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Los bonos educativos

Un voucher educativo es un bono provisto por el estado que puede usarse para pagar la colegiatura en un instituto de educación privado. En 1962, Milton Friedman presentó su visión de un mercado educativo con vouchers.

Dado que la educación genera beneficios sociales que superan los beneficios privados de quienes asisten (externalidades) es conveniente su promoción. Por otro lado, argumentó que el financiamiento público no necesariamente implica que su provisión deba ser enteramente pública. Concebía un sistema donde el financiamiento público correspondiente a cada estudiante iría a la escuela escogida por sus padres. Según Friedman, la competencia entre instituciones educativas por atraer estudiantes haría que las escuelas públicas y privadas operen en forma más eficiente promoviendo educación de calidad. Los sectores pobres se beneficiarían accediendo a opciones educativas más allá de las impuestas por los sistemas públicos de asignación de estudiantes.

El principal argumento contrario a los vouchers es que generan estratificación. Los mejores estudiantes y los más motivados son los que los obtendrían y sería por ellos que los institutos educativos competirían (cream skimming). La heterogeneidad al interior de las instituciones educativas sería menor y algunas quedarían con peores estudiantes. En ellas habría mayores problemas de rendimiento por falta de influencias positivas sobre los compañeros (efecto de pares) y problemas de estigmatización por haber concurrido a una escuela/liceo determinado.

Los bonos educativos han sido implementados en variedad de condiciones y lugares. Algunos programas son de escala limitada con fuertes restricciones a quienes pueden recibir los vouchers (por ejemplo según nivel de ingreso) y otros son de amplia escala con restricciones mínimas a los potenciales usuarios. Las diferencias en el diseño van desde la forma en que los programas son financiados, al tipo de instituciones educativas que pueden recibirlos, las condiciones a cumplir y la posibilidad de requerir co-pagos adicionales. En Estados Unidos se han implementado más de 60 programas de vouchers de pequeña escala. Programas de larga escala se han implementado en Dinamarca, Holanda, Nueva Zelandia, Suecia y Chile.

En la edición de junio de 2017 del Journal of Economic Literature, Dennis Epple, Richard Romano y Miguel Urquiola presentan una puesta a punto de la amplia investigación económica en los sistemas de bonos educativos con base en cinco preguntas fundamentales.

Primera, ¿qué efectos tienen los vouchers sobre los estudiantes que los usan? Sorprendentemente los resultados son ambiguos. Algunos estudios encuentran efectos positivos en pruebas estandarizadas. Muchos no encuentran diferencias estadísticamente significativas. Incluso, algunos estudios basados en Boston encuentran efectos negativos que ponen en duda la calidad de las instituciones educativas privadas respecto a las públicas. Más alentador es que la probabilidad de graduación de secundaria de quienes reciben vouchers tiende a aumentar.

Segunda, ¿la migración de estudiantes de escuelas públicas a privadas tiene sesgos que pueden afectar a quienes no se transfieran? Si, los tiene. Sin embargo, el diseño del sistema es clave. Sistemas como el sueco son menos proclives que el chileno a producir esta estratificación.

Tercera, ¿la mayor competencia presiona a las escuelas públicas a mejorar? Si, varios estudios encuentran evidencia concluyente de esto.

Cuarta, ¿cuál es el efecto neto de los vouchers en el sistema educativo? No lo sabemos, aún no se ha llegado a un consenso.

Quinta y última, ¿qué factores políticos favorecen su implementación? Las respuestas reportadas refieren a la relación entre el valor de las propiedades y los distritos escolares. Más interesante para Uruguay hubiera sido contar con estudios sobre la interacción entre los distintos agentes del sistema educativo (autoridades, docentes, estudiantes y padres).

El sistema de bonos educativos es una alternativa de financiamiento estatal a la educación. En muchos casos, los proponentes y detractores han hecho argumentos con fuerte carga ideológica. Existe una amplia área de investigación aplicada que ha concluido que los vouchers no son la panacea, sin embargo, tienen el potencial de generar efectos beneficiosos si su diseño es adecuado.

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