JORGE CAUMONT

El camino del ajuste equitativo

El estío es época en que pasan desapercibidas cosas que no son de recibo por la población durante otros momentos del año.

Las vacaciones del verano alejan a muchos uruguayos de las noticias cotidianas. Tal vez sea por eso que pocos han dado importancia a intenciones oficiales, del gobierno central y de algunos municipales, de financiar déficits operativos y financieros resultantes de gestiones fiscales anteriores, elevando la presión tributaria ajustando la aplicación de gravámenes.

Pocas son las intenciones de bajar el verdadero justificativo del déficit del sector público no financiero: el creciente gasto público. El que de manera pro cíclica creció en una década de manera tan firme como injustificable.

Ajustes tributarios. El sistema tributario uruguayo es mezcla de numerosos tributos. Grava al gasto, al ingreso, al patrimonio y a otras actividades y transacciones y concede exoneraciones sobre esos mismos tributos. Pero asimismo se nutre de ingresos por cuasi tributos que se incluyen en las tarifas de las empresas públicas con sobreprecios marcados. Y las tasas para la recaudación requerida son significativamente altas ya que ante el alto gasto público y las numerosas exoneraciones, la base imponible a gravar es relativamente baja. Está bien lejos de un sistema que sea simple, con pocos impuestos, de fácil recaudación y de bajos costos accesorios para los contribuyentes y que diferentes impuestos no tengan igual base imponible.

El déficit del sector público no financiero estimado para este año es alto y su continuidad puede, en cierto lapso, comenzar a demandar financiamiento más costoso. En consecuencia tanto a nivel del gobierno central como de las empresas públicas y de algunas intendencias es que, pese a las promesas hechas durante la campaña electoral de no crear nuevos impuestos, se han dispuesto ya o se manejan con alta probabilidad de ocurrencia, ajustes tributarios y de algunos gravámenes de efectos equivalentes. No se plantean nuevos tributos, pero se ajustan los componentes de los que ya hay intentando una recaudación más alta. El resultado no es diferente: se trata de nuevas cargas con efectos equivalentes.

El mantenimiento del precio de los combustibles pese a la fuerte baja del precio del petróleo, el ajuste de otras tarifas como las de OSE, UTE y Antel por encima de las necesidades financieras de esos dos organismos y la supresión del ajuste por inflación son clara evidencia de un objetivo de mayor recaudación como lo es también levantar hoy extemporáneas exoneraciones de ciertos tributos al agro. Se suma ahora la alta probabilidad de ajustes tributarios a través de revisión de aforos catastrales para el cálculo de la contribución inmobiliaria en Montevideo mientras se elevan los aforos de los automotores pese a su depreciación y al menor valor de mercado que se ha disparado en el último año. La suma de todas estas medidas agrava las distorsiones a la eficiencia de la economía que ya provoca el statu quo tributario.

Egresos públicos. El incremento de los egresos del gobierno central y de algunos de los departamentos, en particular de Montevideo, y los de ciertas empresas públicas, son los verdaderos causantes de los desequilibrios financieros que hoy se viven a nivel del sector público no financiero. Pese a que se ha extendido la creencia que esas erogaciones son inflexibles a la baja, eso no es explicación válida.

El crecimiento de los egresos no se ha correspondido con mejoras comparables en los servicios que se prestan tanto a nivel central como departamental y por empresas del Estado. Contribuyentes que deben contratar privadamente los mismos servicios por los que tributan son evidencia de la insuficiencia en la provisión de esos servicios por el sector público.

Un crecimiento anormalmente alto de la nómina de funcionarios en diez años, lapso durante el que se han introducido significativos avances de tecnologías ahorradoras de mano de obra; gastos innecesarios para el funcionamiento, sobre todo en el caso de las empresas estatales monopólicas e ineficiencias comprobables en muchas de esas erogaciones, son ejemplos de lo que se puede atacar para generar recursos financieros.

El cierre del déficit. Difícilmente los desequilibrios de caja que se desean cubrir se vayan a financiar con bajas significativas, aunque sean justificables, de las erogaciones. Se irá, como por el momento es evidencia, por el lado del aumento de los ingresos tributarios, de la recaudación fiscal, de la recaudación departamental y de los mayores cuasi tributos incorporados en los precios de las empresas públicas. Alertas al problema representantes sindicales han apuntado a que ese aumento en los recursos debe provenir de "los que tienen más" o "de los que ganan más". Como si eso no es ya lo que en exceso ocurre. Baste recordar que solo por impuestos que gravan a los ingresos y a la riqueza se recauda el 41% del total de la recaudación y que el resto es mayoritariamente por el impuesto al valor agregado, proporcionalmente más explicado por los mismos contribuyentes. El camino no es más impuestos sino menos gastos.

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