiinflacionario implica dejar de emitir, habría que haber hecho un fuerte ajuste fiscal, que a su vez requería de una fuerte baja del gasto público (la presión impositiva ya es expropiatoria).

Así que la "doble" afirmación de Kicillof de que la escasez de divisas es la causa del cepo es en su esencia falsa.

Por otro lado, es cierta la afirmación de que una vez lanzado e impuesto el cepo, éste causa escasez de divisas porque la entrada de divisas se elimina al desaparecer la posibilidad de llevarse las divisas una vez que se ingresan al país. Obviamente, que si te dicen que no puedes llevarte las divisas, es el mejor incentivo para que no ingreses divisas al país.

Pero cuidado, si piensas que la única causa de la escasez de divisas es el cepo, te falta contar qué pasó con la economía antes. Y lo que pasó es que al cepo se llegó como consecuencia de los pesos que el Gobierno emitía y la gente no quería, y porque el Gobierno a principios de 2010 asaltó al BCRA para usarlo como su monedero, dejándolo hoy casi sin reservas líquidas.

De todas maneras, Argentina ha caído en el error (¿y van?) de que lo único que importa es el cepo. Ha pasado a ser el tótem de la discusión de política económica de los últimos meses. Todas las discusiones nos llevan a él. Una cosa inadmisible cuando los controles de cambio casi han desaparecido de la faz de la tierra y si se aplican es de manera muy transitoria y con profundidad decreciente, todo lo contrario de lo que ocurre con Argentina donde hoy, a casi 4 años de haberse introducido (octubre de 2011) es más severo que en sus inicios. Al cepo hay que eliminarlo de un plumazo dentro, sólo dentro, de un programa económico de estabilización (de ataque a la inflación) sólido y creíble que (como mínimo) incluya una fuerte devaluación del peso; congelamiento del gasto público nominal, luego de haber despedido a toda La Cámpora y a todos los que el gobierno nombró en el segundo mandato de Cristina Kirchner (comenzó en diciembre de 2011).

Además, es necesaria una suba de las tasas de interés que, como mínimo deberían quedar neutras en términos reales en vez de los 10 puntos negativos de hoy (con el absurdo argumento presidencial de fomentar el consumo); también se requiere una suba de las tarifas de los servicios públicos (no para bajar el gasto público sino para que las empresas privadas prestadoras salgan del quebranto en el que se encuentran sumergidas).

No es menos importante un drástico cambio en la política exterior de Argentina que deje de relacionarla sólo con países fascistas como Venezuela, Rusia y China y vuelva a ser socia de Occidente pasando a acatar los fallos de la OMC, del Ciadi y del juez Griesa en Nueva York, y retome las relaciones con el FMI no sólo para las revisaciones de rutina que este hace de las cuentas de sus países miembros, sino también lograr un importante acuerdo de préstamo para derrumbar la expectativa de emisión monetaria de financiamiento del déficit fiscal para derrumbar la tasa de inflación.

Frente fiscal.

Dentro de ese programa de estabilización es clave la situación fiscal. Hoy el déficit de las cuentas públicas argentinas ya llega a 8% del PIB, el cuarto más grande del último medio siglo, sólo superado por déficit fiscales extremos previos a crisis como el Rodrigazo de 1975, el fin de la Tablita de Martínez de Hoz en 1981, la crisis del Plan Austral de 1988-1989 y el fin de la Convertibilidad de 2001-2002.

Con dos agravantes. Uno, la presión impositiva en Argentina en la actualidad, para los que están en blanco, es de más de 60% del PIB (dado que la evasión impositiva es del 33%, la recaudación total de impuestos es de poco mas de 40% del producto), récord en nuestra historia y en el mundo, superando incluso a los gravámenes que se cobran en los países escandinavos con ingresos per cápita hasta 6 veces superiores al de Argentina.

El segundo es que el gasto público está concentrado en salarios y jubilaciones (no es cierto que el principal gasto público sean los subsidios a las tarifas de los servicios públicos; sí son los que más subieron en los 12 años de kirchnerismo, porque a fines de 2001 cuando estalla la convertibilidad no había subsidios a los servicios públicos), hecho que dificulta mucho su baja nominal con lo cual se le carga demasiada presión al tipo de cambio para hacer el ajuste real. Esto, a su vez, requiere de un plan antiinflacionario cada vez más duro.

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