JAVIER DE HAEDO

Casados con el vecino caro

Los promedios suelen no decir toda la verdad. Y esto pasa, a veces, con las variaciones del PIB, que refieren promedios anuales y no variaciones "punta a punta" del año.

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Uruguay, Brasil y Argentina. Foto: AFP

Un caso notorio es el del año 2003, cuando la economía creció 0,8%. Esta variación, que es la que queda "para la estadística", refiere el crecimiento del nivel de actividad de la economía entre los promedios de 2002 y 2003. Sin embargo, 2003 fue bastante mejor de lo que parece, pues "punta a punta", o sea entre los cuartos trimestres de 2002 y 2003, el crecimiento fue de 8,6%. ¿Cuál de las dos variaciones señaladas refleja mejor lo sucedido a lo largo de aquel año? Sin dudas la última. La economía tocó fondo en el primer trimestre de 2003, tras un fuerte desplome en el año anterior, que dejó un "arrastre estadístico" muy negativo para el año siguiente (-3,8%) y con una enorme influencia en la cifra que refleja la variación entre los promedios anuales respectivos.

Cambio.

Algo parecido sucedió en 2015 y 2016. Para la historia quedarán, por ahora, las tasas de crecimiento de 0,4% y 1,5% respectivamente, ya que todavía registrarán ajustes en los próximos años. Sin embargo, si vemos las variaciones del PIB entre los cuartos trimestres ("punta a punta" o "a lo largo de cada año") las cosas lucen diferente: hubo una caída de 1,3% en 2015 y un crecimiento de 3,4% en 2016. Y la situación se vuelve aún más notoria si sacamos al "efecto UTE", es decir al impacto en el PIB de que llueva o no y las represas generen más o menos electricidad: -1,5% y +3,8%, respectivamente. Más aún: "sin UTE", en 2015 hubo, muy claramente, una recesión, dado que el PIB cayó consecutivamente a lo largo de los cuatro trimestres en cifras desestacionalizadas.

¿Qué pasó para que ocurriera semejante cambio en la economía? Como tantas veces sucede en nuestro país, las respuestas hay que buscarlas en el vecindario. Y, como acertadamente señaló Búsqueda en un editorial reciente, lo que ocurrió es que nos "reacoplamos" a nuestros vecinos, contrariamente a la versión más difundida, que habla de desacople.

Vecinos.

Los vecinos nos ayudan más cuando están caros, que cuando crecen. Nos viene mejor que los vecinos estén caros en dólares, aun cuando no crezcan demasiado, a que suceda lo contrario: que crezcan mucho y estén baratos. Y esto es exactamente lo que ha estado pasando: ambos vecinos registraron sendas caídas en el PIB en el año pasado, si bien ellas se fueron atenuando hacia el final del año. Pero ambos se encarecieron muchísimo en términos de dólares y en el caso particular de la relación bilateral con Argentina, el tipo de cambio real está en un nivel históricamente alto.

En los últimos 12 meses a marzo, Argentina se encareció 22% en dólares, Brasil 24% y Uruguay 21%.

La historia es conocida. En un caso ganó Macri y no ajustó (ni fiscalmente ni los precios relativos) y está dándole a Argentina un festival de endeudamiento que fortalece al peso local. Crece menos de lo previsto y la inflación no baja lo esperado y refuerzan la inconsistencia con más política monetaria, más dosis del mismo mal remedio. En el otro caso, cayó Dilma y mejoraron las expectativas, hundiendo un dólar que estaba por las nubes. Hubo ajuste fiscal en la ley pero no se ve aún en los números y está en duda el alcance que tendrá la reforma previsional a estudio del legislativo. Se derrumbó la inflación, comenzó la caída de la tasa de interés y al inicio del año sorprendieron buenos números de actividad, pero el desempleo apunta al 14%.

FUTURO. Si bien ambos vecinos son relevantes para nosotros, Argentina lo es bastante más que Brasil, y esto se puede entender si se tienen en cuenta las exportaciones de bienes y de turismo. A Argentina le exportamos dentro de nuestras fronteras, bienes y servicios intensivos en valor agregado, en salarios y en impuestos. La Argentina muy cara de hoy, aun no creciendo demasiado, resulta clave para nuestro desempeño actual. Y para el futuro, porque la historia muestra que ante situaciones como la actual, siempre nos "casamos" con el o los vecinos caros y diferimos los ajustes que necesitamos.

En ese sentido, es una vez más, clave para nosotros, lo que suceda en Argentina a partir de ahora y en particular, con lo que allí suceda tras cada etapa del calendario electoral venidero. ¿Qué sucederá en octubre? ¿Ganará o perderá peso Macri? ¿Cómo quedará parado hacia octubre de 2019? Si queda golpeado y no se espera su reelección, ¿ajustará o redoblará la apuesta? ¿Cómo le responderán los mercados? ¿Le seguirán dando financiamiento? Si en cambio queda bien parado para 2019, ¿ajustará o seguirá haciendo la plancha con más endeudamiento? En cualquier caso, si decide no ajustar, y en función de lo que pase fuera de Argentina, ¿la realidad no le terminará imponiendo un ajuste no deseado? ¿Y después de 2019, qué pasará, con o sin Macri?

Según cómo se respondan esas preguntas, desde aquí y hasta finales de 2019 (cuando también hay elecciones acá) podremos tener más de lo mismo del último año (dólar barato, recuperación del consumo, crecimiento económico en el eje del 3%) o, en cambio, un ajuste "contagiado" desde Argentina, con cambios fuertes en los precios relativos e impactos en la actividad económica, las finanzas públicas y la inflación, entre otros.

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