ISAAC ALFIE

Los balances de los bancos

Días atrás se divulgaron los resultados de la banca local en 2016. La información, resumida en el resultado global medido en moneda nacional según las normas del BCU, indicaba una ínfima utilidad para la banca privada y una reducción de 2/3 real en la del BROU.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
BROU: negocia con AEBU por nuevo régimen de atención semanal. Foto: M. Bonjour

El resultado me pareció "extraño" por lo que analicé los balances (www.bcu.gub.uy/Servicios-Financieros-SSF/Paginas/Boletin-SSF.aspx). A partir de allí escribí un par de tuits referentes a la banca privada, donde afirmaba que el resultado bien medido, había mejorado y en la explicación básica estaba la consideración de las diferencias de cambio, la ley de "inclusión financiera" y ciertas regulaciones, cada día más restrictivas de la competencia, en dicho mercado.

Aclaración previa.

Todo lo que dije fue lo anterior, no expresé que la banca ganara más de la cuenta. Es más, cuando se mira a medio plazo, su tasa de retorno sobre capital, desde hace no menos de 30 años, es de las menores —si no la mínima— en la región y en general por debajo de su benchmark internacional. También se sabe que sus precios son altos bajo los mismos parámetros, —problema de costos—. Todo conocido, pero que no hace a mis afirmaciones técnicas que pasaré a explicar.

Resultado real.

Todo contador, economista y quien lea el siguiente párrafo, sabe que la utilidad de cualquier empresa se mide por la diferencia de patrimonio (total de activos menos pasivos), entre el final e inicio de ejercicio. A esta diferencia, habrá que restarle los aportes de capital de los dueños y las revaluaciones de bienes de uso (1) de ese año, ya que aumentan el patrimonio pero no responden a utilidades, y sumarle las distribuciones en efectivo, porque estas lo reducen. No hay discusión posible, es una igualdad. Así, convirtiendo a dólares los patrimonios de la banca privada, se concluye que en 2016 habría ganado unos US$ 157 MM (12,4% sobre capital), pero en 2015 habría perdido US$ 50 MM. Los balances dicen que, respectivamente, ganaron US$ 6 y 129 millones. La razón, en 2015, con la suba del dólar, "ganaron" y, en 2016, con la baja, "perdieron". Si el dólar terminaba el 2016 en $ 35 el balance hubiera mostrado una "ganancia" no real. Son los problemas de medición en una economía bi-monetaria, pero la realidad no la altera una norma contable.

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¿Por qué medirlo en dólares? Básicamente porque si el 82,6% de los depósitos y 66,2% de los créditos están en esa moneda, es lo que se llama "moneda funcional" y las variaciones en moneda nacional derivadas de la tenencia de activos y pasivos de intermediación financiera, que no pueden alterar la posición, no hacen al flujo real del negocio. Cosa bien distinta a un comercio común.

A su vez, vista la suba del dólar en 2015 y las opiniones de todos los analistas, nacionales e internacionales, sobre su evolución esperada para el 2016, seguramente las instituciones tomaron una posición comprada en dicha moneda, y al final del año tenían los mismos dólares pero menos pesos. Es su derecho, pero su resultancia no es operativa.

Evolución del negocio.

Más allá de una cifra aislada, interesa el fondo de la cuestión, que es cómo evolucionó la operación en sí de la industria. Para ello se estudia la variación de ingresos y el resultado operativo (2). El cuadro adjunto nos muestra a las claras lo que pasó, desde que se votó la ley de inclusión financiera (3), el negocio creció bastante. Así, entre 2009 y 2013/14, para el conjunto de la banca privada, los indicadores relevantes, aquellos que dicen si la actividad crece, va bien o mal, evolucionaron "alineados" con el PIB, los ingresos operativos totales un poco por debajo y en línea el resultado operativo neto. Ahora, a partir de 2014 y, en especial desde 2015, el aumento de los ingresos operativos totales supera en más de 50% al del PIB, en tanto, los que podemos decir "asociados" a la citada ley de inclusión —derivados de la prestación de servicios y operaciones de cambio—, crecen 90% más que el PIB, en tanto el resultado operativo neto más que duplica su variación frente a la del PIB. Por su parte el BROU, que había mostrado cierto retroceso relativo entre 2009 y 2013, parece aún más beneficiado que la banca privada por la citada ley.

Las cifras las entiendo elocuentes. A mediano plazo, si nada cambia, el negocio mejora sustancialmente, el resultado operativo (núcleo de la actividad), lo muestra. Que ello sea insuficiente para obtener una rentabilidad acorde a los estándares internacionales, que el sector tenga costos altos, que el IRAE puede dar cualquier porcentaje de la renta según normas BCU, que para distribuir utilidades de un año se deben ceñir a las normas del BCU, todo cierto, pero nada controvierte ni tiene relación con la conclusión. Es más, el último argumento —ganancias que no se pueden distribuir—, siendo cierto, se puede decir que en 2015 se pudo distribuir utilidades que no era tales.

Al final es sencillo, el problema del bi monetarismo es que la realidad suele ser diferente a la línea final del Estado de Resultados y, por ende, el análisis no tan simple.

(1) Esta revaluación, sí se considera a la hora de medir la tasa de retorno total.

(2) Su flujo operativo, total de ingresos recurrentes menos la totalidad de erogaciones recurrentes sin diferencia de cambio por posición de activos y pasivos por intermediación financiera e IRAE.

(3) Entra en aplicación en el segundo semestre de 2014.

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