JAVIER DE HAEDO

Argentina y nosotros

Son varios los enfoques que le puedo dar a un título como el planteado para esta nota.

Foto: archivo El País.
Foto: archivo El País.

Uno, conceptual, puede referirse a la estrecha relación entre ambas economías y a la dependencia que tiene la de Uruguay con respecto a la de Argentina, hasta el punto en que bien se puede decir que desde el punto de vista macro económico, somos una provincia de nuestro vecino. Y esto a pesar de desacoples transitorios como el que hemos tenido en años recientes y que ya ha cesado. Lo anterior es también válido en la relación con Brasil, pero Argentina es más decisiva para nosotros pues le exportamos más valor agregado e impuestos y tenemos menos mercados alternativos. Esto es bien claro en el caso del turismo.

Argentina, como Brasil, es habitual generador de shocks externos sobre Uruguay, pero también es amplificador de shocks externos al barrio que nos afectan a todos por igual y que, dada la estrecha relación con nuestros vecinos, nos pegan doblemente, por el impacto directo sobre nosotros y por el impacto a través de ellos.

Por otro lado, a esta altura parece claro que nos resulta más relevante la relación bilateral de precios con Argentina, que si esta crece o no. Sin dudas, nos conviene más una Argentina muy cara y que no crezca (o que su PIB caiga, como en 2016, cuando tuvimos una temporada turística excepcional) a que suceda lo opuesto (Argentina barata, crezca o no, nos "llama" a cruzar el charco para comprar allá y ellos no vienen). Otro enfoque más coyuntural y específico puede apuntar a la temporada turística venidera, de indudable interés general más allá del específico de los sectores involucrados directamente. Cuando nos aproximamos a la llamada fecha clave de la temporada, el 12 de octubre, estamos en igual situación que hace un año en la relación bilateral de precios. Pero, en beneficio de la actual respecto a la pasada, ahora ha crecido el optimismo sobre el futuro tras el resultado electoral de agosto y la comprobación de que la economía finalmente ha empezado a levantar vuelo. En este contexto, no tengo dudas acerca de que la temporada que se viene será la mejor de cuantas se tenga memoria y datos.

Pero el enfoque en el que me quería concentrar es otro, también macro, pero bastante más amplio que el sectorial referido. Se trata de la enorme similitud entre las políticas económicas que se están llevando adelante en ambos países.

Uno, en ambos casos hay altos déficit fiscales: casi 7% del PIB en Argentina y 4% en Uruguay.

Dos, más allá de que en Argentina la inflación todavía está por encima del 20%, en los dos casos déficit financiados principalmente con deuda pública.

Tres, si bien Argentina parte desde más abajo (tras el default de una parte importante de la deuda a comienzos de siglo y al uso abusivo de la inflación en los últimos años) en ambos casos los déficit actuales hacen insostenible las trayectorias de las respectivas relaciones deuda-producto.

Cuatro, esa entrada de capitales forzada para financiar gasto público corriente, tiende a apreciar a las monedas locales.

Quinto, ese efecto es reforzado por el incentivo que políticas monetarias contractivas dan al fenómeno del "carry trade", el nuevo nombre de los viejos y conocidos "capitales golondrina". En el caso de nuestro país, más que ver el crecimiento de los medios de pago, que poco informan, es preferible comparar las tasas de las LRM con la inflación.

Sexto, de este modo, llevan adelante políticas fiscales expansivas junto con políticas monetarias contractivas. O sea, prenden al mismo tiempo el aire acondicionado y la calefacción.

Séptimo, en ambos países la política fiscal es rehén de rigideces y endogeneidades inducidas por gobiernos anteriores y que los actuales no se animan a revertir.

Octavo, la referida combinación de políticas económicas da lugar a una apreciación de las monedas nacionales, derivando en sendos encarecimientos en términos de dólares y a deterioros en los indicadores de tipo de cambio real, los que se encuentran alejados de los promedios históricos, inducidos por fundamentos de corto plazo que no son los de equilibrio ni son sostenibles a mediano plazo. En ambos casos, el precio del dólar está varios pesos por debajo de los niveles correspondientes a aquellos promedios históricos.

Noveno, de este modo, en Argentina y en Uruguay siguen (y seguirán) pendientes los ajustes fiscales y de precios relativos que son necesarios, "aprovechándose" para no ajustar, del contexto global benigno, con tasas de interés bajas que demorarán en subir y que mantendrán el apetito de los inversores por riesgo de países emergentes.

Décimo, el ajuste en los precios relativos va más allá del atraso cambiario, especialmente en Argentina, donde hay numerosos precios que son objeto de subsidios a los consumidores con cargo al Tesoro. En menor medida, algo parecido sucede aquí (cuota mutual y precios del transporte).

El parecido entre los dos países excede la macro economía y también alcanza a las reformas estructurales pendientes, así como a atrasos en materia de infraestructura pública, pero esto es harina de otro costal.

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