GUILLERMO DUTRA

Brechas en las metas gub.uy 4.0

Con alto perfil y el apoyo de la Cámara de Comercio e Industria Uruguayo-Alemana, la Ministra Carolina Cosse se propuso nuestra inserción en la "Cuarta Revolución Industrial".

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Foto: Archivo.

Para este ambicioso objetivo, difícil sería elegir un mejor socio y para ello está convocando el protagonismo del sector del software, el que merecidamente ha sabido ganar un reconocido lugar dentro y fuera del país. Coadyuvan dispositivos de formación y asistencia técnica desde la ANII, la UTEC, el LATU y la UdelaR

La industria 4.0 —como también se denomina esta revolución— apunta a generar productos según demande el cliente, en contraposición a la fabricación automatizada hacia la producción uniforme. Desde las inter fases de la cadena productiva se aplican las TIC, a fin de ir coordinando de manera inteligente una fabricación que abre infinitas posibilidades.

Alemania (4ª economía del mundo) asumió este objetivo con miras a promover la innovación continua y mayores niveles de productividad. Lo expuesto es emergente de un ecosistema basado en consensos que involucran al gobierno nacional, estados federados, municipios, empleadores, sindicatos y el mundo de la ciencia.

En Uruguay, la industria del software con fuerte vocación exportadora —a 40 países— alcanza ventas por más de US$ 1.000 millones y comprende 19.716 empleos, según el INE. Éstos se concentran en empresas abiertas al cambio, que exigen altas calificaciones y casi nula conflictividad laboral. Adicionalmente, sus empresarios destacan el buen relacionamiento que mantienen con el gobierno.

Sin embargo, este círculo virtuoso está lejos de ser extensivo a las restantes ramas que conforman la industria nacional y en concreto la agroindustria, responsable casi del 80% de nuestras exportaciones y de poseer casi 250.000 empleos. Este escenario de pequeñas y medianas empresas lidia con una política de inserción internacional poco estratégica, una presión fiscal que poco obedece a criterios de eficiencia productiva, problemas de infraestructura, escaso acceso al crédito y alta conflictividad laboral. Inevitable es que tales dificultades no repercutan en el ánimo y desempeño de estos empresarios. Un estudio de la consultora Sunny Sky Solutions que se difundió días atrás, identificó en este segmento una actitud abierta al cambio tecnológico, pero en razón de los rezagos citados mantiene una visión marcada por un "ambiente de negocios negativo".

Sin perjuicio de ello, escollos no menores pesan sobre las metas 4.0 de la Ministra Cosse, entre otros:

La eficiencia del mercado de trabajo. Uruguay desde hace años ha venido recibiendo de parte del World Economic Formun (WEF) muy malas notas por la rigidez de su sistema laboral para fijar salarios y por la áspera cooperación entre empresarios y trabajadores. Sus diferencias han repercutido desde Nueva Zelanda hasta Finlandia, pasando por la OIT. Asimismo, los empleadores consideran que la regulación vigente en materia de negociación colectiva trata por igual a los desiguales y reclaman que la aprobación de las normas laborales debería previamente analizar las consecuencias económicas, dar prioridad al empleo y a las MyPyMES.

El Capital Humano. La baja calidad del sistema educativo en Uruguay es ya tema de foros internacionales, especialmente en ciencias y matemática (WEF, OCDE, Unesco, BID, CAF). Hace años que los empresarios advierten sobre el retroceso en la acumulación de capital humano (incluso en el sector de las TIC), deterioro en la cultura de trabajo y baja valoración del emprendedurismo. En la búsqueda de resultados afines con el Sistema Dual alemán, se reclama institucionalizar un Sistema Nacional de Formación que vincule los niveles de educación formal e informal, se articule con las empresas y esté orientado a la certificación de competencias laborales.

La innovación. Los análisis realizados dentro y fuera de fronteras señalan nuestra escasa disponibilidad de ingenieros y científicos y la baja inversión en investigación y desarrollo. Una evaluación a 130 economías realizada en forma conjunta por la OMPI y la Universidad de Cornell, nos ubicó por nuestra capacidad de innovación en el lugar 67° y 21 por debajo de Chile, líder en la región. Los empresarios agregan que se deben desarrollar y adaptar instrumentos para las Pymes y facilitarles asistencia técnica para la incorporación de conocimientos nuevos, y optimizar la interacción de las entidades que integran el Sistema Nacional de Innovación.

Los beneficios a obtener mediante esta transición hacia la industria 4.0 no pueden ser otros que crecimiento, empleo y mejores servicios. Pero esto, tal cual remarcó el Banco Mundial, requiere bases analógicas sólidas: i) regulaciones que estimulen un clima dinámico de negocios, motiven la inversión y permitan sacar rédito de las tecnologías; ii) una fuerza de trabajo con las habilidades necesarias para aprovechar las oportunidades que ofrece el mundo digital y iii) que los Gobiernos sean coherentes en sus políticas y rindan cuentas a sus ciudadanos.

Mucho trabajo le espera a la Ministra Cosse, especialmente con sus colegas de gabinete. De lo contrario, será ésta otra dificultad que se agregará a un gobierno que —a junio del presente ciclo— no había logrado asignar un profesor de física al Liceo Rural de San Antonio en Salto.

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